Archivo de la categoría: Viajes

La vuelta a los Hielos

Como comentaba el otro día al escribir sobre El Chaltén, cuando visité ese pueblo alrededor del año 2000 escuché hablar sobre la vuelta a los Hielos Continentales. Y a partir de ahí, quedó guardado en mi cabeza el tema como una de esas cosas onda “uh… algún día me gustaría hacer eso…”

Algún día.

El día llegó medio de repente, en gran parte gracias a Pau y Charly, que por diversos motivos se pusieron las pilas para concretarlo este año, y me terminaron subiendo al barco. Mucha resistencia la verdad no ofrecí ;-)

De paso, Pau y Charly me demostraron (sin querer), como varias otras personas en diferentes contextos/oportunidades, que para concretar algunos sueños o proyectos solo hay que… bueno, concretarlos. Esperarlos no suele ser un buen plan (¡ey! ¿hay algún psicólogo en la sala, por favor?). Creo que va siendo hora de que tome nota de esto. Posta.

Decía, el día llegó medio de repente. Un día estaba discutiendo y analizando propuestas, otro día estaba charlando sobre el equipo necesario, otro día estaba comprando pasaje de avión, otro estaba tomando una cerveza en Antares para conocer a Osvaldo y a José (dos integrantes más del grupo), una mañana estaba caminando con la mochi cargada en la Reserva de Costanera Sur para entrenar y charlar un rato con Pau, Charly y José… y un día estaba subiéndome a un vuelo de Aerolíneas Argentinas con destino a El Calafate.

Y una mañana nublada de enero, después de pasar un par de días hermosos en El Chaltén, arrancó la travesía.

Etapa I: El Chaltén – Piedra del Fraile – La Playita

Primer día, muchas expectativas, algo de nervios, y más que nada, la incertidumbre del clima. El tiempo se venía pudriendo, y el pronóstico no era muy alentador. En El Chaltén estaba haciendo un calor atípico desde hacía muchos días, y los ríos estaban con mucha agua. Y la pregunta del millón era… ¿vamos a poder vadear el río Pollone?

Piedra del Fraile

Piedra del Fraile

Fuimos en vehículo hasta el puente sobre el río Eléctrico, y de ahí arrancamos un trekking tranquilo por un lindo bosquesito, bajo un cielo nublado, sin viento, y con llovizna de a ratos. Almorzamos en Piedra del Fraile, que nos regaló un poco de sol, y continuamos nuestra marcha para encarar al bendito río Pollone.

Y sí, el río tenía mucha agua. Diego y el Boti (nuestros guías) tardaron un buen rato en encontrar un paso más o menos potable, y de todas maneras hubo que poner una cuerda para cruzar un poco más seguros. Este vadeo fue el hito del día, y me quedará grabado para siempre lo fría, lo terriblemente fría que estaba el agua, al punto de que dolían los pies a los pocos segundos de tenerlos sumergidos.

Arroyo Pollone

Arroyo Pollone

Etapa II: La Playita – Paso Marconi – Refugio Gorra Blanca

¡Poné una soga!

¡Poné una soga!

Día D. El Paso Marconi era nuestra puerta de entrada al Campo de Hielo. El clima seguía bastante dudoso. Fue un trekking más o menos tranquilo hasta que entramos a caminar por entre las piedras en la morrena del Glaciar Marconi. El glaciar ha retrocedido mucho en los últimos años, y hay que entrar a trepar por entre las rocas. Una vez más hubo que recurrir a las cuerdas, la cosa estaba resbaladiza (¡como pule la piedra el hielo!), pero seguimos adelante.

Seracs

Seracs

El tiempo empezó a pudrirse un poco más arriba, bajaron las nubes, refrescó, apareció el viento, se largo una nevizca, y después el viento empezó a soplar más fuerte. A esta altura ya estábamos caminando por el hielo, encordados y con raquetas. Y cuando estábamos en el tramo más complicado, una zona en la que hay que ir sorteando grietas continuamente, el tiempo se pudrió del todo. Sinceramente no se cuanto tiempo caminamos en esas condiciones, pero a mi se me hizo mucho. El viento soplaba con todo, había muy poca visibilidad, fue un rato de bastante estrés y bastante tensión. Pero poco a poco el terreno fue mejorando, el viento fue calmando, y de pronto…

Nubes en la nieve

Nubes en la nieve

… la nada. De pronto caí en la cuenta que estaba pisando un manto de nieve, que el viento había calmado, que en el horizonte el sol se filtraba por entre las nubes, que se mezclaba la nieve con la cordillera y con el cielo, que estaba en una inmensidad blanca y silenciosa. Estaba caminando en el campo de hielo. Estaba fascinado. Emocionado.

De aquí en más el camino hasta el refugio, que se veía lejos en el horizonte, era bastante simple. Pero ya estábamos cansados, y parecía que el refugio se burlaba de nosotros y se alejaba un poco más a cada paso que dábamos. Posta. No llegábamos nunca.

Hasta que llegamos.

Etapa III: Refugio Gorra Blanca – Circo de los Altares

Refugio Gorra Blanca

Refugio Gorra Blanca

El refu nos albergó en total dos noches. El día siguiente a nuestra llegada fue de descanso, mateada, charlas y partidas de truco, salpicadas por algunos mínimos paseitos por los alrededores para sacar fotos y contemplar el maravilloso paisaje. Uno de los planes originales para ese día era intentar el ascenso al cerro Gorra Blanca, pero quedó descartado porque el tiempo no estaba bueno, y Diego consideró además que no nos habíamos desenvuelto suficientemente bien caminando con grampones en el Marconi… la verdad, creo que nadie lo lamentó demasiado. El descanso era necesario, y si bien la vista del campo de hielo desde la cumbre del Gorra Blanca debe ser alucinante, lo cierto es que ese día el cerro estaba completamente tapado de nubes.

Hacia el Circo de los Altares

Hacia el Circo de los Altares

Al otro día, arrancamos hacia nuestro próximo destino, el Circo de los Altares. El tiempo estaba mejorando, y según el pronóstico actualizado que nos habían pasado (¡qué buen invento el teléfono satelital!), sería el mejor día de la semana. Que fuera el mejor no significaba que fuera bueno, pero… era lo que había.

Fue otro día de marcha tranquila por el campo de hielo, esquivando alguna que otra grieta. De a poco fue despejando, aunque no del todo, y el viento no apareció.

Y llegamos al Circo de los Altares, algo que para mi era el hito de la travesía. Y sin embargo… de entrada no me enamoró. No se si fue por la cantidad de fotos que ya había visto, si fue porque lo encontré parcialmente tapado, si fue el cansancio o la suma de todo, pero de alguna manera, el impacto no fue el que yo esperaba. No me malinterpreten: es impresionante, es imponente, es hermoso… pero yo esperaba más. Expectativas, supongo.

Armando las carpas

Armando las carpas

El armado del campamento fue muy divertido, y llevó dos horas. Dos largas horas, para construir el muro de hielo, y armar las carpas.

El atardecer tuvo más magia, estaba un poquito más despejado, había arco iris por todos lados, me deleité con nubes locas, loquísimas, y raros reflejos del sol. De a poquito el Circo de los Altares me iba diciendo “¿ves pedazo de pelotudo que este lugar que decís que no cumplió tus expectativas es maravilloso?”

Nubes mágicas

Nubes mágicas

Etapa IV: Circo de los Altares – Laguna Ferrari – Refugio Paso del Viento

El tiempo empezaba a portarse bien del todo. Se fue despejando. Y ver aparecer el sol por atrás del Torre fue muy especial. Finalmente estaba conectándome con el lugar, justo cuando teníamos que dejarlo. Ufa. Hubiera estado genial pasar un día más en el Circo de los Altares, pero había un programa a seguir. No se puede todo en la vida…

Circo de los Altares

Circo de los Altares

La jornada hasta el refugio Paso del Viento fue muy larga. Arrancó tranqui, muy similar al día anterior, caminando por el campo de hielo, hasta que nos “bajamos” al costadito del glaciar Viedma.

La cosa se fue poniendo más áspera caminando por la morrena del glaciar, porque el terreno está muy erosionado. Típico pasaje con mucha piedra grande en la que no hay un camino marcado, sino que hay que buscar por donde pasar a cada paso. Y el viento de a ratos demostró que no por nada estábamos en las cercanías de Paso del Viento.

Refugio Paso del Viento

Refugio Paso del Viento

Poco a poco fuimos saliendo del terreno complicado, el viento se fue a dormir, pasamos por la laguna Ferrari, y finalmente, después de un total de diez horas de larga, larguísima marcha, llegamos al refugio Paso del Viento.

Etapa V: Refugio Paso del Viento – Paso del Viento – Laguna Toro

Mate

Mate

Llegar al refu fue una bendición. Muchos aprovechamos los últimos rayitos de sol para un baño polaco en la laguna y todo. Fue reparador. El día siguiente era libre, y nos quedamos en el refu, tomando sol, secando algunas cosas, mateando, jugando al truco, disfrutando.

Hasta que volvió a aparecer la preocupación por el vadeo de un río, esta vez, el río Toro (o Túnel, como más te guste). Nos enteramos que la gente que venía desde Laguna Toro para hacer el circuito del Huemul, por ejemplo, o se volvía, o terminaba cruzando muy de madrugada, cuando la temperatura es más baja y el río viene con menor caudal.

La gente que nos iba a traer el morfi para los días siguientes no pudo cruzar el día de nuestra llegada al refu, y se volvió para hacer un nuevo intento a la madrugada. Finalmente pudieron cruzar, con el agua a la cintura y mucha dificultad, y llegar hasta el refugio (¡genia Marreika!).

Al día siguiente nos tocaría a nosotros…

Paso del Viento

Paso del Viento

Salimos temprano para Paso del Viento, donde almorzamos. El día estaba espectacular, el viento… bien gracias (¿dónde estaba el viento de Paso del Viento?). Estuvimos un buen rato disfrutando del panorama, y luego partimos hacia el río, a ver que nos deparaba el destino.

Era más de mediodía, y el sol estaba fuertísimo, y había estado igual el dia anterior, así que el río venía con todo. Después de sopesar un poco las alternativas, los guías decidieron cruzar por la tirolesa. Vos dirás, “¡avisá! ¿había una tirolesa? ¿por qué tanto lío entonces?”. Bueno, uno de los cables de la tirolesa tiene un anclaje salido. Y varios hilos de acero cortados. No es la tirolesa más confiable, digamos. Y está en un cañadón bastante profundo y caudaloso. No sería divertido caerse justo ahí…

Tirolesa sobre el río Túnel

Tirolesa sobre el río Túnel

Sin embargo, y a pesar de todas las advertencias, había mucha gente cruzando. De todas maneras, Diego, el Boti y Cristian se ocuparon de reforzar con cuerdas el asunto, y de hacernos cruzar asegurados, para minimizar las probabilidades de que ocurriera algo feo. Desde afuera, tal vez por la inexperiencia en tirolesas y la incapacidad de evaluar correctamente el riesgo, debo decir que a mi me resultó más divertido cruzar haciendo tirolesa que intentar un vadeo metiendo las patas en el agua helada y correntosa…

Superado el cruce del río Toro, después de un rato más de trekking sin novedades llegamos a nuestro último campamento.

Etapa VI: Laguna Toro – El Chaltén

Último día. Sería una jornada tranquila, aunque relativamente larga. Y el hito del día, por así decirlo, era la subidita que arrancaba al ratito nomás de salir de Laguna Toro. Tranquila, pero constante.

Lago Viedma

Lago Viedma

El premio fue llegar a un hermoso prado en donde almorzamos, otra vez bajo un sol espectacular, con vista por un lado hacia el lago Viedma, por otro hacia el Fitz Roy y el Torre, y por otro hacia el cordón Moreno. Sobraban los tábanos, eso sí.

De ahí empalmamos con el camino de trekking que va a la Loma del Pliegue Tumbado, directo hacia El Chaltén, sin paradas intermedias, siempre con espectaculares vistas del Fitz a nuestras espaldas.

Y fin

Fue una travesía muy especial, en muchos sentidos. Primero, porque fue un sueño concretado, y porque es impresionante. El campo de hielo es impresionante, el Circo de los Altares es impresionante (sí sí, tuvimos nuestros problemitas en un primer momento, pero los superamos).

Pero también porque tiene muchos condimentos: bosque, pradera, hielo, nieve, grietas, morrenas, lagunas, arroyos, ríos, piedra, acarreo, refugios, campamento, campamento en hielo, pasos de altura, glaciares, caminatas con grampones, con raquetas, encordadas, sol, viento, frío, calor, nubes, ¿qué más querés? Ah, sí, ¡tirolesa!

Desde lo técnico sentí que fue un desafío, y estuvo en dificultad un escaloncito más arriba de las cosas que había hecho hasta ahora. Las jornadas de marcha eran largas, y a muy buen ritmo. La mochi fue siempre pesada, especialmente los primeros días. Los grampones son un dolor de huevos, ahí me falta experiencia. Fue mi primera vez caminando con raquetas, pero encontré que caminar con raquetas es casi natural (hasta que intentás ir para atrás y terminás de culo en el piso). Fue mi primera vez caminando encordado, y eso resultó toda una experiencia, porque te impone sí o sí un ritmo, hay que ir todo el tiempo prestando atención para no pisar las cuerdas, porque en cierta manera es más “solitario” (que paradoja que caminar atado a otros sea más solitario, ¿no?), y me encontré bastante más conectado con el entorno que si uno va suelto, charlando, moviéndose de acá para allá, haciendo la suya. Nunca había armado una carpa directamente en el hielo, ni construído un muro de hielo. Nunca les había sacado tanto el jugo a los bastones de trekking.

También fue una oportunidad para poner en práctica toda la experiencia acumulada, y cada travesía previa, cada campamento, cada ascenso, cada subida, cada bajada, cada vadeo, cada salida a correr, cada sábado a la mañana entrenando en Palermo, cada paso que fui dando todos estos años de trekking y montaña, sumó.

Y pensé mucho en mucha gente con la que caminé y me enseñó a caminar. No se muy bien por qué, fue un viaje bastante introspectivo también. Tuvo su faceta de “círculo que se cierra”, de haberle encontrado un propósito o un destino a vivencias previas.

Fue una experiencia impactante, emocionante, inolvidable.

Todas las fotos, acá: Hielos Continentales 2012

El Chaltén

El Chaltén fue uno de los destinos de un viaje por la Patagonia hace más de 10 años. Un viaje que se caracterizó por conocer mucho y poco a la vez, porque fueron demasiadas impresiones y lugares para solamente 15 días. Pero El Chaltén, junto con Ushuaia, dejaron su marca. Tal vez porque fueron los lugares en los que estuve más tiempo, tal vez porque son mágicos. O ambas cosas.

Mi memoria es bastante mala, así que tampoco tengo un recuerdo preciso de aquella vez, pero atesoro algunos momentos muy especiales, como por ejemplo contemplar la Laguna de los Tres. El Fitz Roy. El Cerro Torre.

También fue en aquel viaje, y en ese lugar, cuando escuché hablar por primera vez de la mística vuelta a los Hielos Continentales. Algo que en aquel momento me resultó loquísimo, inalcanzable. Pero el tiempo tiene sus mañas, la vida te aporta experiencias y vivencias. Y acá estaba hace menos de 20 días, volviendo a El Chaltén, y para dar la vuelta a los Hielos.

El Chaltén

El Chaltén por cHagHi | CC by-nc-nd

El Chaltén creció mucho, muchísimo. De entrada nomás el camino desde El Calafate está completamente asfaltado. Las calles del pueblo también (la mayoría). Hay internet, aunque suckea. No hay cobertura de telefonía móvil.

Hay cosas que se mantuvieron: está lleno de extranjeros, mochileros y escaladores. Mucha juventud. Poca población estable, la mayoría se muda al pueblo para la temporada (noviembre a marzo), y luego se va a otro lado (muchas veces San Martín de los Andes, o Bariloche, o Río Gallegos, o alguna otra ciudad patagónica). Poca población autóctona. Unos cuantos porteños que se bajaron del mundo y quedaron allí.

Y hay cosas que descubrí en este viaje durante los días que estuve en el pueblo. Todo es colorido. Llama la atención el uso de los colores en los interiores de los comercios y locales. Mucho estilo. Se come muy bien, y en general, no puede decirse que sea caro, considerando la calidad de los platos y los lugares, y teniendo en cuenta que hay mucho extranjero con dólares y euros. Se escucha buena música, no un estilo particular, no se bien como describirlo (la música es una experiencia subjetiva), pero es una constante.

Hay cosas que no están tan bien, o están mal del todo, y es una pena que un pueblo tan jóven no pueda superarlas: no hay planificación urbana, no hay control sobre el tipo de edificaciones, no hay tratamiento de residuos. Hay una invasión de moscas, pero mal. Hay algunas iniciativas particulares o vecinales para encarar algunas de estas problemáticas, pero aparentemente la máquina burocrática estatal es más fuerte. Incluso en un lugar tan chico. Una pena.

Hostel Pioneros del Valle

Hostel Pioneros del Valle

Yo pasé unos días espectaculares. Nos hospedamos en el hostel Pioneros del Valle, que resultó muy bueno. Lo único criticable es que no ofrezca desayuno. Llegamos un viernes por la tarde con Charly, y luego de instalarnos, nos fuimos a comer algo a La Vinería. Altas picadas. Y una excelente selección de vinos.

Por la noche nos reunimos con Pau. Estela, Osvaldo y José, que habían llegado el día anterior, y ya descansados, habían aprovechado el día para hacer el trekking hasta Laguna de los Tres y Laguna Sucia. Cenamos en El Muro, y nos fuimos a descansar (bueno, no todos…)

Laguna y Cerro Torre

Laguna y Cerro Torre

El sábado aprovechamos el excelente día para ir todos juntos hasta la Laguna Torre, un trekking que no había hecho en aquella primera visita de hace años atrás. El día realmente estuvo espléndido. Por la noche, cenamos en Ritual del Fuego, otro lugar recomendable (como todos, absolutamente todos los lugares a los que fuimos a comer o tomar algo).

El domingo era el día de preparativos. Mientras José preparaba un excelente asadazo asistido por Charly, fuimos revisando equipo y preparativos para el arranque de la travesía con Diego, nuestro guía. Habíamos pasado por la mañana temprano a buscar parte del equipo (carpas, arneses, grampones, raquetas, raciones de marcha, desayunos y viandas de almuerzo fueron desde el inicio con nosotros). Diego nos asesoró sobre que llevar, que dejar, armado de mochis, el armado de las carpas con recomendaciones para la (muy probable) situación de tener que armarlas con viento, ajuste de grampones y raquetas. Y en el medio compartimos un excelente asado. También conocimos a Alex, un madrileño que también sería parte de la partida, y venía a pseudo-reintentar lo de los Hielos. Pseudo porque el año pasado había venido no para hacer la vuelta completa, sino para subir el Gorra Blanca, al que se se accede vía Paso Marconi, y está dentro del Campo de Hielo.

Ritual del Fuego

Ritual del Fuego

Fuera de eso, fue un día de descanso, relax, nervios. Hicimos el trámite de migraciones en Gendarmería (durante la travesía se pasa a Chile, y aunque no hay controles migratorios, nunca se sabe, y además, es lo que corresponde). Aprovechamos con Charly para compartir una cerveza con el Aleui, que justo estaba en el pueblo.

Por la noche, tuvimos la cena de bienvenida de Serac Expediciones, y terminamos nuevamente en La Vinería, que resultó ser del hermano de Diego. Y conocimos al Boti, el segundo guía.

El pronóstico del tiempo no era muy alentador, y de hecho el lunes por la madrugada al salir de La Vinería nos agarró la lluvia. Pero eso serían preocupaciones para el arranque de la travesía, unas horas después. Y esa… esa es otra historia.

Todas las fotos de los días previos a la travesía, acá: El Chaltén 2012

Repasando estas fotos, me encontré que hay muchas cosas que debería haber fotografiado, y no se por qué, no lo hice: el interior del hostel, La Vinería, El Muro, El Ritual del Fuego, el asado, los preparativos. Confío en que Pau, Charly, Osvaldo y/o José hayan capturado esos instantes por mi…

Andiperla

Andiperla willinki

Andiperla willinki | Fuente: Khoshima Laboratory

Durante el día de la travesía desde el Gorra Blanca al Circo de los Altares, caminando por el Campo de Hielo, nos topamos con un ejemplar de andiperla willinki, el único insecto que tiene todo su ciclo de vida adaptado a vivir en los hielos patagónicos. Se alimenta de líquenes y algas, y el muy guacho sobrevive las temperaturas bajo cero gracias a que en su cuerpo tiene un anticongelante basado en glycerol (sí sí, algo muy parecido al anticongelante de los autos). Muy loco. La naturaleza es lo más.

Acá hay un poquito más de info, en inglés: “Patagonian Dragon” the Andiperla willinki

Volviendo a las sierras de Córdoba

El último finde largo estuve despuntando el vicio del trekking en las sierras de Córdoba. La última vez que había estado haciendo trekking por ahí fue en octubre de 2005… hace 6 años. Mucho tiempo.

¿Y antes de eso? Antes de eso ni quiero sacar la cuenta. Volver a caminar por las sierras de Córdoba siempre es especial, porque ahí empecé a hacer trekking, porque ahí fueron mis primeras vacaciones sin mis viejos, porque también fue una provincia en la que veraneamos varios años durante mi infancia. Córdoba es especial.

Y en particular la Quebrada del Condorito debe haber sido el segundo o tercer lugar que pisé haciendo trekking. El primero fue seguro Los Gigantes. Y después, estoy en duda cual fue el segundo, si la Quebrada o alguna otra excursión, tipo Cascada de los Chorrillos. Tendría que buscar las fotos (en papel, obvio). Eso fue en el año ’96, si la memoria no me falla, con JEG, mientras veraneábamos en Carlos Paz.

No puedo decir que reconocí el paisaje, porque mi memoria es pésima, porque aquel primer viaje fue en otro contexto, cuando la Quebrada aún no era Parque Nacional, y porque fue un trekking corto de ir y volver en el día. Pero sí puedo decir que me acordé mucho de Sergio, y de Marito, y de Edith, y de Gabriela, y de muchos de mis primeros “amigos de la montaña” que por esas cosas de la vida, ya no veo.

Pampa del HospitalEl plan original era acampar cerca del balcón norte de la quebrada, y hacer una travesía hasta San Clemente. Pero hubo un ligero cambio de planes, por un lado porque el parque está haciendo los preparativos para los festejos de sus 15 años, y como tiene (supuestamente) todo el personal dedicado a eso, decidió deshabilitar temporalmente varias de las áreas autorizadas de acampe. Podría escribir un rato sobre lo que opino de como Parques Nacionales maneja algunas cosas… pero dejémoslo para otro post. Así que acampamos en la Pampa del Hospital, que está un poco más alejada de los balcones, más cerca del Centro de Visitantes del Parque.

Por otro lado, el pronóstico del tiempo no era muy alentador para el fin de semana, así que también acortamos un poco la travesía (en caminata, no en tiempo), y terminamos saliendo por otro lado.

Balcón SurEl primer día nos instalamos en el campamento, agarramos provisiones para la tarde, y nos fuimos hasta el Balcón Sur, luego de almorzar en el río. La vista es espectacular, el día se había puesto hermoso, vimos varios cóndores (aunque no muy de cerca), y con la ayuda de los binoculares de Rolo pudimos ver también “el baño de los cóndores”, al fondo de la quebrada, cerca del río: un lugar donde estas aves se reúnen para acicalarse y limpiarse. Después de disfrutar un buen rato de esto, volvimos al campamento, cenamos, y al sobre. El día había sido muy largo, arrancando alrededor de las 6am con el desayuno en el bondi.

Balcón SurRío Condorito

El segundo día levantamos campamento y nos fuimos al Balcón Norte. El sol estaba fuertísimo, así que la caminata fue un poco más pesada. Además, esta vez cargábamos con todo. Almorzamos al costado de un arroyito, y nos fuimos para el balcón. No tuvimos suerte esta vez con los cóndores: apenas se veían un par, muy muy a lo lejos. Por clamor popular decidimos emprender la marcha para llegar lo más rápido posible al puesto serrano en el que íbamos a campar, y aprovechar la tarde, y sobre todo, el río.

Esto es vida...La magia de las sierras

Partimos por un sendero ya no tan tradicional, fuera de los senderos auto-guiados del Parque, y fuimos descendiendo hasta cruzar el límite que separa el área intengible, protegida, pasando ya a caminar por terrenos privados. A media tarde llegamos a un puesto serrano (¿Puesto de Mimbre? No me acuerdo el nombre… ¿alguien me ayuda?), donde merendamos, aprovechamos el río, y descansamos. Fue una tarde de relax, desenchufe, de recordar anécdotas de otros viajes, y de disfrute.

En el ríoEn el río

Finalmente la tormenta anunciada llegó esa noche, aunque pasó bastante rápido, y no fue tan grande tampoco. Después de desayunar levantamos campamento, y emprendimos la marcha hacia el cruce con la ruta, por donde iban a pasar a buscarnos. La mañana estaba brumosa y húmeda, y de a ratos lloviznaba. Después de un par de horas de marcha, terminamos bastante mojados. Una vez que llegamos a la ruta, nos pasó a buscar Quique, y nos fuimos a almorzar. De allí, a Carlos Paz, al hotel (¡hotelazo!) de Quique, a ducharnos y aprovechar las instalaciones del hotel para pasar la tarde mateando y charlando (¡Quique es un libro abierto!), hasta la hora de tomar el bondi de regreso.

Hermoso fin de semana, en resumen.

Todas las fotos, acá: Quebrada del Condorito 2011