De Colonia Suiza… a Mascardi

Segunda (y última!) parte de mis vacaciones, para variar, con Hielo Azul Aventura :P La primera parte te la conté acá.

A lo mejor leíste “De Colonia Suiza…” y tu cerebro autocompletó “… a Pampa Linda”. Y sí, está muy bien que tu cerebro haya hecho eso: ese era el plan original, esa es la travesía “típica”, aunque también en nuestro plan original la íbamos a des-tipificar un toque con algunas variantes.

Pero resulta que llovió, lloviznó, lluv-algo toda la semana, y finalmente des-tipificamos la travesía por la lluvia. Primera vez que me pasa en verano que el tiempo esté entre horrible y mas-o-menos-feo una semana completa, sin dar tregua. Y acá es cuando agradecés dos cosas:

  • Estar entre buenos amigos. A mi el mal tiempo me pone un poco “down”, así que es buenísimo estar entre amigos, y hacerle frente al mal tiempo entre todos
  • Que te guste la montaña y no la playa. Si vas a la playa y llueve… alpiste. Si estás en la montaña, se puede disfrutar igual

Así que a pesar de la lluvia y las nubes y los cambios de planes, la pasamos igual o mejor que cualquier otra oportunidad. Solo que alguna vez habrá que volver, para ver algunos paisajes de altura que se perdieron, y para conocer la laguna Ilón y Pampa Linda, que quedaron en el tintero.

¿Qué hicimos? Arrancamos en Colonia Suiza, en un hostel/complejo de cabañas del que no recuerdo el nombre (a ver si algún compañero de aventura ayuda acá) el Camping Ser donde nos organizamos y pasamos la primer noche. Al otro día luego de acomodar equipo, partimos hacia el primer destino: Laguna Negra. El tiempo nos acompaño dentro de todo bastante bien (el día anterior había llovido a cántaros), hasta la hora del almuerzo. Ahí se largó a llover… casi para siempre :P

ArroyitoTodavía había sol!

Caracol hacia Laguna NegraTodos esperábamos con intriga y cierto… mh… ¿temor? al famoso “caracol” de la última parte de la subida antes de llegar a Laguna Negra y al refugio Italia, pero la verdad, no fue para taaaaaanto. Ayudó que esté fresquito, nublado y lloviznoso. Calculo que con un sol que te parte la crisma se debe hacer más cuesta arriba de lo que en realidad es.

El primer cambio de planes fue parar en el refu Italia. La idea era pasar de largo Laguna Negra, y acampar más adelante, en un punto intermedio entre la Negra y la CAB, pero nos quedamos en el refu. Estaba muy ventoso, bastante frío, y lluvioso. El entorno del refu Italia es bellísimo. Me encantó el lugar y el refu en sí. Ese día hicimos vida de refu: mateamos, comimos, charlamos, jugamos al truco, a los dardos, seguimos comiendo, etc.

DardosAtrapasueñosRefugio Italia

A la mañana siguiente partimos hacia la CAB, el camino es muy lindo, tuvo un condimento extra de “aventura” haciendo un pseudo-rapel en una pasada que es complicada de hacer sin una soga. Subimos, bajamos, subimos, bajamos… y llegamos a la CAB. Accedimos a la laguna por una punta, y el campamento estaba en la otra. La verdad estábamos medio retrasados, queríamos llegar, así que en lugar de bordear la laguna por tierra, entre las lengas, la rodeamos por el agua. Estuvo bueno. Impresionante como bajaba la temperatura del agua cuando pasabas por el desagüe de algún arroyito.

Laguna NegraLaguna CAB

En la CAB nos quedamos a esperar al mal tiempo… y hubo que esperarlo 2 días y medio. La idea original era quedarse una sola noche allí, pero de la CAB había que subir hasta el Filo de los Cristales, y era complicado hacer eso bajo el agua. Así que movimos el “día libre” planeado para unos días después, y nos quedamos. Este fue el único momento en que el mal tiempo molestó. Primero porque estábamos con la incógnita de si íbamos a poder seguir o no. Si el clima no mejoraba, íbamos a tener que pegarnos la vuelta, porque ya no iban a dar los tiempos. Y por otro porque tuvimos que todo el tiempo hacer turnos en la carpa cocina para desayunar, almorzar, merendar y cenar, tuvimos que estar buena parte del tiempo en las carpas, nos mojamos, se nos mojaron las cosas, y al menos a mi me empezó a cambiar el humor.

Laguna CABFogónOllas

Pero aguantamos. Y nos cagamos de risa. Y disfrutamos de lindos fogones. E hicimos obras hidráulicas alrededor de las carpas.

Después de dos días, y del Concilio de los Guías (casi casi a la altura del Concilio de Elrond eh!), se conoció la decisión inapelable: seguir adelante. Uhu! Urra! Iupi! Y en ese momento quedó tomada la decisión de llegar hasta la Laguna Azul, y bajar hasta Mascardi, sin llegar a la Ilón y a Pampa Linda, porque ya no daban los tiempos.

Y partimos hacia el Mallín de las Vueltas, en donde acampamos y pasamos una noche. Muy lindo mallín. Y este campamento fue el lugar del primer mega-recital, con Ale y Luis a la cabeza, conociéndose todas, pero TODAS las letras de TODO, cosa que a esta altura me sigue sorprendiendo.

Laguna CABcHagHiRecital

De allí seguimos camino hacia el Filo de los Cristales, que divide el cerro Bonete del cerro Cristal. Impresionantes lajas. Y bocha de cristales de cuarzo. Destino final de ese día: la laguna Cretón. Objetivo: meterse a la laguna, a como de lugar. Y por suerte lo cumplimos. No es que cuando llegamos (por la tarde) el día estaba brutal, pero estaba mucho mejor. El sol se animaba a despuntar de a ratitos y todo. Así que nos dimos un chapuzón en la Cretón (no daba para mucho más, estaba helada!), disfrutamos de las cascadas, fuimos hasta la laguna, y…

Filo de los CristalesCascadaLaguna Creton

Fogón… comimos. Mucho. La Cretón era el punto de reabastecimiento de comida, y había comida pensada para el plan original de la travesía, más el día libre (que ya nos lo habíamos fumado en la CAB), así que había mucha comida. Pero mucha. ¿y qué mejor entonces que dedicarse a comer, eh? Hasta ensalada de fruta con crema hubo, fijate.

Y llegó el último día de travesía, que iba a ser largo. Había que subir hasta el col que separa los cerros Punta Negra y Capitán, bajar a la Laguna Azul, y luego seguir bajando hasta Mascardi. El camino hasta el col estuvo muy bueno, y la vista de la laguna en sí desde ahí arriba es impresionante. Hermosa. Nos quedamos un buen rato para disfrutar de la vista, y aprovechar los ratos en que las nubes se corrían y nos mostraban más de ese paisaje.

Laguna Azul

PicadaA partir de ahí, la ruta se fue poniendo más heavy. Entre una cosa y otra habíamos dejado el campamento en la Cretón tardísimo, y la bajada del col hasta la Laguna Azul se fue complicando un poco porque es todo un faldeo con mucha piedra suelta. Es cuestión de experiencia, y de afirmarte, y de confiar en tu pisada, pero se avanza lento. Llegamos bastante tarde a la Azul, y de ahí había que seguir hasta Mascardi. Nos quedaba un trecho importante todavía. Almorzamos una picada espectacular, y seguimos.

Toda la primer parte de la bajada va por la orilla de un arroyo que baja desde la laguna Azul. Fueron bastantes horas, agotadoras, porque el camino era difícil, de esos que tenés que ir prestando mucha atención donde pisás, que pisás, como pisás, por donde pasás. A mi me va quemando los papeles de a poquito… y no disfruté mucho del entorno (que es espectacular). Finalmente la ruta se interna en un bosque, en donde pasa a ser una picada de trekking “normalita”, marcada, en la que no queda más que caminar y disfrutar del bosque. Entrar al bosque fue un alivio y un placer, y empecé nuevamente a disfrutar de la cosa. Pero… es largo. Muy largo. Y llegó un punto que listo, quería llegar, bosque o no bosque, ya estaba bien de caminar, je.

Arroyo

Llegamos a Mascardi a última hora, y después de reagruparnos, fuimos en búsqueda de nuestro transporte, que nos llevó a Bariloche. Paramos en la Bolsa del Deporte, muy lindo hostel. Hacía añares que no paraba ahí. Era tardísimo, así que nos duchamos, y terminamos encargando pizzas para comer en el hostel. No daba para salir, primero porque era tarde, y segundo porque nadie tenía pilas. Así que los planes de salir de joda por Bariloche se terminaron frustrando. Una pena… pero bueno, no se puede todo en la vida che!

El último condimento fue el agua (pero no la que cayó del cielo, sino la que tomamos), o algo que a algunos nos cayó mal. Con distinto grado de intensidad, hubo 4 o 5 de nosotros que terminamos medio dados vuelta. Yo en particular a la mañana siguiente todavía tenía la pizza en la garganta, tanto es asi que no desayuné, y me mantuve a agua mineral, Sprite y Gatorade todo el día, incluso en el bondi de regreso, donde no almorcé, ni merendé, ni cené, ni desayuné a la mañana siguiente entrando a Baires. Sí, así de loquito estaba mi sistema digestivo.

Y así concluye la historia :) Estuvo buenísimo, a pesar del clima y el contratiempo digestivo del final. La travesía es muy muy linda, se pasa por lugares realmente increíbles. De las cosas que hice por la zona de Bariloche (que no han sido muchas, siempre me moví más por El Bolsón), hasta ahora es lo que más me gustó. El buen tiempo hubiera sido un plus para ver más paisajes (el Tronador por ejemplo se nos escondió todo el tiempo), y para disfrutar las lagunas y arroyos. Pero bueno, como decía al principio, habrá que volver :)

Selección de fotos de la travesía, acá: http://www.flickr.com/photos/chaghi/sets/72157625943039792/

O una presentación tipo diapositivas, acá: http://www.flickr.com/photos/chaghi/sets/72157625943039792/show/

En la Cordillera del Viento

El viaje a Vallecitos para hacer un poco de trekking y subir al Adolfo Calle en mayo del año pasado fue el puntapié inicial para empezar otra vez a pensar en ascensos, después de muchos, muchos años.

La siguiente meta era el Domuyo, en la Cordillera del Viento, Neuquén. El “Techo de la Patagonia”, ja. Resultó que no hubo cumbre, pero fue una experiencia sumamente gratificante en muchos sentidos. Y aprendí un montón de cosas.

Lo primero que hay que decir del Domuyo es que está LEJOS. Sí, sí, Neuquén no es tan lejos (desde el punto de vista de Buenos Aires), pero cuesta llegar. Bondi de Buenos Aires a Zapala. Bondi de Zapala a Chos Malal. Bondi de Chos Malal a Las Ovejas. Chata de Las Ovejas a Varvarco. Más de 24hs de viaje, y todavía NO estábamos en el Domuyo.

En Varvarco

Llegamos a Varvarco con algo de llovizna. Hasta ahí todo bien, estaba dentro del pronóstico: los primeros dos días se suponía que estarían feos, y después, teníamos pronóstico de buen tiempo. En Varvarco nos alojamos en unas cabañas para pasar la noche, y preparar el equipo para partir al día siguiente. Y conocimos a La Gallega, una celebridad en el pueblo, quien nos abrió su casa y nos preparó unos riquísimos fideos con estofado, acompañados por tortafritas. Sí, en lugar de pan, tortafritas. ¡Y qué tortafritas! Esa noche sufrimos una baja: uno de los muchachos se sintió mal, y prefirió volverse… así que quedamos Claudia, Fermín y yo, con Pablo y el Lechu como guías.

Arrancamos el lunes a media mañana en la misma chata que nos había traído a Varvarco, rumbo al “Playón de Estacionamiento”, punto de partida del ascenso, y lo más cerca que se puede llegar al Domuyo en vehículo. El recorrido dura un poco más de una hora, y es muy lindo. Los paisajes encierran un montón de sorpresas, con piedras “raras”, praderas salpicadas por piedras, “fumarolas” (toda la zona tiene aguas termales, con epicentro en el pueblo de Aguas Calientes, muy cerquita de allí), arroyitos, paredones… y más o menos a mitad de camino se aparece el señor Domuyo, desafiante, diciendo “acá estoy, soy el amo y señor de todo esto” :)

Rumbo al Domuyo
El Domuyo
El Domuyo
 

Ya en el Playón de Estacionamiento, organizamos el equipo que sería porteado hasta el campamento base a caballo (carpas, morfi, equipo de campamento), y nosotros arrancamos el trekking a pie. Fueron unas 3hs de marcha, tranqui, con parada para almorzar, en la que nos cruzamos con varios grupitos de personas que bajaban. Algunos habían hecho cumbre, otros no. Tiraron un par de tips, respecto a la cantidad de nieve y hielo, y seguimos marcha.

Al llegar al campamento base, a aprox. 3100 msnm, nos encontramos con que estábamos solos. Y así se mantendría: toda la gente (que no era mucha!) que había estado en el Domuyo se había vuelto ese día o el anterior, así que nos quedó todo el campamento (y todo el cerro), para nosotros. Armamos las carpas, nos organizamos, y nos dedicamos a descansar. Para mi era la primera experiencia de un campamento de este tipo, directamente en la montaña, sin bosque, sin reparo de ningún tipo, con no mucha agua.

Camino al campamento base
Llegando al campamento base
Campamento base
 

El atardecer de ese día fue espectacular. Cerca de la “golden hour”, me fui con el Lechu a hacer un mini-trekking más arriba, para ver como seguía el camino, y sacar fotos. Muchas fotos. Me harté de sacar fotos :)

En el Domuyo

Atardecer
 

El tiempo estaba espectacular, algo de viento pero normal. Hasta ahora el pronóstico se cumplía. Y creo que en ese momento todos sentíamos, en retrospectiva con mucha soberbia, “ya lo tenemos!”.

El martes el plan era subir parte del equipo al Campamento 2, aprox. a 3800 msnm, pasar un rato allí, hacer un poco de reconocimiento, y volver al Campamento Base. El objetivo era triple: aclimatar a la altura, portear parte del equipo para no ir tan cargados luego cuando nos fuéramos a instalar al otro día, y ver desde un poco más arriba y un poco más cerca como estaba la cosa. El trekking hasta el Campamento 2 fue tranqui, físicamente estábamos de 10, hicimos muy buen tiempo, llegamos enteros. Armamos una de las carpas, en las que quedaría el equipo, y almorzamos. Una parte del grupo se quedó descansando, y curioseando por los alrededores del campamento (yo opté por este plan), y Pablo y el Lechu subieron un poco más, junto con Fermín, a dejar el equipo de escalada y las piquetas aún más arriba, y ver como estaba el camino.

Rumbo al campamento 2
Llegando al campamento 2
Campamento 2
 

A media tarde regresamos al Campamento Base otra vez. Había algo más de viento, había más nubes, y aunque tratábamos de pensar en otra cosa y de confiar en el pronóstico… estaban pasando cosas no pronosticadas. Lo bueno de las nubes fue que nos regalaron otro atardecer espectacular, incluso mejor que el del día anterior :) Por la noche hubo bastante viento, fue complicado descansar, pero hasta ahí, manejable.

Atardecer
Atardecer
 

El miércoles volvimos a subir al Campamento 2, esta vez para quedarnos. Había bastante más viento que el día anterior, pero nada que impidiera seguir con los planes. Terminamos de armar el Campamento 2, almorzamos, aprovechamos para regular los crampones a nuestro calzado, y a discutir los planes para el jueves, nuestro día de cumbre. El viento soplaba cada vez más, la presión había bajado un poco… no había buenos augurios. Nos fuimos a dormir tempranito, con la idea de levantarnos tipo 2am, para salir bien de madrugada, cuando estadísticamente todo indica que debería ser más calmo.

Campamento 2, completo
Charla entre guías
 

Ya de por sí hubiera sido complicado descansar ese día, con los nervios del intento de cumbre del día siguiente, ni hablar si a eso le sumamos la preocupación de si podríamos salir o no, y… el recornudo viento. Viento, viento y más viento. No paraba. A las 2am seguía soplando como si nada. Decidimos descansar un par de horas más, y volver a evaluar la situación a las 4am. A esa hora seguía todo igual… después de un rato, igual nos pusimos en movimiento, como para estar listos y salir a las 6am a caminar. Desayunamos en las carpas, nos abrigamos con todo… y a las 6 salimos. Teníamos TODAS las ganas!

A medida que empezamos a subir, y que empezó a clarear, el viento se fue calmando. Parecía que finalmente todas las piezas encajaban. Después de un rato de marcha se apareció desde abajo, de la nada, un guía mendocino con su novia, que venían subiendo a las chapas, re-entrenados, vaya uno a saber desde donde. Y al rato… los reencontramos, aprox. a 4200 msnm. El guía no tenía crampones, y se había medio atascado en la parte más jodida del intento de cumbre, que es a mitad de camino, en una pendiente que normalmente debería tener bastante nieve y unos penitentes, pero que ahora tenía poca nieve, con lo cual había acarreo suelto, y encima, hielo. Pablo y Lechu se pusieron a evaluar alternativas, y mientras tanto nos calzamos los crampones. La cosa estaba técnicamente complicada… ¿seguíamos o no? Una posibilidad era que Pablo y Lechu pusieran una soga, la subida estaba garantizada, prácticamente, pero había dudas con la bajada. Que importante es eso. Yo en mi inexperiencia solo quería subir, nunca me pregunté si hacía el esfuerzo de pasar ese tramo en subida, como mierda lo iba a hacer en bajada, que siempre es técnicamente más complejo. Y que sí, que no, empezó a soplar el viento otra vez bastante… y aparecieron un par de nubes desde atrás… y… game over. Mission aborted. Bajemos.

Amanecer
Complicado...
Crampones
Bajando...
 

Y bajamos. El viento te volaba, mal. Aterricé de culo varias veces porque tenías que caminar permanentemente haciendo fuerza contra el viento, y de pronto la ráfaga se apagaba, y entonces te ibas a la mierda. Nunca había experimentado tanto viento. La primera vez que fui al Lanin, en mi primer intento, en el ’99, también nos bajó el viento. Pero no era NADA comparado con el viento del Domuyo. Y mientras tanto, se siguió cubriendo todo de nubes. En retrospectiva, bajamos justo. Si hubiéramos seguido más arriba, y nos agarraba el ventarrón y las nubes en el filo… hubiera estado heavy. Muy muy heavy.

Se vienen las nubes
Se vienen las nubes
 

Pasamos por el Campamento 2, levantamos todo, y seguimos hasta el Campamento Base. El viento era insoportable. A mi me quemó los papeles, mal. Es algo que tengo que aprender a controlar. No el viento (ojalá pudiera!), sino mi reacción para con el viento. Llegamos al Campamento Base muy cansados, y eso queno habíamos hecho cumbre, con lo cual habíamos caminado mínimo 5 hs menos. En mi caso, buena parte del agotamiento era más mental que físico. Por culpa del viento. Cansados o no cansados, llegamos a evaluar el seguir viaje hasta Playón, y acampar al costado de la casa del paisano que nos había porteado el equipo. Pero finalmente decidimos quedarnos a pasar la noche en el Campamento Base.

Al otro día, desarmamos, y acompañados por el querido viento ¬¬, comenzamos el descenso final. Nos trasladamos en vehículo desde el Playón hasta Aguas Calientes, donde almorzamos. Y después empezamos a pensar en volver a Varvarco, creo que solo queríamos una ducha, y no nos importaba nada más. Por suerte Pablo nos convenció de ir a pegarle una mirada a las termas. Y la mirada… terminó en todos en el agua disfrutando de las aguas termales, lo que nos recargó un montón las pilas.

Paisano y nube
 

A la tardecita regresamos a Varvarco, y luego de reorganizar nuestras cosas y darnos una buena ducha, empezamos a desandar el camino: Varvarco – Las Ovejas – Chos Malal – Neuquén. De allí, todos volvían a Buenos Aires, excepto yo que seguía viaje a Bariloche, para arrancar una travesía (pero eso… eso es otra historia…)

Me encantó la experiencia, a pesar de que uno siempre quiere la cumbre. Sí, por más que uno sepa que la última palabra siempre la tiene la montaña… uno quiere la cumbre. Pero bueno, así es la vida. Así es la montaña. Quizás el gustito es más amargo porque el grupo andaba de 10, y porque el clima se re portó hasta último momento… entonces… casi es como una burla: “mirá, no solo te dejé subir, sino que te ayudé a subir, pero listo, hasta acá nomás. Ahora, bajate”. Y sí, da un poco así como de bronquita…

Pero vayamos a lo positivo, que es todo lo que uno aprende, y la experiencia que te llevás, y todo lo que te cagás de risa con gente copada.

Particularmente en cuanto a la experiencia, como decía antes para mi era la primera vez en campamentos de altura, así que fue super valiosa. Y el viento fue toda una experiencia. El tener que estar permanentemente pendiente de donde ponés cada cosa, de tener cuidado cada vez que abrís la mochi y sacás algo, el tener que controlar que todo lo tenés que dejar adentro de la carpa, o trabado con piedras, porque si no se vuela al carajo… todo el tiempo. Es agotador mentalmente, o al menos en mi tiene ese efecto, pero también aprendí eso, y creo que la próxima vez que tenga que enfrentarme con una situación así, voy a estar mejor preparado.

Otra cosa que me llevo es Domuyo como lugar… impresionante. Qué paisajes! Está plagado de lagunitas de altura, hay unas vistas impresionantes de la cordillera (y eso que no pudimos seguir subiendo!), y en el Domuyo vi unos atardeceres y unas nubes loquísimas, que creo que voy a recordar siempre.

¿Volvería a intentarlo? Me parece que sí. Tengo ganas de seguir haciendo ascensos, eso seguro. Independientemente de que siga poniéndome de a poco metas más altas, me gustaría volver al Domuyo en algún momento, aunque quizás me gustaría hacerlo con más tiempo. Realmente cuesta bastante tiempo llegar como para tener una ventana de cumbre de solo un día. Estaría bueno contar con dos, o idealmente, con tres. Pero bueno, veremos…

Mientras tanto, mi record de altura siguen siendo los 4500 msnm del abra Ronqui, en Jujuy…

Selección de fotos del ascenso en Flickr: http://www.flickr.com/photos/chaghi/sets/72157625766068623/

Quien dijo quien dijo…

Arrancando hojas viejas de una libreta que suelo llevar a los viajes, me encontré dos perlitas. Creo que son de este verano, de Cholila/Puelo… lo cual acota bastante los/las posible/s autores/as ;-)

Note to self: tenemos que empezar a grabar los diálogos, o por lo menos, a escribir más de estas cosas y no dejar que caigan en el olvido.

Frase #1:

Me caí con todos los pies… y me quedó la cabeza y las manos

Frase #2:

Tenía sed de agua y comí una manzana, y fue bárbaro

Sí, ya se que son dos tremendas giladas que fuera de contexto no dicen nada, pero en su momento nos recagamos de la risa.

 

Humahuaca – Valle Grande, julio 2010

Por la quebrada hasta las nubes…

Seguir viendo fotos del último viaje en Facebook, una semana después, es una buena motivación para no postergar más la reseña. Y que hoy 1ro de agosto se esté celebrando el día de la Pachamama, suma  :)

Anduve otra vez de travesía por el NOA con Hielo Azul Aventura y varios amig@s: Luis, Caro, Ceci, Nora, Charly, Vero, Ale… ¡todas figuritas repetidas! La propuesta consistía en unir Humahuaca con Valle Grande, casi podríamos decir otra vez de la puna a la selva, aunque diferente… cada rincón del noroeste tiene su magia particular.

Vamos a arrancar el viaje mencionando el frío. Porque sí, hizo frío. Mucho. Muchísimo. Fue la pregunta obligada cuando volví (¿cómo la pasaste? ¿mucho frío?), y no por nada. La travesía arrancó en plena “ola polar”, hacía un par de días se habían registrado temperaturas inferiores a los 20 grados bajo cero en Paso de Jama, Jujuy… digamos que no muy lejos de Humahuaca. Luis viajó a Jujuy unos días antes, y avisó por SMS “Traigan abrigo. Mucho frío!”. Cuando bajé del micro en San Salvador de Jujuy hacía frío, sí, pero yo seguía con mi polar gruesito, y no era para taaaaanto. Pero cuando bajamos con Vero en Humahuaca… Dios… no me daban las manos para sacar abrigo de la mochila. Hacía FRIO.

Por suerte en unos minutos ya estaba en la calidez de la Posada El Sol… cuantos recuerdos de aquel viaje en pleno carnaval. Esta vez estuve unas pocas horas en Humahuaca (y en la posada), pero fue lindo volver a verla, reencontrarse con Carlos, compartir unos mates en el salón. Cuando llegamos con Vero ya estaban Luis, Ale y Caro, y unas horas después llegó el resto del grupo: Charly, Ceci, y Nora. Después de acomodarnos y matear un rato, salimos a ponerle el pecho al frío de la noche humahuaqueña, con la excusa de una buena cena típica (un par decantaron por la pizza, pero bueno… :P ). La mayoría comimos locro, que estaba buenísimo, y al cual regamos con un buen tintillo. Y con la pancita llena y calentita, nos fuimos otra vez a la posada, a descansar para estar listos para arrancar el trekking al día siguiente.

Esperando el locro...
Esperando el locro...

La mañana nos sorprendió con una tenue nevada, tenue, pero nevada al fin, y resulta que es un fenómeno que no se daba desde hacía como 25 años en la quebrada, así que fue todo un suceso. Humahuaca estaba vestida de plata. Un lujo. Luego de un suculento desayuno en la posada, partimos en vehículos hacia Ocumazo, en donde arrancaba la travesía.

Cristales en la ventana
Posada El Sol
Humahuaca vestida de plata
Ramas nevadas

Fue un día de trekking tranquilo, estaba bastante frío, pero caminando no se notaba tanto, y durante buena parte del trayecto estuvo medio brumoso. La caminata se hizo larga… la altura había empezado a pegar, pero finalmente llegamos a Sarso, 3800msnm, donde armamos el primer campamento. Por la noche no solo volvió a bajar la temperatura, sino que se puso muy ventoso, así que la verdad se complicó un poco descansar, particularmente por el viento… parecía que las carpas iban a salir volando con nosotros adentro y todo.

Ocumazo
Cactus
Apuntando al cielo

El segundo día de marcha fue bastante más exigente, el que alcanzamos el punto más alto de la travesía, y probablemente el más espectacular en cuanto a belleza natural. Por la tarde llegamos al abra Ronqui, a unos 4500msnm, con una espectacular vista del Hornacal. Bellísimo. Por otro lado, para mi fue un record de altura: nunca había estado a más de 4200/4300msnm. De allí empezamos a bajar, internándonos en una quebrada hasta llegar a una aguadita, un lugar llamado “El ciénago” (3700msnm), en donde armamos el segundo campamento. Llegamos molidos… fue un día largo y de mucha altura, y quien más quien menos, nos afectó aunque sea un poquito a todos. Nora pobre estaba hecha pelota. Después de una buena cena en la carpa cocina (al igual que la noche anterior), nos desmayamos en las carpas. Fue otra noche fría y ventosa, aunque ya no tanto como la anterior (o el cansancio acumulado hizo que descansara mejor, y notara menos al viento… no se)

Los colores de la Puna...
Cielo y Puna
Abra de Ronqui
Hornacal

Al día siguiente continuamos bajando. Fue otro día interesante en cuanto a paisajes, caminando a lo largo de un arroyo con muchas cascaditas, algunas congeladas, lo que les daba un aspecto más especial. El frío empezaba a aflojar (¡chau ola polar!). Otro condimento de la caminata de ese día fueron los senderos con escalones de piedra, con influencia Inca. Que laburo… Poco después de mediodía llegamos al pueblo de Caspalá (3000msnm), el primero de los pueblos que recorreríamos en la travesía. Hicimos algo de fiaca, algunos al sol, otros a la sombra, recorrimos un poco el pueblo, y nos alojamos en un salón parroquial. Por la noche festejamos el día del amigo con un espectacular risoto y una torta de postre, y Carcassonne, obvio, que nunca puede faltar :)

Resolana
Senda inca
Sol, piedra, agua y hielo
Llegando a Caspalá
Caspalá

El cuarto día de marcha fue el más largo y agotador: Salimos de Caspalá, bajamos hasta la quebrada del río Hornos, subimos (en una interminable subida…) hasta un abra a 3350msnm, cambiamos de valle, bajando hasta el río Doblonzo, volvimos a subir, por suerte no tanto, aunque el cansancio ya hacía que todo sea más largo, y finalmente bajamos hasta Santa Ana, segundo poblado. Lástima que no tengo ninguna foto de las callecitas, porque fue el pueblo que más me gustó. Pero llegué fundidísimo… ese día me había hecho el canchero y no había tomado el antinflamatorio (me estaba recuperando de un pequeño esguince), y eso sumado lo largo de la jornada hizo que llegara quemando combustible de reserva. Nos alojamos con una familia que ofrece hospedaje a turistas, y por la noche el esfuerzo fue recompensado con un espectacular corderito con papas andinas de diversas variedades, pancito casero, vinito, picante… buenísimo. Fue una noche música también, primero con Luis, y después con Osvaldo, hijo de la dueña de casa, que nos deleitó con bastante folklore, incluyendo algunos temas de su autoría. Vero, Ale, Charly y Luis hasta se animaron a bailar una chacarera.

Abra
Abra
Luis
Osvaldo

A la mañana siguiente dejamos atrás Santa Ana, y después de subir hasta el Abra del Valle (3500msnm), empezamos a bajar hacia Valle Colorado. El paisaje ya empezaba a cambiar… se empezaba a ver más verde, pero también una tierra cada vez más roja. Muy lindo. Lamentablemente, ese día estuvo ensombrecido a causa de un incendio forestal. Fue muy triste ver el fuego descontrolado a medida que nos acercábamos, y saber que el que se apague dependía del viento y las condiciones meteorológicas… nada de bomberos, ni aviones hidrantes, ni un carajo. Nuestro sendero nos llevó incluso hasta el origen del fuego: un fogón mal apagado. Genera una impotencia muy grande el ver como por un descuido, algo que parece tan pequeño y tan inocente como un fueguito, se termina incendiando todo un cerro. Tristísimo :( Fuego al margen, continuamos descendiendo y adentrándonos en un paisaje cada vez más verde y colorado, hasta llegar a Valle Colorado, a 1900msnm (¡flor de bajadita ese día!). Nos alojamos en una casa de familia, que por la noche nos preparó un guiso que tenía carne, arroz, verduritas, papas… ¡riquísimo! También hubo pancito casero y tintillo. Mientras esperábamos la cena, vimos un par de videos documentales (de la Universidad de Jujuy) con la hostoria de Santa Ana y Valle Colorado. Muy interesantes.

Camino a Valle Colorado
Acercándose al fuego
Fogón culpable
Rumbo a Valle Colorado
Puerta
Callecita de Valle Colorado

Arrancamos otro día con un suculento desayuno con tortafritas, pan casero y dulde de cayote, obviamente también casero. Estuvo buenísimo. Y con las pilas cargadas partimos de Valle Colorado. Último día de trekking, muy tranca y cortito, hasta llegar a Valle Grande. Arribamos a mediodía, almorzamos en un típico almacén de ramos generales, digamos… un algo que es cantina, verdulería, almacén, todo en uno. Para un porteño parece detenido en el tiempo. A mi me hizo acordar mucho a La Banderita, el almacén de ramos generales que tenía mi abuelo paterno con su hermana, en Remedios de Escalada. De Valle Grande teníamos que ir a Ledesma, por el camino de montaña que atraviesa el PN Calilegua. Pero en lugar de ir en colectivo, hicimos arreglos para ir en vehículos particulares. Parecía una buena idea, porque eso nos permitía llegar a Ledesma al menos una hora antes… pero medio que nos salió el tiro por la culata porque uno de los vehículos se retrasó, así que terminamos llegando a Ledesma igual de noche. Yo ya había hecho ese camino el año pasado, pero la verdad que en un vehículo más chico se disfruta más. Eso fue un plus. La profundidad de las quebradas es IMPRESIONANTE. El camino realmente no es apto para personas impresionables o con vértigo. Lamentablemente no daba para estar parando y sacando fotos… así que otra vez no tengo registros de ese paisaje atravesando la selva de Calilegua, más que en mi memoria.

Flores
Nos vamos de Valle Colorado
Valle Grande
Monumento a la Pachamama

En Ledesma nos hospedamos en el mismo hotel que el año pasado al final de Tilcara/Calilegua, y después de una merecidísima ducha, fuimos todos juntos a cenar a una parrilla con modalidad tenedor libre, recomendación de Hielo Azul (el año pasado no habíamos podido ir porque estaba cerrada). Espectacular. Buenísima. Muy buena carne, y muy buenas ensaladas. Comí como cerdo.

Y finalmente partimos otra vez hacia San Salvador de Jujuy. Esta vez parecía que iba a tener algo de tiempo para pasear un poquitín, o al menos para hacer un par de compras con calma… pero no, un desperfecto en el micro que nos llevaba nos sacó como una hora, así que si bien dió para almorzar, más que tranquilos, unas empanadas jujeñas en un restaurante de la peatonal principal, no hubo tiempo para paseo, y el comprar algunas cosillas que quería llevar a Buenos Aires fue un verdadero rally contra reloj. Con todos los trámites listos, subimos al bondi… y a Baires (Nota: Cuidado cuando compren pasajes en el servicio “cama” de FlechaBus… los muchachos tienen una idea bastaaaaaante particular de lo que es un servicio cama. Suckean. Big time)

Fotos de la travesía, acá:

http://www.flickr.com/photos/chaghi/sets/72157624474240677/

Vallecitos 2010

Y así fue como el Bicentenario transcurrió para mi lejos de casa, en Vallecitos, Mendoza. Había estado en Mendoza un par de veces en el pasado, pero nunca en Vallecitos. La idea arrancó en parte porque quería hacer algo, no quería quedarme en casa, y en parte porque quería retomar el tema ascensos.

Resulta que después de los dos viajes al Lanín en el ’98/’99 (más o menos) nunca volví a plantearme hacer un ascenso. Hice mucho trekking, mucho senderismo, eventualmente hice cumbre en algún cerro (cerrito…) porque bueno, porque la travesía así lo requería, pero nunca más me prendí en una propuesta que fuera “vamos a salir, vamos a apuntarle a aquel cerro, vamos a subirlo, y después vamos a bajarlo”. Y es una movida completamente diferente, con mayor desnivel, donde hay que tener en cuenta otras cosas, y si encima le metés altura y algo de frío y nieve (como fue el caso en Vallecitos), otro nivel de dificultad.

Así que la propuesta de Vallecitos tuvo dos caras: Conocer el lugar, caminar un poco, desenchufarse, respirar aire puro y compartir gratos momentos con amigos, por un lado, y por otro, el desafío de hacer algunas cumbres, y medirme un poco como ando en esto de subir un cerro.

¿Adivinen quién organizó el viaje? ¡Sí! ¡Hielo Azul Aventura! Muy bien. Ya me van conociendo… :) Salimos de Retiro el viernes a la noche, con retrasos. Retiro era un loquero, mal. Impresionante. Está total y absolutamente colapsado para estas fechas. Y total y absolutamente fuera de control. El circo que habían montado el año pasado con los sectores de embarque, en el pico de la Gripe A, para otorgar más control y seguridad, y asegurarse por ejemplo que solo pasaran a la zona de las plataformas de embarque/desembarque los pasajeros y empleados de la terminal, está virtualmente desmantelado. La infraestructura (que no creo que haya salido $2 precisamente…) está, pero está en desuso. ¿Por qué? Vaya uno a saber.

Viajamos por Andesmar, donde es un clásico jugar al “Bingo Andesmar” durante el viaje. Y gané :) ¡Ja! Nunca me gano nada, así que fue un muy buen comienzo de viaje esto de arrancar ganando el bingo. Me gané un vino tinto, que luego compartimos en el refugio.

Llegamos a Mendoza el sábado a la mañana, y de allí partimos en combis hacia Vallecitos. El grupo era bastante grande, y terminamos divididos en dos refugios. A mi me tocó estar en el refugio Mausy, a otra parte del grupo en el refugio del centro de ski. El refugio Mausy es muy lindo, y Vane y Guille, los refugieros, son super-ultra-copados. ¡Ah! No nos olvidemos de Violeta, su hijita, que tiene apenas 5 meses de vida y está viviendo con los papis en el Mausy desde el tercer día… es una santa. El refugio está a unos 2900 msnm.

Refugio Mausy
Refugio Mausy
 

El sábado a la tarde, luego de acomodarnos, almorzar y descansar un rato, hicimos todos juntos un trekking hasta Las Veguitas (de paso aprendí que “vega” es sinónimo de “mallín”, solo que el primer nombre es más común en la zona de cuyo y NOA, mientras que el segundo es clásico de Patagonia), que es el típico “campamento base” para muchos ascensos. La idea era conocer y aclimatarse un poco a la altura. Estaba muy húmedo y bastante nublado, de hecho, ya en Las Veguitas se nos vinieron las nubes encima, pero igualmente pudimos disfrutar del paseo.

Las Veguitas
Las Veguitas
 

Por la noche se nevó todo, lo cual tuvo un doble efecto: Bajó la temperatura un poco más, pero por el lado positivo, se despejó completamente. Los restantes días estuvieron hermosos, frescos, pero completamente despejados, y sin viento. Diez puntos.

El domingo volvimos a salir todos juntos, con la idea de hacer el ascenso al Lomas Blancas, que es un cerro de unos 3600 msnm. Hicimos cumbre cerca de mediodía, y estaba tan calmo y despejado que pudimos quedarnos en la cumbre y almorzar allí. Luego emprendimos el descenso, pero apuntando al col que separa al Lomas Blancas del Arenales. La idea era que aquellos que quisieran, en lugar de bajar y volver al refugio, desde el col intentar cumbre en el Arenales (3400 msnm), que está muy cerca. Yo me prendí con este grupito, y al rato estábamos haciendo cumbre. Así que fue un domingo con cumbre doble :)

Subiendo el Lomas Blancas
Cumbre del Lomas Blancas
Cumbre del Arenales
 

El lunes, para aquellos que querían, podían, tenían ganas, se sentían bien, tenían equipo, etc., siempre bajo el criterio de los guías, estaba planteada la posibilidad de intentar cumbre en el Adolfo Calle (4260 msnm), lo cual planteaba un desafío un poco mayor. Así que una parte del grupo (en la que estaba incluído) partió muy tempranito, cuando apenas estaba clareando hacia el Adolfo. En total eramos 10 personas, contando a Guille y Pablo, nuestros guías.

El ascenso estuvo muy bueno, la mayor dificultad para mi fue el terreno, con mucho acarreo, lo que dificulta un poco la marcha, la pendiente, que especialmente en el último tramo se pone interesante, y la altura… 4000 msnm no es muuuuuucha altura, pero es suficiente altura para que el organismo te recuerde que NO estás caminando y haciendo esfuerzo al nivel del mar. Se nota. A lo último estaba muy agitado, me costaba cambiar el aire, tenía las gambas quemadas, y cada músculo del cuerpo me decía “sentate flaco, sentate acá y disfrutá del paisaje”. Ahí es donde es importante la cabeza, para seguir adelante. Pasito a pasito. Tratando de transformar el aliento de Guille, que iba delante mío en energía. Planteándome metas, onda, “bueno, ahora vas a caminar hasta aquella piedra”. “Listo, ahora, caminá hasta aquella otra”. ¡Y finalmente llegué! Hice cumbre a eso de las 14.00, después de 6 intensas horas de aproximación y ascenso.

Amanece en Las Veguitas
Subiendo el Adolfo Calle
Cumbre en el Adolfo Calle
3 cumbres 3!
 

El día estaba inmejorable, arriba no había viento (¡insólito!), así que estuvimos en la cumbre un buen rato. Casi una hora. Y después… a bajar. La bajada es más rápida, porque la mayor parte se hace aprovechando un acarreo, así que con la técnica correcta y dejándote llevar, bajás a buena velocidad. El tema es que estaba cansado… y que mis botas de trekking empezaron a jugarme una mala pasada. Me quedan chicas. Me las compré justas, para el verano. Las usé en Cholila y me molestaron, pero no le di importancia porque supuse que era porque eran nuevas y estaban duras. Me molestaron algo en San Luis para Semana Santa, pero apenas, porque las caminatas fueron mucho menos exigentes y más cortas. Pero en la bajada del Adolfo Calle, me mataron. La combinación de medias un poco más gruesas, los pies hinchados (por las horas de caminata, el esfuerzo, mi tendencia a retener líquido y encima la altura) y la pendiente se combinaron para torturarme toda la bajada. Era como ir pateando la pata de un mueble con el dedo gordo de cada pie a cada paso. Feo feo feo. Encima no podía hacer nada… no podés bajar descalzo, así que me la tuve que aguantar. ¡Cómo costó! Había momentos que tenía ganas de llorar. Posta. No se lo deseo a nadie…

Volviendo al refu
Atardecer
 

Botas al margen, pasito a pasito, a la nochesita llegamos otra vez al refu, en donde disfrutamos de un ESPECTACULAR “locro de autor” (sic) que había preparado Vane. Resulta que cuando se estaba armando el viaje, con el tema del bicentenario en mente, y me contaron del refugio, se me ocurrió decirle a Luis “si preparan un tradicional locro, la propuesta te queda platinum”. Y resulta que Luis les transmitió a Vane y a Guille la idea del locro… y el locro finalmente se hizo realidad. :)

El martes Guille preparó el asado de despedida a mediodía para todos. Buenísimo. ¡Qué buen asado! Y así, degustando el asado y regándolo con vino el viaje llegó a su fin. A media tarde partimos a Mendoza otra vez, y de ahí, a Buenos Aires.

La pasé genial, tuve la oportunidad de volver a compartir otro viaje con Caro, Pau, Charly, Anita, Eze, Jorge, Luis y Pablo, me divertí un montón, y comprobé que esto de los ascensos es completamente diferente a una travesía o a un trekking tradicional… y que también me gusta. Así que ahora hay que buscar algo un poco más alto para seguir… podría ser algún otro cerro en Vallecitos (hay cerros para tirar manteca al techo, y de todas las alturas y niveles de dificultad), o el Domuyo.

Más fotos del viaje, acá.

Por huellas comechingones

Para Semana Santa me fui unos días a San Luis, a despuntar el vicio del trekking. Y si no escribo algo en el blog, el viaje va a tener el triste record de ser el primero sobre el cual no escribo nada acá. Y eso estaría muy mal! Así que aunque no estoy inspirado ni tengo muchas ganas de escribir desde hace ya un par de semanas, vamos a ver que sale.

La escapada de Semana Santa está enmarcada en un proyecto personal intitulado “en 2010 me voy a rajar de Buenos Aires para todos y cada uno de los fines de semana largos que se crucen en mi camino”, y fue un mini-trekking con Hielo Azul Aventura en las cercanías de Merlo, ahí, al filo del límite entre San Luis y Córdoba.

El primer día acampamos luego de una caminata de unas 4 horitas cerca del Cerro Blanco, a orillas del río. Fue un día tranqui, y hermoso… hasta que empezó a caer la tarde. El tiempo no nos acompañó mucho en el viaje, la verdad, pero se disfrutó igual :) Pero el primer día estuvo soleado, y a la tarde aprovechamos para hacer un mini-trekking a una cascada que quedaba por ahí cerquita.

Cascada
Arroyo
 

A la noche llovió de lo lindo, y a la mañana siguiente seguían cayendo chaparrones de a ratos, así que hicimos bastante fiaca mientras decidíamos si salir a caminar o no. Obivio al final salimos… ¿para qué estábamos ahí? Así que ahí nos fuimos, hacia el Cerro Aspero, y el Pueblo Escondido. Este pueblo hoy semi-abandonado está a los pies de las minas de wolfram (abandonadas completamente), y era el lugar donde vivían los mineros. Es un lugar muy pintoresco, con algunas construcciones bastante derruídas y otras no tanto. Algunos de los edificios están ocupados por familias que explotan el lugar turísticamente. Por ejemplo, hay una especie de posada donde sirven comidas caseras y esas cosas. No me quedó claro cuanto de esta ocupación es formal (i.e., “legal”), y cuánto informal. Almorzamos y pasamos buena parte de la tarde allí, y luego volvimos al campamento. Y para la merienda, Pablo nos sorprendió con pastelitos caseros que habían preparado la familia de Gustavo (nuestro arriero).

Rumbo al pueblo escondido
Pueblo escondido
Pueblo escondido
Pueblo escondido
 

Al día siguiente desarmamos las carpas, cargamos todo, y rumbeamos para la Aguada del Tabaquillo. Estuvo bastante nubladengue, lo cual para caminar está bueno. A mediodía… sorpresa! Las mismas manos que habían hecho los pastelitos, resulta que también habían preparado empanadas de carne. Y de las de verdad eh! Nada de esas pseudo-empanadas del Noble Repulgue o similiares ;) Por la tarde llegamos a la Aguada, donde acampamos. Qué lindo lugar! Es una praderita verde encerrada por los cerros y el río. muy muy linda.

Rumbo a Aguada del Tabaquillo
Merlo desde el cerro
Aguada del Tabaquillo
Aguada del Tabaquillo
 

Finalmente el domingo levantamos campamento otra vez, y arrancamos el descenso hacia Los Molles, caminando entre la niebla y la llovizna. De ahí nos trasladamos en vehículo hasta un camping en las afueras de Merlo, y después de ponernos presentables disfrutamos un suculento asadazo. A la tarde algunos nos fuimos a dar una vuelta por las ferias artesanales que estaban cerca, y hasta hicimos algo de shopping. Yo terminé comprando un mate re-lindo pero que resultó estar mal estacionado, medio verdolaga… todavía estoy tratando de rescatarlo. Y después descubrimos una casa de té medio “boutique”, con una onda rústica/new age/indi… algo medio raro, pero muy lindo, y preparaban unos cafés especiales de aquellos, y unas tortas caseras buenísimas. Fue un buen complemento de otra tarde lluviosa :)

Un par de horas después pasó la combi a buscarnos para llevarnos a Merlo, y de ahí, micro y a casa.

La experiencia estuvo muy buena. Me quedé con ganas de conocer las minas de wolfram… pero bueno, otra vez será. La lluvia hinchó un poco las pelotas para caminar, sí, pero nada que no se resuelva con ropa impermeable. Y ayudó a sacar lindas fotos. No hay caso: no hay con que darle a la luz difusa y los contrastes de un día nublado. Es buenísimo.

Fotos de la travesía, acá.

Por las huellas de Butch Cassidy

… o también conocida como Travesía del lago Cholila al lago Puelo.

Pero no voy a escribir sobre Butch Cassidy. Lo pongo solo porque es un título más piola para la travesía. Y no, no lo inventé yo, lo inventó Hielo Azul (y si no lo inventaron ellos no se, pero bueno, yo me estoy copiando de ellos).

¿Cómo arrancar a escribir sobre Cholila/Puelo? Para mí, es una travesía legendaria. Corría enero de 2003 (supongamos, o por ahí…), y yo hacía mi primer travesía con Hielo Azul (uff…! cuánta nostalgia me produjo volver a ver ese PPT!). Y en aquel momento Lorena, una grossa total, venía de hacer Cholila/Puelo. Por aquella época, debió haber sido la primer edición de la travesía… o por ahí. Y dije “quiero hacer eso” desde aquel momento. Y por diferentes motivos, no se dió hasta este año. Pero valió la pena esperar :)

¿Y qué tiene de especial? No se… es una combinación de cosas. Ganas de hacerla durante años y no poder. Los lugares por los que se transita. Es una travesía más larga que las “comunes”. Es una travesía exigente. Todo esto hacía que Cholila/Puelo para mi fuera especial, y que tuviera bocha de expectativas. Y puedo decir que por suerte estuvo a la altura de las expectativas, y que incluso las superó en algunos aspectos. Así que quedé contento como perro con dos colas.

Arrancamos con el clásico viaje Baires -> Bariloche -> Bolsón, al cual hubo que sumarle Bolsón -> Cholila. Muuuuchas horas. Y llegamos a un camping re-lindo, a orillas del lago Cholila, lejos del pueblo en sí, pero muy organizado. Ahí aprovechamos para preparar el equipo, sacarnos las dudas, descansar, disfrutar del lago, conocer la zona, y degustar un cabrito que asaron Fernan y Toto.

Camping Lago Cholila
Esta noche: Cabrito!
Lago Cholila
Atardecer
Lago Cholila

De allí partimos al día siguiente, cruzando el Cholila en lancha para arrancar el trekking, remontando el arroyo Turco, vadeándolo varias veces, hasta llegar a nuestro lugar de acampe. En uno de estos vadeos pisé para el culo una piedra, medio que me caí, aunque por suerte me pude levantar rápido y no se me mojó la mochi, y un rato después me di cuenta que me había lastimado medio feo el dedo gordo del pie derecho. Es impresionante como el agua fría actúa de anestesia local… hasta que no vi la sangre, no me enteré. Fue medio una cagada porque si bien la lastimadura se veía más fulera de lo que en realidad era, fue en un lugar jodido. Todos los días a la tarde medio que se cerraba y empezaba a cicatrizar, y al día siguiente en un rato de caminata me la volvía a abrir. La lastimadura fue entonces compañera inseparable en este viaje, y por momentos molestó bastante, pero acá estamos :)

Vadeando el Turco
Arroyo Turco
Campamento a orillas del Turco
El Turco no quiso ser menos que Cholila en cuanto a atardeceres...

Por la mañana continuamos la marcha, subiendo por El Turco (sí! más vados!), acercándonos cada vez más al Tres Picos, a cuyos pies terminamos acampando, en un bosque muy lindo. Llegamos al campamento relativamente temprano, y además el día siguiente era el día “libre” y nos quedábamos ahí. Disfrutamos del bosque y del arroyo, y al día siguiente, hicimos un mini-trekking con un poco de “lengging” para alcanzar un poco de altura y poder tener una panorámica del Tres Picos. Y luego… a aprovechar el resto del día libre, con más bosque y arroyo, y como no podía ser de otra manera, comiendo. Ese día hubo tortafritas, te de naranja y otras exquisiteses.

Seguiamos vadeando al Turco
El bosque
Fogon tempranero y mateada
Frente al Tres Picos
Cerro Tres Picos (panoramica)

Continuamos luego de nuestro día libre hasta llegar a la divisoria de aguas entre el arroyo Turco y el Derrumbe, y fuimos bajando por el Derrumbe hasta llegar al lugar de campamento. El día arrancó subiendo, y el lugar en donde paramos a almorzar es hermoso. Y como todo lo que sube tiene que bajar, bajamos. Y aprendimos por qué el Derrumbe se llama así… aparentemente es una zona en donde en invierno sonfrecuentes las avalanchas, y el bosque está… eeehhhmmm… avalanchado, digamos. Y caminar por entre las lengas que sufrieron una avalancha es interesante. Para mi fue territorio completamente desconocido. Y agotador, no por el esfuerzo físico, sino por la constante atención de qué rama pisar, como pisar, dónde pisar… es como que vas por un entramado de ramas, unos centímetros (por momentos, metros) arriba del piso real. Lo bueno es que el bosque es de lengas, y la lenga es re-fiel: Es super flexible y resistente, y se banca todo. Y así llegamos a “Derrumbe Beach” ;) en donde acampamos.

El Tres Picos
Y la programacion lineal era tan solo un borroso suceso de otra vida...
Neve
Efecto avalancha
Derrumbe Beach
El jardín de Derrumbe Beach

Luego fuimos subiendo alejándonos del Derrumbe hasta llegar al arroyo Cubridor. El Tres Picos nos fue acompañando, como siempre. Fue un día de una subida interesante, para cruzarnos hasta una zona de mallines en la que acampamos. El lugar de acampe fue bautizado por Luis y Fernan como “Camping la Lata”, en honor a una lata de 1958 que hay colgada de una lenga, y sigue ahí… y vaya uno a saber como llegó ahí, quien la llevó ahí, etc. Los lugares por los que nos movimos en esta travesía no son transitados, ni siquiera por gente del lugar. Así que la lata es llamativa. Y sería buenísimo poder hablar con la lata para que nos cuente su historia…

Subiendo
Lago Puelo, allá vamos
Camping "La lata"
Camping "La lata"

Si el día anterior habíamos subido y bajado… no era nada comparado con lo que nos esperaba. Porque la cosa siguió subiendo, DE VERDAD, y bajando, DE VERDAD. Fue una de la jornadas más largas y más duras. El premio de la subida fue una vista impresionante del valle del Turbio desde el Cubridor. El premio de la bajada fue el campamento, con su arroyito, y reaprovisionamiento de morfi desde Puelo! Y no, no es que los días anteiores que fuimos cargando morfi nos hubiera faltado comida. No, para nada. Tan solo que cuando hay reaprovisionamiento suelen aparecer cosas aún más ricas :) Creo que para todos lo más duro fue la bajada: Se hizo larga, el sol pegaba con todo, había que andar con cuidado para no derrapar, y a lo último empezó a escasear el agua… y para colmo el bosque está todo cerrado así que Fernan y Toto tuvieron que re-encontrar y re-abrir la senda. Pero llegamos. Agotados. Hechos mierda… pero llegamos. Estábamos hechos un asco de mugre, tierra, tierra y más tierra, y muertos de calor. El arroyito fue una bendición!

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Valle del Turbio (panoramica)
Al fin termino la bajada!
Descansando

Último día de travesía: seguimos bajando por el Valle del Turbio hasta llegar a orillas del Puelo, ya dentro del Parque Nacional, en donde acampamos. Fue un día de caminata corto; llegamos al lago a almorzar, y a la tarde hicimos playa a full. Yo conocía ese lugar de la travesía Puelo/Plataforma. Es un camping muy lindo. Y el lago Puelo es hermoso.

Posando para la foto
A orillas del lago Puelo
Playita en el lago Puelo
Atardecer en lago Puelo

Y se acabó la travesía! Al día siguiente cruzamos el lago en lancha, y fuimos a El Bolsón, a mi querido Albergue Gaia. Nos bañamos (ardua tarea, después de 10 días…), almorzamos unas riquísimas tartas caseras (la comida en Gaia es *tan* rica), descansamos, fiacamos, y a la noche… asadazo!

Y luego comenzaron las despedidas. Algunos partieron a Baires, otros nos quedamos en Bolsón, aprovechando para hacer turismo tradicional: Feria, degustación de helados de Jauja (muchas veces… que RICOS helados, Dios!), paseo típico por el Piltri, ascendiendo en remis hasta la plataforma, y luego subiendo a pie hasta el refugio, con parada previa en el Bosque Tallado. Cervezas artesanales varias y picadas. Y muchas cosas más.

Lago Puelo
El Bolson desde el Piltri
El grito de la tierra - Bosque Tallado
Pizza y cerveza casera en el Piltri
El Bolson desde el Piltri

El tiempo se recontra portó con nosotros. Los primeros dos días anduvo medio nubladegue, pero después se super despejó, y nos tocaron unos días de sol espléndidos. Recién en El Bolsón (y el segundo día) se decompuso un poco el tiempo (pero nada que no se solucione con fiaca, y una visita a la cervecería El Bolsón…)

El grupo fue EXCELENTE, nos divertimos muchísimo!!!

¿Más fotos? Sí, acá:

De Tilcara a Calilegua, julio ’09

También podríamos decir, de la Puna a la Selva.

La semana pasada estuve de travesía, una vez más con Hielo Azul Aventura,por el NOA. ¿Cuánto hacía que quería hacer esta travesía? Años. Mucho.Creo que escuché hablar de ella en mi primer viaje con Hielo, y si no,habrá sido en el segundo, así que estamos hablando como desde el 2003.La fecha siempre es más o menos esta (invierno), y en una época secomplicaba por la facu, y posteriormente porque cambié de laburo yperdí días de vacaciones. Este año, por fin, se dió.

Qué lindo es el noroeste argentino… no me canso de volver. Todavía tengo en carpeta, para algún otro invierno por el NOA:

  • En busca de la ciudacita perdida (en Tucumán)
  • Y otra vieja pendiente: Travesía de Iruya a Nazareno

Volviendoa Tilcara-Calilegua: ESPECTACULAR. Tenía muchas expectativas con esteviaje, después de escuchar hablar tanto, y de ver fotos, y de compartirexperiencias de primera mano en otros viajes con gente que la habíahecho. Y realmente fue todo lo que esperaba, y más :)

Vamos aempezar por el bondi, porque esta vez hay algo del viaje que merece serrecordado (con dolor). Parece que hay una nueva moda de pasar videos de"música romántica latina", prácticamente non-stop. Sí, te pasan lasclásicas 2 o 3 pelis, pero el resto del tiempo, durante el día, te vanchantando diversos DVDs que son un "compiladito" de la música máspegajosa, melosa que te puedas imaginar, y en algunos casos, encima,reggatoneada. Un asco. La vuelta fue igual. Supongo que a la mayoría dela gente le gusta, y yo estoy fuera del target. Bien por mi. Mal por lahumanidad.

Pero después de muchas horas llegamos a Jujuy, y ahítomamos el bondi a Tilcara, y la música berreta del bondi quedódefinitivamente atrás. Poner los pies en Tilcara es como viajar alpasado, y es imposible no empezar a desenchufarse. Nos alojamos en elHostel Malka, que no conocía, y es realmente muy lindo. Está organizadoen "casas", y cada casa cuenta con una habitación con N cuchetas(algunas casas son más grandes, otras más chicas), con su propio baño ycocina. Y todas las casas tienen su pequeña terracita, con mesa,parrillita, reposeras, una vista increíble, todo muy verde, arbolado,cuidado.

Hostel Malka - Casa 1
Fiaca perruna - Hostel Malka
Hostel Malka - Terracita

Realmente es para quedarse una semanita ahí haciendo…NADA. Además, el hostel tiene la confitería donde sirven el desayuno(espectacular!), super luminosa, con su propia terracita y vista a laquebrada.

Ventana a la Puna

El día de la llegada cenamos todos juntos en Tilcara, en un restaurante con comidas típicas. Yo le entré al locro. Al día siguiente, cerca de mediodía, luego de haber desayunado en el hostel y disfrutado de un par de horas de recorrida libre por Tilcara, o huevo, a elección del consumidor (yo hice un poco de las dos cosas, por ejemplo), partimos en vehículo para el Alfarcito, en donde nos reunimos con nuestros arrieros, se distribuyó la carga, y almorzamos.

 

Panorámica de Tilcara
Tilcara
Alfarcito - clasificando la carga
Pointing at the sky
Alfarcito

Desde allí, a 2900 msnm, arrancamos el trek. Fue una caminata tranquila, de unas 5hs, hasta que llegamos a un puesto abandonado en el que acampamos. Fue un día tranqui, como para prepararse para la subida que nos esperaba al día siguiente. Nos dedicamos a disfrutar del paisaje; yo en particular me colgué con el atardecer.

Campamento
Atardecer

Al día siguiente empezamos a subir, y a subir, hasta llegar a 4200 msnm en Campo Laguna, el punto más alto de nuestra travesía. Luego de almorzar, bajamos a Yutos Pampa, a 3300 msnm, donde nos alojamos en un puesto. Fue el día más largo y agotador, y el de mayor esfuerzo físico. Esta no fue mi primera vez a más de 3000 msnm, y sin embargo lo sufrí más de lo que esperaba (otras veces no tuve problemas, o lo sufrí menos), supongo que ahora influyó que no estaba en mi mejor momento físico (3 1/2 meses de absoluto huevo en MDQ no fue algo bueno), y que también estaba cansado [*]. Igual, no fue nada grave: Mucho dolor de cabeza, de ese que parece que te están apretando las sienes con una morza… esa sensación tan particular de la altura. Igual, el mal de altura es una lotería… a veces lo sufrís más, a veces menos, a veces no lo sufrís.

Campo Laguna
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Al día siguiente iniciamos el descenso (bueno, bajamos, subimos, bajamos, …, pero en promedio, bajamos :P ), pasando por Huaira Huasi (la casa del viento), el cerro Cumbre Grande, el Abra de las Yaretas, y finalmente, a la comunidad de Molulo, a 2950 msnm. Allí nos hospedamos en la casa de unos pobladores (familiares de nuestro arriero). A la noche, disfrutamos de un riquísimo y espectacular chivito, asado en horno de barro, acompañado por papitas andinas. ¡Un manjar!

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Escuela de Molulo
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Calentando el horno...

A esta altura, ya había empezado a hacer frío. Esa noche, después del chivito, y luego de unos riquísimos panqueques con dulce de leche que comimos en la cocina del lugar, empezamos a pensar en el día siguiente. Había dos opciones: Quedarnos un día libre en Molulo, y juntar la caminata del miércoles con la del jueves, bajando de un tirón, o continuar con el plan, que era irnos de Molulo al día siguiente, acampar en el Abra del Potrero, y el jueves continuar hasta San Lucas. Las opiniones estaban divididas, ya que la idea de quedarse un día más en Molulo a descansar era tentadora, y además nos habían dicho que el Abra del Potrero era un lugar muy desolado y expuesto, y que si llegaba a haber frío y/o viento, lo íbamos a sentir. Por otro lado, dejar todo el camino para hacer de un saque el jueves sonaba a mucho. Finalmente nos fuimos a dormir con la decisión casi tomada, y luego confirmada durante el desayuno: Seguir con el plan, y caminar el miércoles hasta Abra del Potrero.

En retrospectiva, la decisión creo que fue la mejor. En el camino medio nos asustamos, porque la noche del martes, en Molulo, fue MUY ventosa, y cerca de mediodía nos cruzamos con un grupo que venía haciendo la travesía inversa (de Calilegua a Tilcara), y había tenido que levantar el campamento en Abra del Potrero a las corridas, y salir sin desayunar, porque se estaban volando. A todo esto, los paisajes eran alucinantes; yo particularmente fue uno de los días que más disfruté. Ese día estuvimos varias veces "sobre las nubes", y no sabías para donde mirar: cada vista era 10 veces mejor que la anterior. Caminando entre nubes finalmente nos metimos en una, literalmente, y ya no salimos… al llegar al Abra del Potrero, estábamos envueltos en una espesa bruma, con mucho frío. A esta altura ya empieza a haber vegetación, así que se pudo hacer un buen fuego. Matizamos la noche alrededor del fogón, en el que calentamos unas empanadas ESPECTACULARES, caseras, que nos habían preparado en Molulo, y la mayoría nos quedamos cantando (de todo, como en botica), hasta bastante después de haber cenado.

A flower above the clouds
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Sentados junto a las nubes
Camping inside a cloud
Fogón en la bruma

A la mañana siguiente nos encontramos con la sorpresa de que había nevado un poquito, y de que por momentos seguía nevizcando. Había hecho MUCHO frío, y seguía haciendo. En ningún momento tuve frío durante la noche (¡que buena inversión una buena bolsa de dormir de plumas!), pero fuera de la carpa, al estar quieto, se complicaba. Nos apuramos a desayunar y desarmar el campamento, para empezar a movernos.

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Y así iniciamos la marcha a San Lucas, que era tranqui pero larga (7 a 8hs); la vegetación iba en aumento, y estaba todo nevadito, con ese silencio y esa calma chicha característicos. Le pegamos derecho hasta el pueblo sin parar a almorzar, para no enfriarnos y mojarnos. Llegamos a San Lucas (2500 msnm) a la tarde, a casa de Doña Teresa, donde nos alojamos. Improvisamos un almuerzo/merienda, nos pusimos ropa seca (bah, nos pusimos TODA la ropa seca… ¡qué frío que hacía!), y usurpamos la cocina. Afuera, a la intemperie, hacía mucho mucho frío.

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Merienda en lo de doña Teresa

Ya entrada la noche, cuando nos íbamos a dormir, pudimos admirar uno de los cielos más límpidos y estrellados que recuerdo… se había despejado todo por completo. ¡Qué manera de ver estrellas fugaces! Increíble. Me pregunto si los pobladores del lugar tienen idea de lo privilegiados que son al poder ver ese cielo por las noches. A la mañana siguiente, el día estaba espléndido, y seguía frío, aunque no tanto, ya que el solcito ayudaba. Luego de desayunar, rumbeamos para Peña Alta, último punto a pie de la travesía. A lo largo del día, fuimos viendo como la vegetación se hacía más y más tupida a medida que nos internávamos en las yungas. Comparado con el paisaje de los primeros días, el contraste es realmente interesante. Por la tarde llegamos a Peña Alta, luego de una subida INTERMINABLE hasta la ruta, en donde esperamos el colectivo local que nos llevó primero a San Francisco, y después a Libertador General San Martín. Durante ese trayecto el colectivo entra al P.N. Calilegua, y lo atraviesa (creo que de punta a punta, habría que ver un mapa). El paisaje es muy similar al que veníamos viendo durante las últimas horas de trekking.

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Río Valle Grande

Por la noche llegamos a Libertador San Martin; luego de hospedarnos en un hotel y una añorada ducha con agua caliente, nos fuimos a cenar a una parrilla, donde disfrutamos de una excelente parrillada, regada con buen vino, ensaladas, fritas, y postre. Y así se fue cerrando la travesía… al día siguiente algunos partieron para otros lados a continuar el viaje por su cuenta, otros volvimos a San Salvador de Jujuy, y de allí, a Buenos Aires.

Disfruté mucho este viaje, y mis compañeros. Entre otros, tuve la suerte de volver a compartir una aventura con Alejandra y Mauricio (¡gracias por la buena onda!). Después de varios años, finalmente me pude dar el gusto de hacer Tilcara – Calilegua. ¡Y estuvo genial!

Acá, el álbum completo con todas las fotos de la travesía.

 

[*] Nota: Agradecele a Facu que puedas leer esa frase sin que se te tuerzan los ojos.

 

Trekking desde el río Azul al Encanto Blanco

Y así pasó una semanita de vacaciones. Sí, me tomé solo una semanita, con la idea de guardarme una más para el invierno.

La travesía que no fue 

Como desde hace ya no se cuantos veranos, hice un viaje con Hielo Azul. Más allá del aspecto humano, del excelente grupo de gente que forma Hielo Azul, hay 15 años de experiencia haciendo esto… y en este viaje se notó. ¿Por qué? Porque originalmente ibamos a hacer una travesía desde la Cuesta del Ternero hasta el Río Foyel. Era la primera vez que Hielo organizaba esa travesía, así que había mucha espectativa: siempre hay imponderables, cosas que ajustar… siempre es una travesía con un "condimento extra", digamos, o una cuota extra de aventura. Era una ruta de trekking relativamente desconocida, en la cual probablemente íbamos a andar solos. Y se había formado un grupo muy especial: 14 personas con bastante experiencia en travesías. Lo cual era un plus para una travesía debut. Pero lamentablemente, el viernes a la tarde, apenas un par de horas antes de salir, nos enteramos que la Cuesta del Ternero estaba incendiada. Así que Hielo Azul tuvo que reinventar la travesía sobre la marcha, poniendo a prueba su capacidad de manejar la logística de un viaje (traslados en 4×4 hasta el lugar de inicio, porteo de equipo y comida por paisanos del lugar, organización de las comidas y lugares de acampe, etc.), para convertirlo en otro… y salió 10 puntos. 

La travesía Ternero/Foyel se transformó en Azul/Encanto Blanco, una ruta de trekking más tradicional, y una travesía que Hielo ya había organizado otras veces, bastante más al oeste (y por lo tanto, lejos del fuego). 

Lo positivo: Por suerte para nosotros, el incendio arrancó el viernes y no un par de días después. Si hubiéramos hecho el trekking original, y el fuego se hubiera iniciado el domingo o el lunes, podríamos haber quedado atrapados en medio del incendio forestal.

Lo negativo: Se perdieron 1300 hectáreas, y todas las fichas apuntan a que uno de los dos focos de incendio iniciales fue intencional. Esto es un "secreto a voces", no es la primera vez que pasa… y pareciera que la justicia y el gobierno nunca hacen nada. Caminar por un bosque incendiado es desolador. Caminar por un bosque "vivo" y ver y tocar árboles que tienen cientos de años, y pensar que un hijo de remilputa puede prenderles fuego por sus reconchudos intereses económicos y acabar en horas con lo que la naturaleza construyó en siglos, genera una sensación de impotencia indescriptible.

Pero bueno… that’s life. Confío en que si seguimos haciendo este tipo de pelotudeces, oportunamente la Naturaleza seleccionará a nuestra especie para la extinción. Creo que como especie en conjunto, nos lo merecemos cada día un poquito más, realmente.

Por lo pronto, vayamos a lo bueno, un excelente trekking con un excelente grupo. 

Gaia en nuevas manos

El sábado a la tarde, bastante más tarde de lo previsto gracias a que el micro Bs.As./Bariloche se retrasó, y perdimos nuestra combinación a El Bolsón, llegamos a Gaia, el albergue en el que pasaríamos la primer y última noche, y en el que ya he estado otras veces. Fue una sorpresa encontrarlo en nuevas manos, afortunadamente buenas manos. Nos sentimos re-cómodos, y nos atendieron re-bien. Alejandra, Ariel: ¡Gracias por cuidar de Gaia, y mantener su espíritu!

Una vez que estuvimos todos reunidos en el albergue (fuimos llegando en distintos horarios), Pablo aprovechó para contarnos como venía la mano con el incendio, y confirmarnos que dadas las circunstancias, había que cambiar la travesía original, y que íbamos a hacer la travesía Azul/Encanto Blanco. Fue también un momento de reencuentros varios, ya que al ser un grupo de "reincidentes" de Hielo Azul, muchos nos conocíamos de otros viajes.

Esa misma noche cenamos unas riquísimas pizzas caseras, escuchamos algo de música en piano improvisada por Ariel, y a pesar del cansancio del viaje nos fuimos a dormir bastante tarde.

Hacia el Retamal, pasando por el Cajón del Azul

Fue en vano intentar convencer a Pablo de salir más tarde al día siguiente… hasta se jugó el horario de salida en un mano a mano al Truco después de la pizzeada, Pablo perdió, pero igual salimos tempranito (aunque no tanto como él hubiera querido), luego de un espectacular desayuno (¡qué buenos los desayunos de Gaia!).

Fuimos al punto de partida en las 4×4 que originalmente se habían contratado para el otro trekking, que tenía un acceso más complicado (y de ahí la necesidad de vehículos especiales). Para ir hasta el Azul la verdad que las 4×4 fueron un lujo, y lo bueno fue que nos ahorraron la tediosa "subida" inicial, que de haber ido con una combi normal, tendríamos que haber hecho a pie.

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Y así iniciamos el primer día de marcha, remontando el río Azul, pasando por el Cajón del Azul (lugar en el que ya había estado en otra travesía, y que no deja de sorprenderme), y continuando hasta el Retamal, un refugio que está un par de horas de marcha río arriba. Llegamos tempranito, iniciando un patrón que se repitió absolutamente todos los días: llegar al lugar de acampe a media tarde, a pleno sol, con tiempo de armar el campamento tranquis, merendar, disfrutar del lugar, descansar, etc., etc. Para esto ayudó el tiempo (excelente), el terreno (seco, con muchos arroyitos que debíamos vadear transformados en un hilito de agua, o directamente un lecho de piedras), y el grupo (realmente "de elite", jeje… todos caminadores).

No conocía el Retamal. Es un lugar precioso, una especie de praderita en un claro del bosque, cerca del río, con un refugio muy lindo y muy cómodo, suficiente lugar para armar las carpas sin amontonarse con otros grupos. Después de descansar un rato, iniciamos también el rito de probar la cerveza artesanal del lugar (los 3 refugios por los que pasamos tenían cerveza artesanal de elaboración propia), merendamos, algunos jugamos al truco (¡Dios! hacía *años*, literalmente, que no jugaba un partido de truco), en fin… acampamos.

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Los Laguitos

A la mañana siguiente partimos para Los Laguitos, otro refugio "clásico" que no conocía. Llegamos también temprano a la tarde, y hacía suficiente calor para justificar una zambullida en el lago. Helado. Duré algo así como 2′, pero después de varias horas de trekking, fue el mejor energizante que uno puede encontrar.

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La madrugada del martes tuvo una sorpresa: Un rato después que nosacostamos, y cuando todavía estábamos charlando en las carpas y todavíala mayoría no se había dormido, la tierra se movió. Posta. Nos quedamostodos bastante sorprendidos por la experiencia, y la conclusión generalfue que había sido un pequeño sismo. Y resulta que sí. Vean si no: El Instituto Nacional de Prevención Sísimica (INPRES) supongo que no miente.

¿Cómo se siente un sismo? Es raro. Puedo contar lo que sentí yo estando acostado en una carpa, o sea, en el suelo. ¿Alguna vez acamparon en un lugar agreste —o sea, no un "camping organizado"—, y sintieron correr alguna tropilla de caballos, o a un grupo de mulas, o vacas, o algún otro animal más o menos grande? Bueno, primero a lo lejos se sintió algo así. Unos segundos después se hizo más fuerte, y primero se sacudió el sobretecho de la carpa, como si alguien hubiera aflojado los vientos, e inmediatamente después, se sintió el temblor en el suelo. Suena raro esto de "primero se sacudió el sobretecho, y después se sintió el temblor", porque etamos hablando del mismo lugar, pero posta, así lo sentí yo. Toda la historieta duró algunos segundos, y culminó con una especie de estruendo a lo lejos. Suponemos (y esto es pura conjetura…), que el estruendo fue algún derrumbe en alguno de los cerros cercanos.

En Los Laguitos nos quedamos 2 días, y aprovechamos el 2do (que era el "día libre" de la travesía) para ir hasta el lago Soberanía, a unas 2hs de marcha desde el refugio. Almorzamos a orillas de este lago, Charly y Angel intentaron pescar alguna trucha (esta primera vez, sin suerte, pero ya tendríamos la revancha…), nos metimos al lago, hicimos un poco de huevo o siesta a elección del consumidor :p, y emprendimos el regreso. Para los memoriosos: Si, este es el lago cuyo acceso desde la ruta está "comprado" y virtualmente bloqueado por un extranjero, y hoy por hoy una de las pocas maneras de accedelo es a pie o a caballo usando esta picada que parte desde Los Laguitos.

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Esa noche el plan era mantener el fogón andando hasta las 0.00 del miércoles, cumple de Pablo, y sorprenderlo con una torta que le habíamos encargado a los refugieros. Estábamos tan cansados, y Pablo el primero, que terminamos festejando el cumple a las 23.00 del martes… con la excusa de que en definitiva según la hora K, ya era miércoles en Bs. As.

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Mallín de los Chanchos

El miércoles retrocedimos un poco sobre nuestros pasos hasta el Mallín de los Chanchos, lugar que habíamos atravesado el lunes, pero esta vez para acampar por la zona. Producto de la sequía, al mallín ya le queda poco y nada de mallín. No está para nada pantanoso. Almorzamos en el mismo lugar que el lunes, antes de acampar, aunque esta vez a orillas del arroyo. Un lugar espectacular. Y de paso, recuperamos el cucharón del campamento, que había quedado olvidado el lunes. Esto de perder un cucharón en el bosque, y recuperarlo 2 días después, sirve de prueba de que no es un lugar tan transitado, después de todo.

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Charly y Angel volvieron a la pesca, y esta vez Charly terminó sacando 3 truchas de un tamaño respetable (después de devolver al agua unas cuantas más que eran muy chiquitas), que fueron hechas a la cacerola por Ale junto con la cena, y degustadas entre todos. Un manjar.

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Encanto Blanco

El jueves partimos para el refugio Valle del Encanto Blanco, cuyo acceso desde el Mallín de los Chanchos es bastante largo, e implica la trepada (cuasi-literalmente, porque en más de un tramo hay que colgarse de las cañas colihues y las lengas) de un cerro, para luego bajar por la otra ladera. Fue agotador, pero muy entretenido. Además, a medida que ganábamos altura, la vista iba garpando cada gota de sudor invertida en la trepada.

Como veníamos con buen ritmo, se decidió pegarle derecho hasta el refugio, en lugar de parar a almorzar a mitad de camino. Se hizo un poco largo, pero alrededor de las 14 terminamos llegando al refugio, almorzamos, y pintó siesta prácticamente para todo el mundo.

Esa noche la cena estuvo a cargo de los refugieros del Encanto, que se prepararon un guiso es-pec-ta-cu-lar.

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El día siguiente era el último de la travesía, y como iba a ser un día relativamente tranquilo en tiempos de marcha, se planificó almorzar en el refugio, temprano, y partir después de almorzar. Eso dejaba la mañana libre; algunos aprovechamos para descansar, charlar y matear, y otra parte del grupo hizo una pequeña excursión hasta un mirador cercano.

Una vez que el grupo estuvo otra vez reunido, desarmamos campamento, almorzamos unas pizzas caseras amasadas y preparadas por la gente del refugio (¡buenísimas!), y emprendimos el regreso.

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Perito Moreno y asado de despedida en Gaia

Arrancamos el trekking desde El Encanto Blanco hasta el refugio del Cerro Perito Moreno, que en invierno es un pequeño centro de ski. El camino es realmente muy lindo, pero la verdad hacía muchísimo calor, y eso, sumado a que al menos yo siempre en el último trekking entro un poco en modalidad "listo, quiero llegar", le quitó un poco de magia. Llegamos a destino a eso de las 16, y la combi ya nos estaba esperando.

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Volvimos a Gaia, y después de una bueeeeeena ducha, nos dedicamos a descansar, tomar cerveza, jugar al truco, y básicamente, esperar el asado de la noche.

Nota al margen: todos los refugios que visitamos contaban con ducha "a leña", que supimos aprovechar, y eso, sumado a las zambullidas en los lagos hizo que no llegaramos a Gaia "tan" zaparrastrosos… pero no hay nada como una ducha de verdad, en un baño de verdad, luego de una semana de trekking.

El asado se hizo esperar. Mucho. Pero mucho. La buena noticia es que valió la pena. Y no, no por el "truco" de Facundo que dice que lo bueno de demorar un asado y hacerlo bien lento es que después la gente come lo que venga ;) , estaba realmente buenísimo —obviamente sin desmerecer algunos asados de Facu, igualmente lentos y buenísimos—

Conclusión: Una travesía espectacular, como siempre.

Algunas señas particulares de este viaje, que merecen ser destacados:

  • que hayamos conformado un grupo de 100% de "reincidentes", garpa. El grupo fue re-compacto, funcionaba casi solo, no hubo sorpresas, todos teníamos claro como es una travesía;
  • llegamos a todos los campamentos temprano, supongo que en buena medida gracias a lo anterior. Y esto no siempre se da, y está buenísimo. No es lo mismo llegar al lugar de acampe cagando aceite sobre la hora de la merienda, tirando para la cena, o peor, de noche, que a media tarde. Las horas de armar el campamento tranquis, descansar, "vivir" el lugar, no tienen precio;
  • me encontré con Sandra en la terminal de Bariloche a la ida, y me regaló sus bastones de trekking. Es la primera travesía que hago con bastones, y realmente mis rodillas agradecidas. Al principio se siente un poco "raro", pero con el correr de los días les fui tomando la mano. Realmente los aproveché. Algunos dicen que lo malo es que uno se acostumbra y se vuelve un tanto dependiente, y después no tiene buen equilibrio cuando le faltan los bastones… pero bueno, prefiero muchos años más de trekking con bastones si eso ayuda a que mis rodillas jodan menos;
  • ¡cómo jugué al truco! Sí, ya se, esto no tiene nada que ver con el trekking en sí, pero este viaje fue mi reencuentro con este juego, y lo disfruté un montón;

Más fotos del viaje, acá: Río Azul – Encanto Blanco ’09

 

Fiaca en Bariloche

Luego de las emociones de la semana anterior, los días de vacaciones que disfruté en Bariloche fueron muuuuuuy tranquilos.

Me quedé en casa de Sandra, a la altura del km 13 de la Bustillo, en un barrio de las afueras muy lindo. Las actividades fueron dormir, comer, dormir siesta, caminar un poco, pasear por el centro, y hasta ver tele. San me malcrió una semana entera con espectaculares desayunos y meriendas (al menos comparados con mis pobres desayunos, y mis no-existentes meriendas, eran espectaculares).

Al centro fui varias veces (sí, desde el km 13 y en bondi es casi una excursión…), y aproveché para caminarlo bastante. Hacía muchísimo tiempo que no estaba en Bariloche más de unas horas, y que no lo caminaba. Impresionante la cantidad de turistas (nacionales y extranjeros); está absolutamente DESBORDADO en capacidad e infraestructura en un montón de servicios. Está todo carísimo, mal.

Las excursiones más "locas" fueron ir hasta el Llao Llao, pasear por las afueras del hotel y hacer un tekking de más o menos 1h por un sendero que parte de ahí y lleva hasta el lago Escondido por un sendero muy tranqui y bonito, que incluye un bosquesito de arrayanes. También ir hasta el cerro Campanario, pasear en su aerosilla, y disfrutar de la vista (y la confitería…) de la cumbre. Y presenciar en el centro, a orillas del Nahuel Huapi, la final de la competencia de windsurf y kaiser.

Me junté un par de veces con Pablo. La primera vez, una tarde a tomar unas cervezas artesanales en La Cruz, con un amigo de él (Ernesto), acompañadas de nachos, tacos y tortillas. La segunda vez cenamos en su casa, así que también pude compartir un rato con Denise y Santi. Impresionante como creció Santi… como pegó un estirón en el último año, como conversa. De postre comimos un rico helado de Jauja (je, ¿de dónde más?), ritual que dicho sea de paso repetí cada vez que fui al centro.

Hubiera estado bueno compartir un poco más de tiempo con Pablo y Denise, pero fueron pocos días, y en la semana ellos estaban trabajando, no de vacaciones al pedo como yo, y se complicó.

En definitiva, fue una semana de relax y de vivir Bariloche, un poco como turista fiacoso, y otro poco casi casi como si fuera un residente.

Fotos, acá