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La vuelta a los Hielos

Como comentaba el otro día al escribir sobre El Chaltén, cuando visité ese pueblo alrededor del año 2000 escuché hablar sobre la vuelta a los Hielos Continentales. Y a partir de ahí, quedó guardado en mi cabeza el tema como una de esas cosas onda “uh… algún día me gustaría hacer eso…”

Algún día.

El día llegó medio de repente, en gran parte gracias a Pau y Charly, que por diversos motivos se pusieron las pilas para concretarlo este año, y me terminaron subiendo al barco. Mucha resistencia la verdad no ofrecí ;-)

De paso, Pau y Charly me demostraron (sin querer), como varias otras personas en diferentes contextos/oportunidades, que para concretar algunos sueños o proyectos solo hay que… bueno, concretarlos. Esperarlos no suele ser un buen plan (¡ey! ¿hay algún psicólogo en la sala, por favor?). Creo que va siendo hora de que tome nota de esto. Posta.

Decía, el día llegó medio de repente. Un día estaba discutiendo y analizando propuestas, otro día estaba charlando sobre el equipo necesario, otro día estaba comprando pasaje de avión, otro estaba tomando una cerveza en Antares para conocer a Osvaldo y a José (dos integrantes más del grupo), una mañana estaba caminando con la mochi cargada en la Reserva de Costanera Sur para entrenar y charlar un rato con Pau, Charly y José… y un día estaba subiéndome a un vuelo de Aerolíneas Argentinas con destino a El Calafate.

Y una mañana nublada de enero, después de pasar un par de días hermosos en El Chaltén, arrancó la travesía.

Etapa I: El Chaltén – Piedra del Fraile – La Playita

Primer día, muchas expectativas, algo de nervios, y más que nada, la incertidumbre del clima. El tiempo se venía pudriendo, y el pronóstico no era muy alentador. En El Chaltén estaba haciendo un calor atípico desde hacía muchos días, y los ríos estaban con mucha agua. Y la pregunta del millón era… ¿vamos a poder vadear el río Pollone?

Piedra del Fraile

Piedra del Fraile

Fuimos en vehículo hasta el puente sobre el río Eléctrico, y de ahí arrancamos un trekking tranquilo por un lindo bosquesito, bajo un cielo nublado, sin viento, y con llovizna de a ratos. Almorzamos en Piedra del Fraile, que nos regaló un poco de sol, y continuamos nuestra marcha para encarar al bendito río Pollone.

Y sí, el río tenía mucha agua. Diego y el Boti (nuestros guías) tardaron un buen rato en encontrar un paso más o menos potable, y de todas maneras hubo que poner una cuerda para cruzar un poco más seguros. Este vadeo fue el hito del día, y me quedará grabado para siempre lo fría, lo terriblemente fría que estaba el agua, al punto de que dolían los pies a los pocos segundos de tenerlos sumergidos.

Arroyo Pollone

Arroyo Pollone

Etapa II: La Playita – Paso Marconi – Refugio Gorra Blanca

¡Poné una soga!

¡Poné una soga!

Día D. El Paso Marconi era nuestra puerta de entrada al Campo de Hielo. El clima seguía bastante dudoso. Fue un trekking más o menos tranquilo hasta que entramos a caminar por entre las piedras en la morrena del Glaciar Marconi. El glaciar ha retrocedido mucho en los últimos años, y hay que entrar a trepar por entre las rocas. Una vez más hubo que recurrir a las cuerdas, la cosa estaba resbaladiza (¡como pule la piedra el hielo!), pero seguimos adelante.

Seracs

Seracs

El tiempo empezó a pudrirse un poco más arriba, bajaron las nubes, refrescó, apareció el viento, se largo una nevizca, y después el viento empezó a soplar más fuerte. A esta altura ya estábamos caminando por el hielo, encordados y con raquetas. Y cuando estábamos en el tramo más complicado, una zona en la que hay que ir sorteando grietas continuamente, el tiempo se pudrió del todo. Sinceramente no se cuanto tiempo caminamos en esas condiciones, pero a mi se me hizo mucho. El viento soplaba con todo, había muy poca visibilidad, fue un rato de bastante estrés y bastante tensión. Pero poco a poco el terreno fue mejorando, el viento fue calmando, y de pronto…

Nubes en la nieve

Nubes en la nieve

… la nada. De pronto caí en la cuenta que estaba pisando un manto de nieve, que el viento había calmado, que en el horizonte el sol se filtraba por entre las nubes, que se mezclaba la nieve con la cordillera y con el cielo, que estaba en una inmensidad blanca y silenciosa. Estaba caminando en el campo de hielo. Estaba fascinado. Emocionado.

De aquí en más el camino hasta el refugio, que se veía lejos en el horizonte, era bastante simple. Pero ya estábamos cansados, y parecía que el refugio se burlaba de nosotros y se alejaba un poco más a cada paso que dábamos. Posta. No llegábamos nunca.

Hasta que llegamos.

Etapa III: Refugio Gorra Blanca – Circo de los Altares

Refugio Gorra Blanca

Refugio Gorra Blanca

El refu nos albergó en total dos noches. El día siguiente a nuestra llegada fue de descanso, mateada, charlas y partidas de truco, salpicadas por algunos mínimos paseitos por los alrededores para sacar fotos y contemplar el maravilloso paisaje. Uno de los planes originales para ese día era intentar el ascenso al cerro Gorra Blanca, pero quedó descartado porque el tiempo no estaba bueno, y Diego consideró además que no nos habíamos desenvuelto suficientemente bien caminando con grampones en el Marconi… la verdad, creo que nadie lo lamentó demasiado. El descanso era necesario, y si bien la vista del campo de hielo desde la cumbre del Gorra Blanca debe ser alucinante, lo cierto es que ese día el cerro estaba completamente tapado de nubes.

Hacia el Circo de los Altares

Hacia el Circo de los Altares

Al otro día, arrancamos hacia nuestro próximo destino, el Circo de los Altares. El tiempo estaba mejorando, y según el pronóstico actualizado que nos habían pasado (¡qué buen invento el teléfono satelital!), sería el mejor día de la semana. Que fuera el mejor no significaba que fuera bueno, pero… era lo que había.

Fue otro día de marcha tranquila por el campo de hielo, esquivando alguna que otra grieta. De a poco fue despejando, aunque no del todo, y el viento no apareció.

Y llegamos al Circo de los Altares, algo que para mi era el hito de la travesía. Y sin embargo… de entrada no me enamoró. No se si fue por la cantidad de fotos que ya había visto, si fue porque lo encontré parcialmente tapado, si fue el cansancio o la suma de todo, pero de alguna manera, el impacto no fue el que yo esperaba. No me malinterpreten: es impresionante, es imponente, es hermoso… pero yo esperaba más. Expectativas, supongo.

Armando las carpas

Armando las carpas

El armado del campamento fue muy divertido, y llevó dos horas. Dos largas horas, para construir el muro de hielo, y armar las carpas.

El atardecer tuvo más magia, estaba un poquito más despejado, había arco iris por todos lados, me deleité con nubes locas, loquísimas, y raros reflejos del sol. De a poquito el Circo de los Altares me iba diciendo “¿ves pedazo de pelotudo que este lugar que decís que no cumplió tus expectativas es maravilloso?”

Nubes mágicas

Nubes mágicas

Etapa IV: Circo de los Altares – Laguna Ferrari – Refugio Paso del Viento

El tiempo empezaba a portarse bien del todo. Se fue despejando. Y ver aparecer el sol por atrás del Torre fue muy especial. Finalmente estaba conectándome con el lugar, justo cuando teníamos que dejarlo. Ufa. Hubiera estado genial pasar un día más en el Circo de los Altares, pero había un programa a seguir. No se puede todo en la vida…

Circo de los Altares

Circo de los Altares

La jornada hasta el refugio Paso del Viento fue muy larga. Arrancó tranqui, muy similar al día anterior, caminando por el campo de hielo, hasta que nos “bajamos” al costadito del glaciar Viedma.

La cosa se fue poniendo más áspera caminando por la morrena del glaciar, porque el terreno está muy erosionado. Típico pasaje con mucha piedra grande en la que no hay un camino marcado, sino que hay que buscar por donde pasar a cada paso. Y el viento de a ratos demostró que no por nada estábamos en las cercanías de Paso del Viento.

Refugio Paso del Viento

Refugio Paso del Viento

Poco a poco fuimos saliendo del terreno complicado, el viento se fue a dormir, pasamos por la laguna Ferrari, y finalmente, después de un total de diez horas de larga, larguísima marcha, llegamos al refugio Paso del Viento.

Etapa V: Refugio Paso del Viento – Paso del Viento – Laguna Toro

Mate

Mate

Llegar al refu fue una bendición. Muchos aprovechamos los últimos rayitos de sol para un baño polaco en la laguna y todo. Fue reparador. El día siguiente era libre, y nos quedamos en el refu, tomando sol, secando algunas cosas, mateando, jugando al truco, disfrutando.

Hasta que volvió a aparecer la preocupación por el vadeo de un río, esta vez, el río Toro (o Túnel, como más te guste). Nos enteramos que la gente que venía desde Laguna Toro para hacer el circuito del Huemul, por ejemplo, o se volvía, o terminaba cruzando muy de madrugada, cuando la temperatura es más baja y el río viene con menor caudal.

La gente que nos iba a traer el morfi para los días siguientes no pudo cruzar el día de nuestra llegada al refu, y se volvió para hacer un nuevo intento a la madrugada. Finalmente pudieron cruzar, con el agua a la cintura y mucha dificultad, y llegar hasta el refugio (¡genia Marreika!).

Al día siguiente nos tocaría a nosotros…

Paso del Viento

Paso del Viento

Salimos temprano para Paso del Viento, donde almorzamos. El día estaba espectacular, el viento… bien gracias (¿dónde estaba el viento de Paso del Viento?). Estuvimos un buen rato disfrutando del panorama, y luego partimos hacia el río, a ver que nos deparaba el destino.

Era más de mediodía, y el sol estaba fuertísimo, y había estado igual el dia anterior, así que el río venía con todo. Después de sopesar un poco las alternativas, los guías decidieron cruzar por la tirolesa. Vos dirás, “¡avisá! ¿había una tirolesa? ¿por qué tanto lío entonces?”. Bueno, uno de los cables de la tirolesa tiene un anclaje salido. Y varios hilos de acero cortados. No es la tirolesa más confiable, digamos. Y está en un cañadón bastante profundo y caudaloso. No sería divertido caerse justo ahí…

Tirolesa sobre el río Túnel

Tirolesa sobre el río Túnel

Sin embargo, y a pesar de todas las advertencias, había mucha gente cruzando. De todas maneras, Diego, el Boti y Cristian se ocuparon de reforzar con cuerdas el asunto, y de hacernos cruzar asegurados, para minimizar las probabilidades de que ocurriera algo feo. Desde afuera, tal vez por la inexperiencia en tirolesas y la incapacidad de evaluar correctamente el riesgo, debo decir que a mi me resultó más divertido cruzar haciendo tirolesa que intentar un vadeo metiendo las patas en el agua helada y correntosa…

Superado el cruce del río Toro, después de un rato más de trekking sin novedades llegamos a nuestro último campamento.

Etapa VI: Laguna Toro – El Chaltén

Último día. Sería una jornada tranquila, aunque relativamente larga. Y el hito del día, por así decirlo, era la subidita que arrancaba al ratito nomás de salir de Laguna Toro. Tranquila, pero constante.

Lago Viedma

Lago Viedma

El premio fue llegar a un hermoso prado en donde almorzamos, otra vez bajo un sol espectacular, con vista por un lado hacia el lago Viedma, por otro hacia el Fitz Roy y el Torre, y por otro hacia el cordón Moreno. Sobraban los tábanos, eso sí.

De ahí empalmamos con el camino de trekking que va a la Loma del Pliegue Tumbado, directo hacia El Chaltén, sin paradas intermedias, siempre con espectaculares vistas del Fitz a nuestras espaldas.

Y fin

Fue una travesía muy especial, en muchos sentidos. Primero, porque fue un sueño concretado, y porque es impresionante. El campo de hielo es impresionante, el Circo de los Altares es impresionante (sí sí, tuvimos nuestros problemitas en un primer momento, pero los superamos).

Pero también porque tiene muchos condimentos: bosque, pradera, hielo, nieve, grietas, morrenas, lagunas, arroyos, ríos, piedra, acarreo, refugios, campamento, campamento en hielo, pasos de altura, glaciares, caminatas con grampones, con raquetas, encordadas, sol, viento, frío, calor, nubes, ¿qué más querés? Ah, sí, ¡tirolesa!

Desde lo técnico sentí que fue un desafío, y estuvo en dificultad un escaloncito más arriba de las cosas que había hecho hasta ahora. Las jornadas de marcha eran largas, y a muy buen ritmo. La mochi fue siempre pesada, especialmente los primeros días. Los grampones son un dolor de huevos, ahí me falta experiencia. Fue mi primera vez caminando con raquetas, pero encontré que caminar con raquetas es casi natural (hasta que intentás ir para atrás y terminás de culo en el piso). Fue mi primera vez caminando encordado, y eso resultó toda una experiencia, porque te impone sí o sí un ritmo, hay que ir todo el tiempo prestando atención para no pisar las cuerdas, porque en cierta manera es más “solitario” (que paradoja que caminar atado a otros sea más solitario, ¿no?), y me encontré bastante más conectado con el entorno que si uno va suelto, charlando, moviéndose de acá para allá, haciendo la suya. Nunca había armado una carpa directamente en el hielo, ni construído un muro de hielo. Nunca les había sacado tanto el jugo a los bastones de trekking.

También fue una oportunidad para poner en práctica toda la experiencia acumulada, y cada travesía previa, cada campamento, cada ascenso, cada subida, cada bajada, cada vadeo, cada salida a correr, cada sábado a la mañana entrenando en Palermo, cada paso que fui dando todos estos años de trekking y montaña, sumó.

Y pensé mucho en mucha gente con la que caminé y me enseñó a caminar. No se muy bien por qué, fue un viaje bastante introspectivo también. Tuvo su faceta de “círculo que se cierra”, de haberle encontrado un propósito o un destino a vivencias previas.

Fue una experiencia impactante, emocionante, inolvidable.

Todas las fotos, acá: Hielos Continentales 2012

El Chaltén

El Chaltén fue uno de los destinos de un viaje por la Patagonia hace más de 10 años. Un viaje que se caracterizó por conocer mucho y poco a la vez, porque fueron demasiadas impresiones y lugares para solamente 15 días. Pero El Chaltén, junto con Ushuaia, dejaron su marca. Tal vez porque fueron los lugares en los que estuve más tiempo, tal vez porque son mágicos. O ambas cosas.

Mi memoria es bastante mala, así que tampoco tengo un recuerdo preciso de aquella vez, pero atesoro algunos momentos muy especiales, como por ejemplo contemplar la Laguna de los Tres. El Fitz Roy. El Cerro Torre.

También fue en aquel viaje, y en ese lugar, cuando escuché hablar por primera vez de la mística vuelta a los Hielos Continentales. Algo que en aquel momento me resultó loquísimo, inalcanzable. Pero el tiempo tiene sus mañas, la vida te aporta experiencias y vivencias. Y acá estaba hace menos de 20 días, volviendo a El Chaltén, y para dar la vuelta a los Hielos.

El Chaltén

El Chaltén por cHagHi | CC by-nc-nd

El Chaltén creció mucho, muchísimo. De entrada nomás el camino desde El Calafate está completamente asfaltado. Las calles del pueblo también (la mayoría). Hay internet, aunque suckea. No hay cobertura de telefonía móvil.

Hay cosas que se mantuvieron: está lleno de extranjeros, mochileros y escaladores. Mucha juventud. Poca población estable, la mayoría se muda al pueblo para la temporada (noviembre a marzo), y luego se va a otro lado (muchas veces San Martín de los Andes, o Bariloche, o Río Gallegos, o alguna otra ciudad patagónica). Poca población autóctona. Unos cuantos porteños que se bajaron del mundo y quedaron allí.

Y hay cosas que descubrí en este viaje durante los días que estuve en el pueblo. Todo es colorido. Llama la atención el uso de los colores en los interiores de los comercios y locales. Mucho estilo. Se come muy bien, y en general, no puede decirse que sea caro, considerando la calidad de los platos y los lugares, y teniendo en cuenta que hay mucho extranjero con dólares y euros. Se escucha buena música, no un estilo particular, no se bien como describirlo (la música es una experiencia subjetiva), pero es una constante.

Hay cosas que no están tan bien, o están mal del todo, y es una pena que un pueblo tan jóven no pueda superarlas: no hay planificación urbana, no hay control sobre el tipo de edificaciones, no hay tratamiento de residuos. Hay una invasión de moscas, pero mal. Hay algunas iniciativas particulares o vecinales para encarar algunas de estas problemáticas, pero aparentemente la máquina burocrática estatal es más fuerte. Incluso en un lugar tan chico. Una pena.

Hostel Pioneros del Valle

Hostel Pioneros del Valle

Yo pasé unos días espectaculares. Nos hospedamos en el hostel Pioneros del Valle, que resultó muy bueno. Lo único criticable es que no ofrezca desayuno. Llegamos un viernes por la tarde con Charly, y luego de instalarnos, nos fuimos a comer algo a La Vinería. Altas picadas. Y una excelente selección de vinos.

Por la noche nos reunimos con Pau. Estela, Osvaldo y José, que habían llegado el día anterior, y ya descansados, habían aprovechado el día para hacer el trekking hasta Laguna de los Tres y Laguna Sucia. Cenamos en El Muro, y nos fuimos a descansar (bueno, no todos…)

Laguna y Cerro Torre

Laguna y Cerro Torre

El sábado aprovechamos el excelente día para ir todos juntos hasta la Laguna Torre, un trekking que no había hecho en aquella primera visita de hace años atrás. El día realmente estuvo espléndido. Por la noche, cenamos en Ritual del Fuego, otro lugar recomendable (como todos, absolutamente todos los lugares a los que fuimos a comer o tomar algo).

El domingo era el día de preparativos. Mientras José preparaba un excelente asadazo asistido por Charly, fuimos revisando equipo y preparativos para el arranque de la travesía con Diego, nuestro guía. Habíamos pasado por la mañana temprano a buscar parte del equipo (carpas, arneses, grampones, raquetas, raciones de marcha, desayunos y viandas de almuerzo fueron desde el inicio con nosotros). Diego nos asesoró sobre que llevar, que dejar, armado de mochis, el armado de las carpas con recomendaciones para la (muy probable) situación de tener que armarlas con viento, ajuste de grampones y raquetas. Y en el medio compartimos un excelente asado. También conocimos a Alex, un madrileño que también sería parte de la partida, y venía a pseudo-reintentar lo de los Hielos. Pseudo porque el año pasado había venido no para hacer la vuelta completa, sino para subir el Gorra Blanca, al que se se accede vía Paso Marconi, y está dentro del Campo de Hielo.

Ritual del Fuego

Ritual del Fuego

Fuera de eso, fue un día de descanso, relax, nervios. Hicimos el trámite de migraciones en Gendarmería (durante la travesía se pasa a Chile, y aunque no hay controles migratorios, nunca se sabe, y además, es lo que corresponde). Aprovechamos con Charly para compartir una cerveza con el Aleui, que justo estaba en el pueblo.

Por la noche, tuvimos la cena de bienvenida de Serac Expediciones, y terminamos nuevamente en La Vinería, que resultó ser del hermano de Diego. Y conocimos al Boti, el segundo guía.

El pronóstico del tiempo no era muy alentador, y de hecho el lunes por la madrugada al salir de La Vinería nos agarró la lluvia. Pero eso serían preocupaciones para el arranque de la travesía, unas horas después. Y esa… esa es otra historia.

Todas las fotos de los días previos a la travesía, acá: El Chaltén 2012

Repasando estas fotos, me encontré que hay muchas cosas que debería haber fotografiado, y no se por qué, no lo hice: el interior del hostel, La Vinería, El Muro, El Ritual del Fuego, el asado, los preparativos. Confío en que Pau, Charly, Osvaldo y/o José hayan capturado esos instantes por mi…

De Colonia Suiza… a Mascardi

Segunda (y última!) parte de mis vacaciones, para variar, con Hielo Azul Aventura :P La primera parte te la conté acá.

A lo mejor leíste “De Colonia Suiza…” y tu cerebro autocompletó “… a Pampa Linda”. Y sí, está muy bien que tu cerebro haya hecho eso: ese era el plan original, esa es la travesía “típica”, aunque también en nuestro plan original la íbamos a des-tipificar un toque con algunas variantes.

Pero resulta que llovió, lloviznó, lluv-algo toda la semana, y finalmente des-tipificamos la travesía por la lluvia. Primera vez que me pasa en verano que el tiempo esté entre horrible y mas-o-menos-feo una semana completa, sin dar tregua. Y acá es cuando agradecés dos cosas:

  • Estar entre buenos amigos. A mi el mal tiempo me pone un poco “down”, así que es buenísimo estar entre amigos, y hacerle frente al mal tiempo entre todos
  • Que te guste la montaña y no la playa. Si vas a la playa y llueve… alpiste. Si estás en la montaña, se puede disfrutar igual

Así que a pesar de la lluvia y las nubes y los cambios de planes, la pasamos igual o mejor que cualquier otra oportunidad. Solo que alguna vez habrá que volver, para ver algunos paisajes de altura que se perdieron, y para conocer la laguna Ilón y Pampa Linda, que quedaron en el tintero.

¿Qué hicimos? Arrancamos en Colonia Suiza, en un hostel/complejo de cabañas del que no recuerdo el nombre (a ver si algún compañero de aventura ayuda acá) el Camping Ser donde nos organizamos y pasamos la primer noche. Al otro día luego de acomodar equipo, partimos hacia el primer destino: Laguna Negra. El tiempo nos acompaño dentro de todo bastante bien (el día anterior había llovido a cántaros), hasta la hora del almuerzo. Ahí se largó a llover… casi para siempre :P

ArroyitoTodavía había sol!

Caracol hacia Laguna NegraTodos esperábamos con intriga y cierto… mh… ¿temor? al famoso “caracol” de la última parte de la subida antes de llegar a Laguna Negra y al refugio Italia, pero la verdad, no fue para taaaaaanto. Ayudó que esté fresquito, nublado y lloviznoso. Calculo que con un sol que te parte la crisma se debe hacer más cuesta arriba de lo que en realidad es.

El primer cambio de planes fue parar en el refu Italia. La idea era pasar de largo Laguna Negra, y acampar más adelante, en un punto intermedio entre la Negra y la CAB, pero nos quedamos en el refu. Estaba muy ventoso, bastante frío, y lluvioso. El entorno del refu Italia es bellísimo. Me encantó el lugar y el refu en sí. Ese día hicimos vida de refu: mateamos, comimos, charlamos, jugamos al truco, a los dardos, seguimos comiendo, etc.

DardosAtrapasueñosRefugio Italia

A la mañana siguiente partimos hacia la CAB, el camino es muy lindo, tuvo un condimento extra de “aventura” haciendo un pseudo-rapel en una pasada que es complicada de hacer sin una soga. Subimos, bajamos, subimos, bajamos… y llegamos a la CAB. Accedimos a la laguna por una punta, y el campamento estaba en la otra. La verdad estábamos medio retrasados, queríamos llegar, así que en lugar de bordear la laguna por tierra, entre las lengas, la rodeamos por el agua. Estuvo bueno. Impresionante como bajaba la temperatura del agua cuando pasabas por el desagüe de algún arroyito.

Laguna NegraLaguna CAB

En la CAB nos quedamos a esperar al mal tiempo… y hubo que esperarlo 2 días y medio. La idea original era quedarse una sola noche allí, pero de la CAB había que subir hasta el Filo de los Cristales, y era complicado hacer eso bajo el agua. Así que movimos el “día libre” planeado para unos días después, y nos quedamos. Este fue el único momento en que el mal tiempo molestó. Primero porque estábamos con la incógnita de si íbamos a poder seguir o no. Si el clima no mejoraba, íbamos a tener que pegarnos la vuelta, porque ya no iban a dar los tiempos. Y por otro porque tuvimos que todo el tiempo hacer turnos en la carpa cocina para desayunar, almorzar, merendar y cenar, tuvimos que estar buena parte del tiempo en las carpas, nos mojamos, se nos mojaron las cosas, y al menos a mi me empezó a cambiar el humor.

Laguna CABFogónOllas

Pero aguantamos. Y nos cagamos de risa. Y disfrutamos de lindos fogones. E hicimos obras hidráulicas alrededor de las carpas.

Después de dos días, y del Concilio de los Guías (casi casi a la altura del Concilio de Elrond eh!), se conoció la decisión inapelable: seguir adelante. Uhu! Urra! Iupi! Y en ese momento quedó tomada la decisión de llegar hasta la Laguna Azul, y bajar hasta Mascardi, sin llegar a la Ilón y a Pampa Linda, porque ya no daban los tiempos.

Y partimos hacia el Mallín de las Vueltas, en donde acampamos y pasamos una noche. Muy lindo mallín. Y este campamento fue el lugar del primer mega-recital, con Ale y Luis a la cabeza, conociéndose todas, pero TODAS las letras de TODO, cosa que a esta altura me sigue sorprendiendo.

Laguna CABcHagHiRecital

De allí seguimos camino hacia el Filo de los Cristales, que divide el cerro Bonete del cerro Cristal. Impresionantes lajas. Y bocha de cristales de cuarzo. Destino final de ese día: la laguna Cretón. Objetivo: meterse a la laguna, a como de lugar. Y por suerte lo cumplimos. No es que cuando llegamos (por la tarde) el día estaba brutal, pero estaba mucho mejor. El sol se animaba a despuntar de a ratitos y todo. Así que nos dimos un chapuzón en la Cretón (no daba para mucho más, estaba helada!), disfrutamos de las cascadas, fuimos hasta la laguna, y…

Filo de los CristalesCascadaLaguna Creton

Fogón… comimos. Mucho. La Cretón era el punto de reabastecimiento de comida, y había comida pensada para el plan original de la travesía, más el día libre (que ya nos lo habíamos fumado en la CAB), así que había mucha comida. Pero mucha. ¿y qué mejor entonces que dedicarse a comer, eh? Hasta ensalada de fruta con crema hubo, fijate.

Y llegó el último día de travesía, que iba a ser largo. Había que subir hasta el col que separa los cerros Punta Negra y Capitán, bajar a la Laguna Azul, y luego seguir bajando hasta Mascardi. El camino hasta el col estuvo muy bueno, y la vista de la laguna en sí desde ahí arriba es impresionante. Hermosa. Nos quedamos un buen rato para disfrutar de la vista, y aprovechar los ratos en que las nubes se corrían y nos mostraban más de ese paisaje.

Laguna Azul

PicadaA partir de ahí, la ruta se fue poniendo más heavy. Entre una cosa y otra habíamos dejado el campamento en la Cretón tardísimo, y la bajada del col hasta la Laguna Azul se fue complicando un poco porque es todo un faldeo con mucha piedra suelta. Es cuestión de experiencia, y de afirmarte, y de confiar en tu pisada, pero se avanza lento. Llegamos bastante tarde a la Azul, y de ahí había que seguir hasta Mascardi. Nos quedaba un trecho importante todavía. Almorzamos una picada espectacular, y seguimos.

Toda la primer parte de la bajada va por la orilla de un arroyo que baja desde la laguna Azul. Fueron bastantes horas, agotadoras, porque el camino era difícil, de esos que tenés que ir prestando mucha atención donde pisás, que pisás, como pisás, por donde pasás. A mi me va quemando los papeles de a poquito… y no disfruté mucho del entorno (que es espectacular). Finalmente la ruta se interna en un bosque, en donde pasa a ser una picada de trekking “normalita”, marcada, en la que no queda más que caminar y disfrutar del bosque. Entrar al bosque fue un alivio y un placer, y empecé nuevamente a disfrutar de la cosa. Pero… es largo. Muy largo. Y llegó un punto que listo, quería llegar, bosque o no bosque, ya estaba bien de caminar, je.

Arroyo

Llegamos a Mascardi a última hora, y después de reagruparnos, fuimos en búsqueda de nuestro transporte, que nos llevó a Bariloche. Paramos en la Bolsa del Deporte, muy lindo hostel. Hacía añares que no paraba ahí. Era tardísimo, así que nos duchamos, y terminamos encargando pizzas para comer en el hostel. No daba para salir, primero porque era tarde, y segundo porque nadie tenía pilas. Así que los planes de salir de joda por Bariloche se terminaron frustrando. Una pena… pero bueno, no se puede todo en la vida che!

El último condimento fue el agua (pero no la que cayó del cielo, sino la que tomamos), o algo que a algunos nos cayó mal. Con distinto grado de intensidad, hubo 4 o 5 de nosotros que terminamos medio dados vuelta. Yo en particular a la mañana siguiente todavía tenía la pizza en la garganta, tanto es asi que no desayuné, y me mantuve a agua mineral, Sprite y Gatorade todo el día, incluso en el bondi de regreso, donde no almorcé, ni merendé, ni cené, ni desayuné a la mañana siguiente entrando a Baires. Sí, así de loquito estaba mi sistema digestivo.

Y así concluye la historia :) Estuvo buenísimo, a pesar del clima y el contratiempo digestivo del final. La travesía es muy muy linda, se pasa por lugares realmente increíbles. De las cosas que hice por la zona de Bariloche (que no han sido muchas, siempre me moví más por El Bolsón), hasta ahora es lo que más me gustó. El buen tiempo hubiera sido un plus para ver más paisajes (el Tronador por ejemplo se nos escondió todo el tiempo), y para disfrutar las lagunas y arroyos. Pero bueno, como decía al principio, habrá que volver :)

Selección de fotos de la travesía, acá: http://www.flickr.com/photos/chaghi/sets/72157625943039792/

O una presentación tipo diapositivas, acá: http://www.flickr.com/photos/chaghi/sets/72157625943039792/show/

En la Cordillera del Viento

El viaje a Vallecitos para hacer un poco de trekking y subir al Adolfo Calle en mayo del año pasado fue el puntapié inicial para empezar otra vez a pensar en ascensos, después de muchos, muchos años.

La siguiente meta era el Domuyo, en la Cordillera del Viento, Neuquén. El “Techo de la Patagonia”, ja. Resultó que no hubo cumbre, pero fue una experiencia sumamente gratificante en muchos sentidos. Y aprendí un montón de cosas.

Lo primero que hay que decir del Domuyo es que está LEJOS. Sí, sí, Neuquén no es tan lejos (desde el punto de vista de Buenos Aires), pero cuesta llegar. Bondi de Buenos Aires a Zapala. Bondi de Zapala a Chos Malal. Bondi de Chos Malal a Las Ovejas. Chata de Las Ovejas a Varvarco. Más de 24hs de viaje, y todavía NO estábamos en el Domuyo.

En Varvarco

Llegamos a Varvarco con algo de llovizna. Hasta ahí todo bien, estaba dentro del pronóstico: los primeros dos días se suponía que estarían feos, y después, teníamos pronóstico de buen tiempo. En Varvarco nos alojamos en unas cabañas para pasar la noche, y preparar el equipo para partir al día siguiente. Y conocimos a La Gallega, una celebridad en el pueblo, quien nos abrió su casa y nos preparó unos riquísimos fideos con estofado, acompañados por tortafritas. Sí, en lugar de pan, tortafritas. ¡Y qué tortafritas! Esa noche sufrimos una baja: uno de los muchachos se sintió mal, y prefirió volverse… así que quedamos Claudia, Fermín y yo, con Pablo y el Lechu como guías.

Arrancamos el lunes a media mañana en la misma chata que nos había traído a Varvarco, rumbo al “Playón de Estacionamiento”, punto de partida del ascenso, y lo más cerca que se puede llegar al Domuyo en vehículo. El recorrido dura un poco más de una hora, y es muy lindo. Los paisajes encierran un montón de sorpresas, con piedras “raras”, praderas salpicadas por piedras, “fumarolas” (toda la zona tiene aguas termales, con epicentro en el pueblo de Aguas Calientes, muy cerquita de allí), arroyitos, paredones… y más o menos a mitad de camino se aparece el señor Domuyo, desafiante, diciendo “acá estoy, soy el amo y señor de todo esto” :)

Rumbo al Domuyo
El Domuyo
El Domuyo
 

Ya en el Playón de Estacionamiento, organizamos el equipo que sería porteado hasta el campamento base a caballo (carpas, morfi, equipo de campamento), y nosotros arrancamos el trekking a pie. Fueron unas 3hs de marcha, tranqui, con parada para almorzar, en la que nos cruzamos con varios grupitos de personas que bajaban. Algunos habían hecho cumbre, otros no. Tiraron un par de tips, respecto a la cantidad de nieve y hielo, y seguimos marcha.

Al llegar al campamento base, a aprox. 3100 msnm, nos encontramos con que estábamos solos. Y así se mantendría: toda la gente (que no era mucha!) que había estado en el Domuyo se había vuelto ese día o el anterior, así que nos quedó todo el campamento (y todo el cerro), para nosotros. Armamos las carpas, nos organizamos, y nos dedicamos a descansar. Para mi era la primera experiencia de un campamento de este tipo, directamente en la montaña, sin bosque, sin reparo de ningún tipo, con no mucha agua.

Camino al campamento base
Llegando al campamento base
Campamento base
 

El atardecer de ese día fue espectacular. Cerca de la “golden hour”, me fui con el Lechu a hacer un mini-trekking más arriba, para ver como seguía el camino, y sacar fotos. Muchas fotos. Me harté de sacar fotos :)

En el Domuyo

Atardecer
 

El tiempo estaba espectacular, algo de viento pero normal. Hasta ahora el pronóstico se cumplía. Y creo que en ese momento todos sentíamos, en retrospectiva con mucha soberbia, “ya lo tenemos!”.

El martes el plan era subir parte del equipo al Campamento 2, aprox. a 3800 msnm, pasar un rato allí, hacer un poco de reconocimiento, y volver al Campamento Base. El objetivo era triple: aclimatar a la altura, portear parte del equipo para no ir tan cargados luego cuando nos fuéramos a instalar al otro día, y ver desde un poco más arriba y un poco más cerca como estaba la cosa. El trekking hasta el Campamento 2 fue tranqui, físicamente estábamos de 10, hicimos muy buen tiempo, llegamos enteros. Armamos una de las carpas, en las que quedaría el equipo, y almorzamos. Una parte del grupo se quedó descansando, y curioseando por los alrededores del campamento (yo opté por este plan), y Pablo y el Lechu subieron un poco más, junto con Fermín, a dejar el equipo de escalada y las piquetas aún más arriba, y ver como estaba el camino.

Rumbo al campamento 2
Llegando al campamento 2
Campamento 2
 

A media tarde regresamos al Campamento Base otra vez. Había algo más de viento, había más nubes, y aunque tratábamos de pensar en otra cosa y de confiar en el pronóstico… estaban pasando cosas no pronosticadas. Lo bueno de las nubes fue que nos regalaron otro atardecer espectacular, incluso mejor que el del día anterior :) Por la noche hubo bastante viento, fue complicado descansar, pero hasta ahí, manejable.

Atardecer
Atardecer
 

El miércoles volvimos a subir al Campamento 2, esta vez para quedarnos. Había bastante más viento que el día anterior, pero nada que impidiera seguir con los planes. Terminamos de armar el Campamento 2, almorzamos, aprovechamos para regular los crampones a nuestro calzado, y a discutir los planes para el jueves, nuestro día de cumbre. El viento soplaba cada vez más, la presión había bajado un poco… no había buenos augurios. Nos fuimos a dormir tempranito, con la idea de levantarnos tipo 2am, para salir bien de madrugada, cuando estadísticamente todo indica que debería ser más calmo.

Campamento 2, completo
Charla entre guías
 

Ya de por sí hubiera sido complicado descansar ese día, con los nervios del intento de cumbre del día siguiente, ni hablar si a eso le sumamos la preocupación de si podríamos salir o no, y… el recornudo viento. Viento, viento y más viento. No paraba. A las 2am seguía soplando como si nada. Decidimos descansar un par de horas más, y volver a evaluar la situación a las 4am. A esa hora seguía todo igual… después de un rato, igual nos pusimos en movimiento, como para estar listos y salir a las 6am a caminar. Desayunamos en las carpas, nos abrigamos con todo… y a las 6 salimos. Teníamos TODAS las ganas!

A medida que empezamos a subir, y que empezó a clarear, el viento se fue calmando. Parecía que finalmente todas las piezas encajaban. Después de un rato de marcha se apareció desde abajo, de la nada, un guía mendocino con su novia, que venían subiendo a las chapas, re-entrenados, vaya uno a saber desde donde. Y al rato… los reencontramos, aprox. a 4200 msnm. El guía no tenía crampones, y se había medio atascado en la parte más jodida del intento de cumbre, que es a mitad de camino, en una pendiente que normalmente debería tener bastante nieve y unos penitentes, pero que ahora tenía poca nieve, con lo cual había acarreo suelto, y encima, hielo. Pablo y Lechu se pusieron a evaluar alternativas, y mientras tanto nos calzamos los crampones. La cosa estaba técnicamente complicada… ¿seguíamos o no? Una posibilidad era que Pablo y Lechu pusieran una soga, la subida estaba garantizada, prácticamente, pero había dudas con la bajada. Que importante es eso. Yo en mi inexperiencia solo quería subir, nunca me pregunté si hacía el esfuerzo de pasar ese tramo en subida, como mierda lo iba a hacer en bajada, que siempre es técnicamente más complejo. Y que sí, que no, empezó a soplar el viento otra vez bastante… y aparecieron un par de nubes desde atrás… y… game over. Mission aborted. Bajemos.

Amanecer
Complicado...
Crampones
Bajando...
 

Y bajamos. El viento te volaba, mal. Aterricé de culo varias veces porque tenías que caminar permanentemente haciendo fuerza contra el viento, y de pronto la ráfaga se apagaba, y entonces te ibas a la mierda. Nunca había experimentado tanto viento. La primera vez que fui al Lanin, en mi primer intento, en el ’99, también nos bajó el viento. Pero no era NADA comparado con el viento del Domuyo. Y mientras tanto, se siguió cubriendo todo de nubes. En retrospectiva, bajamos justo. Si hubiéramos seguido más arriba, y nos agarraba el ventarrón y las nubes en el filo… hubiera estado heavy. Muy muy heavy.

Se vienen las nubes
Se vienen las nubes
 

Pasamos por el Campamento 2, levantamos todo, y seguimos hasta el Campamento Base. El viento era insoportable. A mi me quemó los papeles, mal. Es algo que tengo que aprender a controlar. No el viento (ojalá pudiera!), sino mi reacción para con el viento. Llegamos al Campamento Base muy cansados, y eso queno habíamos hecho cumbre, con lo cual habíamos caminado mínimo 5 hs menos. En mi caso, buena parte del agotamiento era más mental que físico. Por culpa del viento. Cansados o no cansados, llegamos a evaluar el seguir viaje hasta Playón, y acampar al costado de la casa del paisano que nos había porteado el equipo. Pero finalmente decidimos quedarnos a pasar la noche en el Campamento Base.

Al otro día, desarmamos, y acompañados por el querido viento ¬¬, comenzamos el descenso final. Nos trasladamos en vehículo desde el Playón hasta Aguas Calientes, donde almorzamos. Y después empezamos a pensar en volver a Varvarco, creo que solo queríamos una ducha, y no nos importaba nada más. Por suerte Pablo nos convenció de ir a pegarle una mirada a las termas. Y la mirada… terminó en todos en el agua disfrutando de las aguas termales, lo que nos recargó un montón las pilas.

Paisano y nube
 

A la tardecita regresamos a Varvarco, y luego de reorganizar nuestras cosas y darnos una buena ducha, empezamos a desandar el camino: Varvarco – Las Ovejas – Chos Malal – Neuquén. De allí, todos volvían a Buenos Aires, excepto yo que seguía viaje a Bariloche, para arrancar una travesía (pero eso… eso es otra historia…)

Me encantó la experiencia, a pesar de que uno siempre quiere la cumbre. Sí, por más que uno sepa que la última palabra siempre la tiene la montaña… uno quiere la cumbre. Pero bueno, así es la vida. Así es la montaña. Quizás el gustito es más amargo porque el grupo andaba de 10, y porque el clima se re portó hasta último momento… entonces… casi es como una burla: “mirá, no solo te dejé subir, sino que te ayudé a subir, pero listo, hasta acá nomás. Ahora, bajate”. Y sí, da un poco así como de bronquita…

Pero vayamos a lo positivo, que es todo lo que uno aprende, y la experiencia que te llevás, y todo lo que te cagás de risa con gente copada.

Particularmente en cuanto a la experiencia, como decía antes para mi era la primera vez en campamentos de altura, así que fue super valiosa. Y el viento fue toda una experiencia. El tener que estar permanentemente pendiente de donde ponés cada cosa, de tener cuidado cada vez que abrís la mochi y sacás algo, el tener que controlar que todo lo tenés que dejar adentro de la carpa, o trabado con piedras, porque si no se vuela al carajo… todo el tiempo. Es agotador mentalmente, o al menos en mi tiene ese efecto, pero también aprendí eso, y creo que la próxima vez que tenga que enfrentarme con una situación así, voy a estar mejor preparado.

Otra cosa que me llevo es Domuyo como lugar… impresionante. Qué paisajes! Está plagado de lagunitas de altura, hay unas vistas impresionantes de la cordillera (y eso que no pudimos seguir subiendo!), y en el Domuyo vi unos atardeceres y unas nubes loquísimas, que creo que voy a recordar siempre.

¿Volvería a intentarlo? Me parece que sí. Tengo ganas de seguir haciendo ascensos, eso seguro. Independientemente de que siga poniéndome de a poco metas más altas, me gustaría volver al Domuyo en algún momento, aunque quizás me gustaría hacerlo con más tiempo. Realmente cuesta bastante tiempo llegar como para tener una ventana de cumbre de solo un día. Estaría bueno contar con dos, o idealmente, con tres. Pero bueno, veremos…

Mientras tanto, mi record de altura siguen siendo los 4500 msnm del abra Ronqui, en Jujuy…

Selección de fotos del ascenso en Flickr: http://www.flickr.com/photos/chaghi/sets/72157625766068623/

Trekking desde el río Azul al Encanto Blanco

Y así pasó una semanita de vacaciones. Sí, me tomé solo una semanita, con la idea de guardarme una más para el invierno.

La travesía que no fue 

Como desde hace ya no se cuantos veranos, hice un viaje con Hielo Azul. Más allá del aspecto humano, del excelente grupo de gente que forma Hielo Azul, hay 15 años de experiencia haciendo esto… y en este viaje se notó. ¿Por qué? Porque originalmente ibamos a hacer una travesía desde la Cuesta del Ternero hasta el Río Foyel. Era la primera vez que Hielo organizaba esa travesía, así que había mucha espectativa: siempre hay imponderables, cosas que ajustar… siempre es una travesía con un "condimento extra", digamos, o una cuota extra de aventura. Era una ruta de trekking relativamente desconocida, en la cual probablemente íbamos a andar solos. Y se había formado un grupo muy especial: 14 personas con bastante experiencia en travesías. Lo cual era un plus para una travesía debut. Pero lamentablemente, el viernes a la tarde, apenas un par de horas antes de salir, nos enteramos que la Cuesta del Ternero estaba incendiada. Así que Hielo Azul tuvo que reinventar la travesía sobre la marcha, poniendo a prueba su capacidad de manejar la logística de un viaje (traslados en 4×4 hasta el lugar de inicio, porteo de equipo y comida por paisanos del lugar, organización de las comidas y lugares de acampe, etc.), para convertirlo en otro… y salió 10 puntos. 

La travesía Ternero/Foyel se transformó en Azul/Encanto Blanco, una ruta de trekking más tradicional, y una travesía que Hielo ya había organizado otras veces, bastante más al oeste (y por lo tanto, lejos del fuego). 

Lo positivo: Por suerte para nosotros, el incendio arrancó el viernes y no un par de días después. Si hubiéramos hecho el trekking original, y el fuego se hubiera iniciado el domingo o el lunes, podríamos haber quedado atrapados en medio del incendio forestal.

Lo negativo: Se perdieron 1300 hectáreas, y todas las fichas apuntan a que uno de los dos focos de incendio iniciales fue intencional. Esto es un "secreto a voces", no es la primera vez que pasa… y pareciera que la justicia y el gobierno nunca hacen nada. Caminar por un bosque incendiado es desolador. Caminar por un bosque "vivo" y ver y tocar árboles que tienen cientos de años, y pensar que un hijo de remilputa puede prenderles fuego por sus reconchudos intereses económicos y acabar en horas con lo que la naturaleza construyó en siglos, genera una sensación de impotencia indescriptible.

Pero bueno… that’s life. Confío en que si seguimos haciendo este tipo de pelotudeces, oportunamente la Naturaleza seleccionará a nuestra especie para la extinción. Creo que como especie en conjunto, nos lo merecemos cada día un poquito más, realmente.

Por lo pronto, vayamos a lo bueno, un excelente trekking con un excelente grupo. 

Gaia en nuevas manos

El sábado a la tarde, bastante más tarde de lo previsto gracias a que el micro Bs.As./Bariloche se retrasó, y perdimos nuestra combinación a El Bolsón, llegamos a Gaia, el albergue en el que pasaríamos la primer y última noche, y en el que ya he estado otras veces. Fue una sorpresa encontrarlo en nuevas manos, afortunadamente buenas manos. Nos sentimos re-cómodos, y nos atendieron re-bien. Alejandra, Ariel: ¡Gracias por cuidar de Gaia, y mantener su espíritu!

Una vez que estuvimos todos reunidos en el albergue (fuimos llegando en distintos horarios), Pablo aprovechó para contarnos como venía la mano con el incendio, y confirmarnos que dadas las circunstancias, había que cambiar la travesía original, y que íbamos a hacer la travesía Azul/Encanto Blanco. Fue también un momento de reencuentros varios, ya que al ser un grupo de "reincidentes" de Hielo Azul, muchos nos conocíamos de otros viajes.

Esa misma noche cenamos unas riquísimas pizzas caseras, escuchamos algo de música en piano improvisada por Ariel, y a pesar del cansancio del viaje nos fuimos a dormir bastante tarde.

Hacia el Retamal, pasando por el Cajón del Azul

Fue en vano intentar convencer a Pablo de salir más tarde al día siguiente… hasta se jugó el horario de salida en un mano a mano al Truco después de la pizzeada, Pablo perdió, pero igual salimos tempranito (aunque no tanto como él hubiera querido), luego de un espectacular desayuno (¡qué buenos los desayunos de Gaia!).

Fuimos al punto de partida en las 4×4 que originalmente se habían contratado para el otro trekking, que tenía un acceso más complicado (y de ahí la necesidad de vehículos especiales). Para ir hasta el Azul la verdad que las 4×4 fueron un lujo, y lo bueno fue que nos ahorraron la tediosa "subida" inicial, que de haber ido con una combi normal, tendríamos que haber hecho a pie.

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Y así iniciamos el primer día de marcha, remontando el río Azul, pasando por el Cajón del Azul (lugar en el que ya había estado en otra travesía, y que no deja de sorprenderme), y continuando hasta el Retamal, un refugio que está un par de horas de marcha río arriba. Llegamos tempranito, iniciando un patrón que se repitió absolutamente todos los días: llegar al lugar de acampe a media tarde, a pleno sol, con tiempo de armar el campamento tranquis, merendar, disfrutar del lugar, descansar, etc., etc. Para esto ayudó el tiempo (excelente), el terreno (seco, con muchos arroyitos que debíamos vadear transformados en un hilito de agua, o directamente un lecho de piedras), y el grupo (realmente "de elite", jeje… todos caminadores).

No conocía el Retamal. Es un lugar precioso, una especie de praderita en un claro del bosque, cerca del río, con un refugio muy lindo y muy cómodo, suficiente lugar para armar las carpas sin amontonarse con otros grupos. Después de descansar un rato, iniciamos también el rito de probar la cerveza artesanal del lugar (los 3 refugios por los que pasamos tenían cerveza artesanal de elaboración propia), merendamos, algunos jugamos al truco (¡Dios! hacía *años*, literalmente, que no jugaba un partido de truco), en fin… acampamos.

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Los Laguitos

A la mañana siguiente partimos para Los Laguitos, otro refugio "clásico" que no conocía. Llegamos también temprano a la tarde, y hacía suficiente calor para justificar una zambullida en el lago. Helado. Duré algo así como 2′, pero después de varias horas de trekking, fue el mejor energizante que uno puede encontrar.

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La madrugada del martes tuvo una sorpresa: Un rato después que nosacostamos, y cuando todavía estábamos charlando en las carpas y todavíala mayoría no se había dormido, la tierra se movió. Posta. Nos quedamostodos bastante sorprendidos por la experiencia, y la conclusión generalfue que había sido un pequeño sismo. Y resulta que sí. Vean si no: El Instituto Nacional de Prevención Sísimica (INPRES) supongo que no miente.

¿Cómo se siente un sismo? Es raro. Puedo contar lo que sentí yo estando acostado en una carpa, o sea, en el suelo. ¿Alguna vez acamparon en un lugar agreste —o sea, no un "camping organizado"—, y sintieron correr alguna tropilla de caballos, o a un grupo de mulas, o vacas, o algún otro animal más o menos grande? Bueno, primero a lo lejos se sintió algo así. Unos segundos después se hizo más fuerte, y primero se sacudió el sobretecho de la carpa, como si alguien hubiera aflojado los vientos, e inmediatamente después, se sintió el temblor en el suelo. Suena raro esto de "primero se sacudió el sobretecho, y después se sintió el temblor", porque etamos hablando del mismo lugar, pero posta, así lo sentí yo. Toda la historieta duró algunos segundos, y culminó con una especie de estruendo a lo lejos. Suponemos (y esto es pura conjetura…), que el estruendo fue algún derrumbe en alguno de los cerros cercanos.

En Los Laguitos nos quedamos 2 días, y aprovechamos el 2do (que era el "día libre" de la travesía) para ir hasta el lago Soberanía, a unas 2hs de marcha desde el refugio. Almorzamos a orillas de este lago, Charly y Angel intentaron pescar alguna trucha (esta primera vez, sin suerte, pero ya tendríamos la revancha…), nos metimos al lago, hicimos un poco de huevo o siesta a elección del consumidor :p, y emprendimos el regreso. Para los memoriosos: Si, este es el lago cuyo acceso desde la ruta está "comprado" y virtualmente bloqueado por un extranjero, y hoy por hoy una de las pocas maneras de accedelo es a pie o a caballo usando esta picada que parte desde Los Laguitos.

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Esa noche el plan era mantener el fogón andando hasta las 0.00 del miércoles, cumple de Pablo, y sorprenderlo con una torta que le habíamos encargado a los refugieros. Estábamos tan cansados, y Pablo el primero, que terminamos festejando el cumple a las 23.00 del martes… con la excusa de que en definitiva según la hora K, ya era miércoles en Bs. As.

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Mallín de los Chanchos

El miércoles retrocedimos un poco sobre nuestros pasos hasta el Mallín de los Chanchos, lugar que habíamos atravesado el lunes, pero esta vez para acampar por la zona. Producto de la sequía, al mallín ya le queda poco y nada de mallín. No está para nada pantanoso. Almorzamos en el mismo lugar que el lunes, antes de acampar, aunque esta vez a orillas del arroyo. Un lugar espectacular. Y de paso, recuperamos el cucharón del campamento, que había quedado olvidado el lunes. Esto de perder un cucharón en el bosque, y recuperarlo 2 días después, sirve de prueba de que no es un lugar tan transitado, después de todo.

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Charly y Angel volvieron a la pesca, y esta vez Charly terminó sacando 3 truchas de un tamaño respetable (después de devolver al agua unas cuantas más que eran muy chiquitas), que fueron hechas a la cacerola por Ale junto con la cena, y degustadas entre todos. Un manjar.

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Encanto Blanco

El jueves partimos para el refugio Valle del Encanto Blanco, cuyo acceso desde el Mallín de los Chanchos es bastante largo, e implica la trepada (cuasi-literalmente, porque en más de un tramo hay que colgarse de las cañas colihues y las lengas) de un cerro, para luego bajar por la otra ladera. Fue agotador, pero muy entretenido. Además, a medida que ganábamos altura, la vista iba garpando cada gota de sudor invertida en la trepada.

Como veníamos con buen ritmo, se decidió pegarle derecho hasta el refugio, en lugar de parar a almorzar a mitad de camino. Se hizo un poco largo, pero alrededor de las 14 terminamos llegando al refugio, almorzamos, y pintó siesta prácticamente para todo el mundo.

Esa noche la cena estuvo a cargo de los refugieros del Encanto, que se prepararon un guiso es-pec-ta-cu-lar.

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El día siguiente era el último de la travesía, y como iba a ser un día relativamente tranquilo en tiempos de marcha, se planificó almorzar en el refugio, temprano, y partir después de almorzar. Eso dejaba la mañana libre; algunos aprovechamos para descansar, charlar y matear, y otra parte del grupo hizo una pequeña excursión hasta un mirador cercano.

Una vez que el grupo estuvo otra vez reunido, desarmamos campamento, almorzamos unas pizzas caseras amasadas y preparadas por la gente del refugio (¡buenísimas!), y emprendimos el regreso.

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Perito Moreno y asado de despedida en Gaia

Arrancamos el trekking desde El Encanto Blanco hasta el refugio del Cerro Perito Moreno, que en invierno es un pequeño centro de ski. El camino es realmente muy lindo, pero la verdad hacía muchísimo calor, y eso, sumado a que al menos yo siempre en el último trekking entro un poco en modalidad "listo, quiero llegar", le quitó un poco de magia. Llegamos a destino a eso de las 16, y la combi ya nos estaba esperando.

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Volvimos a Gaia, y después de una bueeeeeena ducha, nos dedicamos a descansar, tomar cerveza, jugar al truco, y básicamente, esperar el asado de la noche.

Nota al margen: todos los refugios que visitamos contaban con ducha "a leña", que supimos aprovechar, y eso, sumado a las zambullidas en los lagos hizo que no llegaramos a Gaia "tan" zaparrastrosos… pero no hay nada como una ducha de verdad, en un baño de verdad, luego de una semana de trekking.

El asado se hizo esperar. Mucho. Pero mucho. La buena noticia es que valió la pena. Y no, no por el "truco" de Facundo que dice que lo bueno de demorar un asado y hacerlo bien lento es que después la gente come lo que venga ;) , estaba realmente buenísimo —obviamente sin desmerecer algunos asados de Facu, igualmente lentos y buenísimos—

Conclusión: Una travesía espectacular, como siempre.

Algunas señas particulares de este viaje, que merecen ser destacados:

  • que hayamos conformado un grupo de 100% de "reincidentes", garpa. El grupo fue re-compacto, funcionaba casi solo, no hubo sorpresas, todos teníamos claro como es una travesía;
  • llegamos a todos los campamentos temprano, supongo que en buena medida gracias a lo anterior. Y esto no siempre se da, y está buenísimo. No es lo mismo llegar al lugar de acampe cagando aceite sobre la hora de la merienda, tirando para la cena, o peor, de noche, que a media tarde. Las horas de armar el campamento tranquis, descansar, "vivir" el lugar, no tienen precio;
  • me encontré con Sandra en la terminal de Bariloche a la ida, y me regaló sus bastones de trekking. Es la primera travesía que hago con bastones, y realmente mis rodillas agradecidas. Al principio se siente un poco "raro", pero con el correr de los días les fui tomando la mano. Realmente los aproveché. Algunos dicen que lo malo es que uno se acostumbra y se vuelve un tanto dependiente, y después no tiene buen equilibrio cuando le faltan los bastones… pero bueno, prefiero muchos años más de trekking con bastones si eso ayuda a que mis rodillas jodan menos;
  • ¡cómo jugué al truco! Sí, ya se, esto no tiene nada que ver con el trekking en sí, pero este viaje fue mi reencuentro con este juego, y lo disfruté un montón;

Más fotos del viaje, acá: Río Azul – Encanto Blanco ’09

 

Fiaca en Bariloche

Luego de las emociones de la semana anterior, los días de vacaciones que disfruté en Bariloche fueron muuuuuuy tranquilos.

Me quedé en casa de Sandra, a la altura del km 13 de la Bustillo, en un barrio de las afueras muy lindo. Las actividades fueron dormir, comer, dormir siesta, caminar un poco, pasear por el centro, y hasta ver tele. San me malcrió una semana entera con espectaculares desayunos y meriendas (al menos comparados con mis pobres desayunos, y mis no-existentes meriendas, eran espectaculares).

Al centro fui varias veces (sí, desde el km 13 y en bondi es casi una excursión…), y aproveché para caminarlo bastante. Hacía muchísimo tiempo que no estaba en Bariloche más de unas horas, y que no lo caminaba. Impresionante la cantidad de turistas (nacionales y extranjeros); está absolutamente DESBORDADO en capacidad e infraestructura en un montón de servicios. Está todo carísimo, mal.

Las excursiones más "locas" fueron ir hasta el Llao Llao, pasear por las afueras del hotel y hacer un tekking de más o menos 1h por un sendero que parte de ahí y lleva hasta el lago Escondido por un sendero muy tranqui y bonito, que incluye un bosquesito de arrayanes. También ir hasta el cerro Campanario, pasear en su aerosilla, y disfrutar de la vista (y la confitería…) de la cumbre. Y presenciar en el centro, a orillas del Nahuel Huapi, la final de la competencia de windsurf y kaiser.

Me junté un par de veces con Pablo. La primera vez, una tarde a tomar unas cervezas artesanales en La Cruz, con un amigo de él (Ernesto), acompañadas de nachos, tacos y tortillas. La segunda vez cenamos en su casa, así que también pude compartir un rato con Denise y Santi. Impresionante como creció Santi… como pegó un estirón en el último año, como conversa. De postre comimos un rico helado de Jauja (je, ¿de dónde más?), ritual que dicho sea de paso repetí cada vez que fui al centro.

Hubiera estado bueno compartir un poco más de tiempo con Pablo y Denise, pero fueron pocos días, y en la semana ellos estaban trabajando, no de vacaciones al pedo como yo, y se complicó.

En definitiva, fue una semana de relax y de vivir Bariloche, un poco como turista fiacoso, y otro poco casi casi como si fuera un residente.

Fotos, acá