De Tilcara a Calilegua, julio ’09

También podríamos decir, de la Puna a la Selva.

La semana pasada estuve de travesía, una vez más con Hielo Azul Aventura,por el NOA. ¿Cuánto hacía que quería hacer esta travesía? Años. Mucho.Creo que escuché hablar de ella en mi primer viaje con Hielo, y si no,habrá sido en el segundo, así que estamos hablando como desde el 2003.La fecha siempre es más o menos esta (invierno), y en una época secomplicaba por la facu, y posteriormente porque cambié de laburo yperdí días de vacaciones. Este año, por fin, se dió.

Qué lindo es el noroeste argentino… no me canso de volver. Todavía tengo en carpeta, para algún otro invierno por el NOA:

  • En busca de la ciudacita perdida (en Tucumán)
  • Y otra vieja pendiente: Travesía de Iruya a Nazareno

Volviendoa Tilcara-Calilegua: ESPECTACULAR. Tenía muchas expectativas con esteviaje, después de escuchar hablar tanto, y de ver fotos, y de compartirexperiencias de primera mano en otros viajes con gente que la habíahecho. Y realmente fue todo lo que esperaba, y más :)

Vamos aempezar por el bondi, porque esta vez hay algo del viaje que merece serrecordado (con dolor). Parece que hay una nueva moda de pasar videos de"música romántica latina", prácticamente non-stop. Sí, te pasan lasclásicas 2 o 3 pelis, pero el resto del tiempo, durante el día, te vanchantando diversos DVDs que son un "compiladito" de la música máspegajosa, melosa que te puedas imaginar, y en algunos casos, encima,reggatoneada. Un asco. La vuelta fue igual. Supongo que a la mayoría dela gente le gusta, y yo estoy fuera del target. Bien por mi. Mal por lahumanidad.

Pero después de muchas horas llegamos a Jujuy, y ahítomamos el bondi a Tilcara, y la música berreta del bondi quedódefinitivamente atrás. Poner los pies en Tilcara es como viajar alpasado, y es imposible no empezar a desenchufarse. Nos alojamos en elHostel Malka, que no conocía, y es realmente muy lindo. Está organizadoen "casas", y cada casa cuenta con una habitación con N cuchetas(algunas casas son más grandes, otras más chicas), con su propio baño ycocina. Y todas las casas tienen su pequeña terracita, con mesa,parrillita, reposeras, una vista increíble, todo muy verde, arbolado,cuidado.

Hostel Malka - Casa 1
Fiaca perruna - Hostel Malka
Hostel Malka - Terracita

Realmente es para quedarse una semanita ahí haciendo…NADA. Además, el hostel tiene la confitería donde sirven el desayuno(espectacular!), super luminosa, con su propia terracita y vista a laquebrada.

Ventana a la Puna

El día de la llegada cenamos todos juntos en Tilcara, en un restaurante con comidas típicas. Yo le entré al locro. Al día siguiente, cerca de mediodía, luego de haber desayunado en el hostel y disfrutado de un par de horas de recorrida libre por Tilcara, o huevo, a elección del consumidor (yo hice un poco de las dos cosas, por ejemplo), partimos en vehículo para el Alfarcito, en donde nos reunimos con nuestros arrieros, se distribuyó la carga, y almorzamos.

 

Panorámica de Tilcara
Tilcara
Alfarcito - clasificando la carga
Pointing at the sky
Alfarcito

Desde allí, a 2900 msnm, arrancamos el trek. Fue una caminata tranquila, de unas 5hs, hasta que llegamos a un puesto abandonado en el que acampamos. Fue un día tranqui, como para prepararse para la subida que nos esperaba al día siguiente. Nos dedicamos a disfrutar del paisaje; yo en particular me colgué con el atardecer.

Campamento
Atardecer

Al día siguiente empezamos a subir, y a subir, hasta llegar a 4200 msnm en Campo Laguna, el punto más alto de nuestra travesía. Luego de almorzar, bajamos a Yutos Pampa, a 3300 msnm, donde nos alojamos en un puesto. Fue el día más largo y agotador, y el de mayor esfuerzo físico. Esta no fue mi primera vez a más de 3000 msnm, y sin embargo lo sufrí más de lo que esperaba (otras veces no tuve problemas, o lo sufrí menos), supongo que ahora influyó que no estaba en mi mejor momento físico (3 1/2 meses de absoluto huevo en MDQ no fue algo bueno), y que también estaba cansado [*]. Igual, no fue nada grave: Mucho dolor de cabeza, de ese que parece que te están apretando las sienes con una morza… esa sensación tan particular de la altura. Igual, el mal de altura es una lotería… a veces lo sufrís más, a veces menos, a veces no lo sufrís.

Campo Laguna
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Al día siguiente iniciamos el descenso (bueno, bajamos, subimos, bajamos, …, pero en promedio, bajamos :P ), pasando por Huaira Huasi (la casa del viento), el cerro Cumbre Grande, el Abra de las Yaretas, y finalmente, a la comunidad de Molulo, a 2950 msnm. Allí nos hospedamos en la casa de unos pobladores (familiares de nuestro arriero). A la noche, disfrutamos de un riquísimo y espectacular chivito, asado en horno de barro, acompañado por papitas andinas. ¡Un manjar!

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Escuela de Molulo
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Calentando el horno...

A esta altura, ya había empezado a hacer frío. Esa noche, después del chivito, y luego de unos riquísimos panqueques con dulce de leche que comimos en la cocina del lugar, empezamos a pensar en el día siguiente. Había dos opciones: Quedarnos un día libre en Molulo, y juntar la caminata del miércoles con la del jueves, bajando de un tirón, o continuar con el plan, que era irnos de Molulo al día siguiente, acampar en el Abra del Potrero, y el jueves continuar hasta San Lucas. Las opiniones estaban divididas, ya que la idea de quedarse un día más en Molulo a descansar era tentadora, y además nos habían dicho que el Abra del Potrero era un lugar muy desolado y expuesto, y que si llegaba a haber frío y/o viento, lo íbamos a sentir. Por otro lado, dejar todo el camino para hacer de un saque el jueves sonaba a mucho. Finalmente nos fuimos a dormir con la decisión casi tomada, y luego confirmada durante el desayuno: Seguir con el plan, y caminar el miércoles hasta Abra del Potrero.

En retrospectiva, la decisión creo que fue la mejor. En el camino medio nos asustamos, porque la noche del martes, en Molulo, fue MUY ventosa, y cerca de mediodía nos cruzamos con un grupo que venía haciendo la travesía inversa (de Calilegua a Tilcara), y había tenido que levantar el campamento en Abra del Potrero a las corridas, y salir sin desayunar, porque se estaban volando. A todo esto, los paisajes eran alucinantes; yo particularmente fue uno de los días que más disfruté. Ese día estuvimos varias veces "sobre las nubes", y no sabías para donde mirar: cada vista era 10 veces mejor que la anterior. Caminando entre nubes finalmente nos metimos en una, literalmente, y ya no salimos… al llegar al Abra del Potrero, estábamos envueltos en una espesa bruma, con mucho frío. A esta altura ya empieza a haber vegetación, así que se pudo hacer un buen fuego. Matizamos la noche alrededor del fogón, en el que calentamos unas empanadas ESPECTACULARES, caseras, que nos habían preparado en Molulo, y la mayoría nos quedamos cantando (de todo, como en botica), hasta bastante después de haber cenado.

A flower above the clouds
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Sentados junto a las nubes
Camping inside a cloud
Fogón en la bruma

A la mañana siguiente nos encontramos con la sorpresa de que había nevado un poquito, y de que por momentos seguía nevizcando. Había hecho MUCHO frío, y seguía haciendo. En ningún momento tuve frío durante la noche (¡que buena inversión una buena bolsa de dormir de plumas!), pero fuera de la carpa, al estar quieto, se complicaba. Nos apuramos a desayunar y desarmar el campamento, para empezar a movernos.

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Y así iniciamos la marcha a San Lucas, que era tranqui pero larga (7 a 8hs); la vegetación iba en aumento, y estaba todo nevadito, con ese silencio y esa calma chicha característicos. Le pegamos derecho hasta el pueblo sin parar a almorzar, para no enfriarnos y mojarnos. Llegamos a San Lucas (2500 msnm) a la tarde, a casa de Doña Teresa, donde nos alojamos. Improvisamos un almuerzo/merienda, nos pusimos ropa seca (bah, nos pusimos TODA la ropa seca… ¡qué frío que hacía!), y usurpamos la cocina. Afuera, a la intemperie, hacía mucho mucho frío.

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Merienda en lo de doña Teresa

Ya entrada la noche, cuando nos íbamos a dormir, pudimos admirar uno de los cielos más límpidos y estrellados que recuerdo… se había despejado todo por completo. ¡Qué manera de ver estrellas fugaces! Increíble. Me pregunto si los pobladores del lugar tienen idea de lo privilegiados que son al poder ver ese cielo por las noches. A la mañana siguiente, el día estaba espléndido, y seguía frío, aunque no tanto, ya que el solcito ayudaba. Luego de desayunar, rumbeamos para Peña Alta, último punto a pie de la travesía. A lo largo del día, fuimos viendo como la vegetación se hacía más y más tupida a medida que nos internávamos en las yungas. Comparado con el paisaje de los primeros días, el contraste es realmente interesante. Por la tarde llegamos a Peña Alta, luego de una subida INTERMINABLE hasta la ruta, en donde esperamos el colectivo local que nos llevó primero a San Francisco, y después a Libertador General San Martín. Durante ese trayecto el colectivo entra al P.N. Calilegua, y lo atraviesa (creo que de punta a punta, habría que ver un mapa). El paisaje es muy similar al que veníamos viendo durante las últimas horas de trekking.

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Río Valle Grande

Por la noche llegamos a Libertador San Martin; luego de hospedarnos en un hotel y una añorada ducha con agua caliente, nos fuimos a cenar a una parrilla, donde disfrutamos de una excelente parrillada, regada con buen vino, ensaladas, fritas, y postre. Y así se fue cerrando la travesía… al día siguiente algunos partieron para otros lados a continuar el viaje por su cuenta, otros volvimos a San Salvador de Jujuy, y de allí, a Buenos Aires.

Disfruté mucho este viaje, y mis compañeros. Entre otros, tuve la suerte de volver a compartir una aventura con Alejandra y Mauricio (¡gracias por la buena onda!). Después de varios años, finalmente me pude dar el gusto de hacer Tilcara – Calilegua. ¡Y estuvo genial!

Acá, el álbum completo con todas las fotos de la travesía.

 

[*] Nota: Agradecele a Facu que puedas leer esa frase sin que se te tuerzan los ojos.

 

Trekking desde el río Azul al Encanto Blanco

Y así pasó una semanita de vacaciones. Sí, me tomé solo una semanita, con la idea de guardarme una más para el invierno.

La travesía que no fue 

Como desde hace ya no se cuantos veranos, hice un viaje con Hielo Azul. Más allá del aspecto humano, del excelente grupo de gente que forma Hielo Azul, hay 15 años de experiencia haciendo esto… y en este viaje se notó. ¿Por qué? Porque originalmente ibamos a hacer una travesía desde la Cuesta del Ternero hasta el Río Foyel. Era la primera vez que Hielo organizaba esa travesía, así que había mucha espectativa: siempre hay imponderables, cosas que ajustar… siempre es una travesía con un "condimento extra", digamos, o una cuota extra de aventura. Era una ruta de trekking relativamente desconocida, en la cual probablemente íbamos a andar solos. Y se había formado un grupo muy especial: 14 personas con bastante experiencia en travesías. Lo cual era un plus para una travesía debut. Pero lamentablemente, el viernes a la tarde, apenas un par de horas antes de salir, nos enteramos que la Cuesta del Ternero estaba incendiada. Así que Hielo Azul tuvo que reinventar la travesía sobre la marcha, poniendo a prueba su capacidad de manejar la logística de un viaje (traslados en 4×4 hasta el lugar de inicio, porteo de equipo y comida por paisanos del lugar, organización de las comidas y lugares de acampe, etc.), para convertirlo en otro… y salió 10 puntos. 

La travesía Ternero/Foyel se transformó en Azul/Encanto Blanco, una ruta de trekking más tradicional, y una travesía que Hielo ya había organizado otras veces, bastante más al oeste (y por lo tanto, lejos del fuego). 

Lo positivo: Por suerte para nosotros, el incendio arrancó el viernes y no un par de días después. Si hubiéramos hecho el trekking original, y el fuego se hubiera iniciado el domingo o el lunes, podríamos haber quedado atrapados en medio del incendio forestal.

Lo negativo: Se perdieron 1300 hectáreas, y todas las fichas apuntan a que uno de los dos focos de incendio iniciales fue intencional. Esto es un "secreto a voces", no es la primera vez que pasa… y pareciera que la justicia y el gobierno nunca hacen nada. Caminar por un bosque incendiado es desolador. Caminar por un bosque "vivo" y ver y tocar árboles que tienen cientos de años, y pensar que un hijo de remilputa puede prenderles fuego por sus reconchudos intereses económicos y acabar en horas con lo que la naturaleza construyó en siglos, genera una sensación de impotencia indescriptible.

Pero bueno… that’s life. Confío en que si seguimos haciendo este tipo de pelotudeces, oportunamente la Naturaleza seleccionará a nuestra especie para la extinción. Creo que como especie en conjunto, nos lo merecemos cada día un poquito más, realmente.

Por lo pronto, vayamos a lo bueno, un excelente trekking con un excelente grupo. 

Gaia en nuevas manos

El sábado a la tarde, bastante más tarde de lo previsto gracias a que el micro Bs.As./Bariloche se retrasó, y perdimos nuestra combinación a El Bolsón, llegamos a Gaia, el albergue en el que pasaríamos la primer y última noche, y en el que ya he estado otras veces. Fue una sorpresa encontrarlo en nuevas manos, afortunadamente buenas manos. Nos sentimos re-cómodos, y nos atendieron re-bien. Alejandra, Ariel: ¡Gracias por cuidar de Gaia, y mantener su espíritu!

Una vez que estuvimos todos reunidos en el albergue (fuimos llegando en distintos horarios), Pablo aprovechó para contarnos como venía la mano con el incendio, y confirmarnos que dadas las circunstancias, había que cambiar la travesía original, y que íbamos a hacer la travesía Azul/Encanto Blanco. Fue también un momento de reencuentros varios, ya que al ser un grupo de "reincidentes" de Hielo Azul, muchos nos conocíamos de otros viajes.

Esa misma noche cenamos unas riquísimas pizzas caseras, escuchamos algo de música en piano improvisada por Ariel, y a pesar del cansancio del viaje nos fuimos a dormir bastante tarde.

Hacia el Retamal, pasando por el Cajón del Azul

Fue en vano intentar convencer a Pablo de salir más tarde al día siguiente… hasta se jugó el horario de salida en un mano a mano al Truco después de la pizzeada, Pablo perdió, pero igual salimos tempranito (aunque no tanto como él hubiera querido), luego de un espectacular desayuno (¡qué buenos los desayunos de Gaia!).

Fuimos al punto de partida en las 4×4 que originalmente se habían contratado para el otro trekking, que tenía un acceso más complicado (y de ahí la necesidad de vehículos especiales). Para ir hasta el Azul la verdad que las 4×4 fueron un lujo, y lo bueno fue que nos ahorraron la tediosa "subida" inicial, que de haber ido con una combi normal, tendríamos que haber hecho a pie.

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Y así iniciamos el primer día de marcha, remontando el río Azul, pasando por el Cajón del Azul (lugar en el que ya había estado en otra travesía, y que no deja de sorprenderme), y continuando hasta el Retamal, un refugio que está un par de horas de marcha río arriba. Llegamos tempranito, iniciando un patrón que se repitió absolutamente todos los días: llegar al lugar de acampe a media tarde, a pleno sol, con tiempo de armar el campamento tranquis, merendar, disfrutar del lugar, descansar, etc., etc. Para esto ayudó el tiempo (excelente), el terreno (seco, con muchos arroyitos que debíamos vadear transformados en un hilito de agua, o directamente un lecho de piedras), y el grupo (realmente "de elite", jeje… todos caminadores).

No conocía el Retamal. Es un lugar precioso, una especie de praderita en un claro del bosque, cerca del río, con un refugio muy lindo y muy cómodo, suficiente lugar para armar las carpas sin amontonarse con otros grupos. Después de descansar un rato, iniciamos también el rito de probar la cerveza artesanal del lugar (los 3 refugios por los que pasamos tenían cerveza artesanal de elaboración propia), merendamos, algunos jugamos al truco (¡Dios! hacía *años*, literalmente, que no jugaba un partido de truco), en fin… acampamos.

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Los Laguitos

A la mañana siguiente partimos para Los Laguitos, otro refugio "clásico" que no conocía. Llegamos también temprano a la tarde, y hacía suficiente calor para justificar una zambullida en el lago. Helado. Duré algo así como 2′, pero después de varias horas de trekking, fue el mejor energizante que uno puede encontrar.

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La madrugada del martes tuvo una sorpresa: Un rato después que nosacostamos, y cuando todavía estábamos charlando en las carpas y todavíala mayoría no se había dormido, la tierra se movió. Posta. Nos quedamostodos bastante sorprendidos por la experiencia, y la conclusión generalfue que había sido un pequeño sismo. Y resulta que sí. Vean si no: El Instituto Nacional de Prevención Sísimica (INPRES) supongo que no miente.

¿Cómo se siente un sismo? Es raro. Puedo contar lo que sentí yo estando acostado en una carpa, o sea, en el suelo. ¿Alguna vez acamparon en un lugar agreste —o sea, no un "camping organizado"—, y sintieron correr alguna tropilla de caballos, o a un grupo de mulas, o vacas, o algún otro animal más o menos grande? Bueno, primero a lo lejos se sintió algo así. Unos segundos después se hizo más fuerte, y primero se sacudió el sobretecho de la carpa, como si alguien hubiera aflojado los vientos, e inmediatamente después, se sintió el temblor en el suelo. Suena raro esto de "primero se sacudió el sobretecho, y después se sintió el temblor", porque etamos hablando del mismo lugar, pero posta, así lo sentí yo. Toda la historieta duró algunos segundos, y culminó con una especie de estruendo a lo lejos. Suponemos (y esto es pura conjetura…), que el estruendo fue algún derrumbe en alguno de los cerros cercanos.

En Los Laguitos nos quedamos 2 días, y aprovechamos el 2do (que era el "día libre" de la travesía) para ir hasta el lago Soberanía, a unas 2hs de marcha desde el refugio. Almorzamos a orillas de este lago, Charly y Angel intentaron pescar alguna trucha (esta primera vez, sin suerte, pero ya tendríamos la revancha…), nos metimos al lago, hicimos un poco de huevo o siesta a elección del consumidor :p, y emprendimos el regreso. Para los memoriosos: Si, este es el lago cuyo acceso desde la ruta está "comprado" y virtualmente bloqueado por un extranjero, y hoy por hoy una de las pocas maneras de accedelo es a pie o a caballo usando esta picada que parte desde Los Laguitos.

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Esa noche el plan era mantener el fogón andando hasta las 0.00 del miércoles, cumple de Pablo, y sorprenderlo con una torta que le habíamos encargado a los refugieros. Estábamos tan cansados, y Pablo el primero, que terminamos festejando el cumple a las 23.00 del martes… con la excusa de que en definitiva según la hora K, ya era miércoles en Bs. As.

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Mallín de los Chanchos

El miércoles retrocedimos un poco sobre nuestros pasos hasta el Mallín de los Chanchos, lugar que habíamos atravesado el lunes, pero esta vez para acampar por la zona. Producto de la sequía, al mallín ya le queda poco y nada de mallín. No está para nada pantanoso. Almorzamos en el mismo lugar que el lunes, antes de acampar, aunque esta vez a orillas del arroyo. Un lugar espectacular. Y de paso, recuperamos el cucharón del campamento, que había quedado olvidado el lunes. Esto de perder un cucharón en el bosque, y recuperarlo 2 días después, sirve de prueba de que no es un lugar tan transitado, después de todo.

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Charly y Angel volvieron a la pesca, y esta vez Charly terminó sacando 3 truchas de un tamaño respetable (después de devolver al agua unas cuantas más que eran muy chiquitas), que fueron hechas a la cacerola por Ale junto con la cena, y degustadas entre todos. Un manjar.

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Encanto Blanco

El jueves partimos para el refugio Valle del Encanto Blanco, cuyo acceso desde el Mallín de los Chanchos es bastante largo, e implica la trepada (cuasi-literalmente, porque en más de un tramo hay que colgarse de las cañas colihues y las lengas) de un cerro, para luego bajar por la otra ladera. Fue agotador, pero muy entretenido. Además, a medida que ganábamos altura, la vista iba garpando cada gota de sudor invertida en la trepada.

Como veníamos con buen ritmo, se decidió pegarle derecho hasta el refugio, en lugar de parar a almorzar a mitad de camino. Se hizo un poco largo, pero alrededor de las 14 terminamos llegando al refugio, almorzamos, y pintó siesta prácticamente para todo el mundo.

Esa noche la cena estuvo a cargo de los refugieros del Encanto, que se prepararon un guiso es-pec-ta-cu-lar.

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El día siguiente era el último de la travesía, y como iba a ser un día relativamente tranquilo en tiempos de marcha, se planificó almorzar en el refugio, temprano, y partir después de almorzar. Eso dejaba la mañana libre; algunos aprovechamos para descansar, charlar y matear, y otra parte del grupo hizo una pequeña excursión hasta un mirador cercano.

Una vez que el grupo estuvo otra vez reunido, desarmamos campamento, almorzamos unas pizzas caseras amasadas y preparadas por la gente del refugio (¡buenísimas!), y emprendimos el regreso.

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Perito Moreno y asado de despedida en Gaia

Arrancamos el trekking desde El Encanto Blanco hasta el refugio del Cerro Perito Moreno, que en invierno es un pequeño centro de ski. El camino es realmente muy lindo, pero la verdad hacía muchísimo calor, y eso, sumado a que al menos yo siempre en el último trekking entro un poco en modalidad "listo, quiero llegar", le quitó un poco de magia. Llegamos a destino a eso de las 16, y la combi ya nos estaba esperando.

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Volvimos a Gaia, y después de una bueeeeeena ducha, nos dedicamos a descansar, tomar cerveza, jugar al truco, y básicamente, esperar el asado de la noche.

Nota al margen: todos los refugios que visitamos contaban con ducha "a leña", que supimos aprovechar, y eso, sumado a las zambullidas en los lagos hizo que no llegaramos a Gaia "tan" zaparrastrosos… pero no hay nada como una ducha de verdad, en un baño de verdad, luego de una semana de trekking.

El asado se hizo esperar. Mucho. Pero mucho. La buena noticia es que valió la pena. Y no, no por el "truco" de Facundo que dice que lo bueno de demorar un asado y hacerlo bien lento es que después la gente come lo que venga ;) , estaba realmente buenísimo —obviamente sin desmerecer algunos asados de Facu, igualmente lentos y buenísimos—

Conclusión: Una travesía espectacular, como siempre.

Algunas señas particulares de este viaje, que merecen ser destacados:

  • que hayamos conformado un grupo de 100% de "reincidentes", garpa. El grupo fue re-compacto, funcionaba casi solo, no hubo sorpresas, todos teníamos claro como es una travesía;
  • llegamos a todos los campamentos temprano, supongo que en buena medida gracias a lo anterior. Y esto no siempre se da, y está buenísimo. No es lo mismo llegar al lugar de acampe cagando aceite sobre la hora de la merienda, tirando para la cena, o peor, de noche, que a media tarde. Las horas de armar el campamento tranquis, descansar, "vivir" el lugar, no tienen precio;
  • me encontré con Sandra en la terminal de Bariloche a la ida, y me regaló sus bastones de trekking. Es la primera travesía que hago con bastones, y realmente mis rodillas agradecidas. Al principio se siente un poco "raro", pero con el correr de los días les fui tomando la mano. Realmente los aproveché. Algunos dicen que lo malo es que uno se acostumbra y se vuelve un tanto dependiente, y después no tiene buen equilibrio cuando le faltan los bastones… pero bueno, prefiero muchos años más de trekking con bastones si eso ayuda a que mis rodillas jodan menos;
  • ¡cómo jugué al truco! Sí, ya se, esto no tiene nada que ver con el trekking en sí, pero este viaje fue mi reencuentro con este juego, y lo disfruté un montón;

Más fotos del viaje, acá: Río Azul – Encanto Blanco ’09

 

Por el valle del Turbio

También conocido como "Las Cuatro Estaciones". ;)

¿Quién hubiera pensado que en un trekking corto (6 días), en una zona relativamente baja (valle del Turbio), en pleno verano, disfrutaríamos y sufriríamos sol, lluvia, calor, frío, viento… y hasta 30cm de nieve?

El Bolsón (y alrededores) tiene sorpresas para todos los gustos. Eso es lo que más destaco de la travesía que hice desde lago Puelo hasta el cerro Plataforma, por el valle del río Turbio. A pesar del frío y el agua, fue fantástico poder caminar por un bosque nevado, mientras está nevando. Y nevado en serio. Ya había estado en la nieve, pero el paisaje esta vez fue pseudo-invernal, y en invierno NUNCA estuve en el sur, así que este fue un regalo atípico de la Naturaleza (que tengo entendido fue noticia hasta en Buenos Aires), quizás para compensar que mientras estuvimos acampando al pie del Plataforma, buena parte del tiempo estuvo nublado y lluvioso, y a pesar de que subimos y le hicimos el aguante al viento y al frío un par de horas con la esperanza de que despeje… no hubo cumbre, y no hubo (ahí, arriba del Plataforma) mucho paisaje para apreciar.

El otro punto saliente fue el grupo. No porque otros grupos hayan sido malos, ni mucho menos, sino porque conocía prácticamente a todos de trekkings anteriores. Algo inusual. Eso hace que el grupo funcione de una; no hay nombres que recordar, no hay hielo que quebrar, muchas preguntas ya están respondidas… y solo queda divertirse y pasarla bien desde el vamos.

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El trekking consistió en ir desde la margen sur del lago Puelo hasta la base del Plataforma, faldeando el cerro Cubridor, y siempre siguiendo el valle del río Turbio. Los paisajes son muy lindos, especialmente desde los lugares elevados. El río Turbio tiene ese color azul-turquesa lechoso típico de los glaciares, ya que arrastra sedimentos de estos. De ahí su nombre. Y en el trayecto pudimos apreciar muy lindas vistas del Puelo, de El Bolsón, del Plataforma y del cerro Tres Picos.

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Un punto saliente del paisaje son los bosques incendiados :( Es muy triste. En los últimos 100 años, la zona sufrió 3 incendios forestales muy grandes. A pesar de que el bosque hace todo lo que puede por resurgir, el efecto negativo de los incendios es acumulativo… y hay zonas completamente peladas, con tierra, arbustos, y árboles quemados. Arboles en muchos casos centenarios. Y como siempre, la causa del incendio es humana. Tal vez no intencional… pero humana.

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Acampamos 3 noches en la base del Plataforma. El segundo día de trekking, cuando nos dirigíamos a la base, estuvo bastante frío y lluvioso. La primer noche lloviznó un poquito; al día siguiente estuvo un poco mejor, y algunos aprovechamos para hacer un mini-trekking hacia el cerro, como para tener un preview de lo que sería el ascenso al otro día, si el clima mejoraba.

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La segunda noche diluvió. Al día siguiente, amaneció casi despejado, así que a media mañana se decidió intentar subir al Plataforma. Pero a medida que subíamos… el solcito resultó ser un "claro" en el ojo de la tormenta, que empezó a volver. Se empezó a nublar, y a nublar, y a lloviznar… y más arriba viento, y más viento, y agua nieve… y aguantamos un rato refugiados en unas rocas… pero al final nos ganó el frío. Realmente no valía la pena seguir subiendo, ya que solo íbamos a ver el interior de una nube :) Lástima, porque nos quedamos con ganas de ver las lagunitas de altura del Plataforma, y acercarnos más a sus múltiples cascadas, y ver el paisaje del valle desde su cima.

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Bajamos del Plataforma con frío y empapados, y terminamos refugiados en las carpas hasta la hora de la cena, gracias al heroico esfuerzo de Luis y Fernan, nuestros guías, que se quedaron a capear el frío, la lluvia y el granizo cuidando el fuego… y cocinando.

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A la hora de la cena hacía mucho frío, pero por lo menos no llovía. Al rato, empezó a caer ese granizo finito típico de cuando hace más frío del necesario para que nieve. Y después, empezó a nevar muy poquito, pero lo suficiente para blanquear el paisaje y jugar un rato. Vencidos por el frío, nos fuimos a dormir.

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Durante la noche… nevó. Pero posta. Nieve. Mal. De verdad. Al salir de la carpa estábamos inmersos en un paisaje invernal. Parecía agosto. Parecía que se había dado una jugarreta rara con el tiempo, y habíamos permanecido en la carpa todo el verano. Impresionante.

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Desarmamos el campamento a los pedos, mientras aún nevaba, con los dedos congelados. Y emprendimos el retorno, pisando 20 / 30 cm de nieve mientras caminábamos por el bosque. Para mí, toda una novedad, así que toda esa mañana de trekking la disfruté un montón. Caminar por un bosque nevado es caminar como por un libro de cuentos. Sí, ya se, es medio naïve lo que digo. Pero es la sensación que me dió.

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El regreso fue duro, no tanto por el terreno (aunque se complicó con la nieve), sino porque teníamos que desandar en un día lo que a la ida habíamos hecho en dos. A mediodía, cuando ya estábamos bastante más abajo y habíamos dejado la nieve, otra vez empezó a llover. El timming no podría haber sido mejor: Justo estábamos llegando al refugio temporario que se está montando mientras se reconstruye el que se quemó más arriba. Y ¿Emanuel? (el refugiero) nos convidó unos ricos mates con torta fritas, lo cual nos pemitió pasar el rato calentitos mientras dejaba de llover, y nos brindó el combustible para seguir la marcha.

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A media tarde llegamos al puesto en el que habíamos acampado el primer día. Y… ¡había SOL! Rápidamente transformamos el campo en un tendal con todas nuestras cosas mojadas, y disfrutamos de un almuerzo tardío mientras nos secábamos.

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Después de un break de más de 2hs, continuamos la marcha rumbo al Puelo. Al rato, nos dividimos, un poco sin querer, un poco porque Charly, Sil y yo empezamos a meter pata y a seguir a los caballos de los paisa que porteaban parte del equipo y que llevaban a Luisito, que se había fisurado a la mañana caminando por la nieve, y a partir de que llegamos al refugio había continuado a caballo. El asunto es que por seguir a los caballos le sacamos ventaja al resto del grupo, nos mandamos sin saber por otro camino (moraleja: Los caballos NO siguen normalmente la misma ruta que siguen las personas…) más largo, terminamos perdiendo de vista a los caballos (moraleja 2: por muy rápido que camines, los caballos caminan MAS rápido), empezamos a seguir sus huellas, y medio que nos perdimos… y cuando empezamos a decir los tres "oh oh… nos mandamos un moco", apareció Fernan que nos venía siguiendo las huellas. Cuestión que a pesar del moco y el desvío, ya con la ayuda de Fernan terminamos llegando al lago antes que el resto del grupo, que supuestamente venía por el camino más corto. Es que veníamos a las chapas, mal, y las últimas 3hs de trekking las hicimos prácticamente sin parar.

El último campamento, a orillas del Puelo pasó sin novedades (¿que no haya llovido es novedad? :p), y al día siguiente, después de despedirnos de Luisito, Pau y Raúl (que por distintos motivos, se fueron directamente en lancha), emprendimos la marcha por la orilla del lago hasta llegar al "Desemboque", donde nos tenía que esperar el vehículo que nos llevaría otra vez al hostel en El Bolsón. El camino se hizo realmente muuuuuuy largo, porque ya estábamos muy cansados. Pero llegamos. La combi nos dejó pagando, así que después de refrescarnos en el Puelo, tuvimos que volver en remis.

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Finalmente llegamos a Gaia, el hostel en El Bolsón. Mientras esperábamos que se hiciera el asado, y después de darnos una hermoooooosa ducha y ponernos presentables, nos hicimos un rato para bajar hasta el pueblo, y, al igual que la noche que llegamos desde Baires, tomarnos unas cervezas artesanales y un buen helado en Jauja. Y después, otra vez al hostel, a comer el asado (si, arrancamos por el postre, ¿y qué?), que estuvo espectacular.

Ese fue el punto final de la travesía. Al día siguiente partimos todos para Bariloche; de ahí, algunos se iban a San Martín de los Andes a hacer otra travesía, otros regresaban a Baires, y yo, iniciaba mi segunda semana de vacaciones, haciendo turismo urbano por Bariloche. Pero eso… eso es otra historia.

Todas las fotos de la travesía, acá.

Ah, me olvidaba, ¿alguien sabe cuánto cuesta un fagot? (perdón, chiste interno…)

 

El camino del oro: de La Carolina a Nogolí

Este finde largo anduve de travesía con Hielo Azul por San Luis. La propuesta consistía en unir a pie La Carolina con Nogolí, pasando por varios puestos serranos (algunos abandonados), y transitando caminos alguna vez recorridos en busca de oro.

Como siempre lo pasé genial, se armó un grupo de gente muy lindo, con mucha buena onda. Tuvimos como bonus-track una nevada el primer día, que le dió un toque interesante… aunque también, frío… mucho! Pero yo personalmente disfruté el estar caminando en medio de una nevadita, y me despaché sacando unas cuantas fotos en las inmediaciones del primer campamento de un paisaje que para mi fue, gracias al toque que le da la nieve, inusual.

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El segundo día de a poquito fue asomando el sol, que nos acompañó todo el domingo, y también el lunes. En general, todas fueron jornadas de caminatas cortas, de entre 3 y 5 hs., sin demasiados desniveles, así que ibamos tranquilos. La nota de color del segundo día la pusieron los caballos del paisa que nos hacía el porteo del equipo de campamento y la comida: Eran animales grandes, que no estaban acostumbrados a caminar por esas sierras, y se empacaron más de una vez. Es la primera vez que me pasó llegar al lugar de acampe antes que los caballos… jeje.

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El lunes, arrancamos más o menos tempranito, y después de descender hasta el río La Quebrada, y posteriormente, al río Molles, llegamos hasta un puesto en Nogolí en el que un vehículo nos trasladó hasta La Serrana, un complejo turístico que un poco por la época, y otro poco porque están refaccionando, estaba abierto solo para nosotros. Ahí disfrutamos de un excelente asado, una buena ducha, y un par de horitas de modorra hasta que llegó el minibus que nos trasladó a San Luis para emprender el regreso.

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Pensé que no había sacado tantas fotos, en parte porque las pilas recargables me jugaron (ooootra vez…!) una mala pasada, pero saqué casi 150, de las cuales quedaron 130. Gracias Eze por el préstamo de pilas del último día. Me salvó. Algunas fotos soleadas están medio verdosas, porque estuve "jugando" a setear el balance de blancos manualmente… y en un par de oportunidades le pifié. Probablemente en el transcurso de los días retoque esas fotos y las vuelva a subir arregladas. Moraleja: A pesar de que muchos fotógrafos pro o semi-pro recomiendan NO usar el balance de blancos en modo "auto" en las cámaras point-and-shot… mí cámara tiene un buen balance automático (al menos al aire libre), porque las fotos no salieron mejores que otras veces, y todo el tiempo tuve que estar pendiente de como seteaba el balance… y varias veces me equivoqué. Así que no voy a volver a experimentar con esto, salvo para situaciones en que la luz realmente sea "dudosa".

Podés ver todas las fotos de este viaje siguiendo este enlace

Por último: No puede ser que haciendo estas salidas con la frecuencia que las hago, siga padeciendo las falencias de mi bolsa de dormir sintética con relleno de fibra Hollow, encima de 1ra (o 2da generación), comprada en el año '98 (o sea, RECONTRA amortizada, encima…!). Tengo que comprarme una bolsa con relleno de plumas, MUCHO más confortable, liviana y "comprimible". Si vuelvo a hacer una travesía en la que haya riesgo de temperaturas nocturnas inferiores a 0 grados sin invertir antes en una bolsa mejor, soy un pelotudo. He dicho.

 

Senderos del Aconquija 2007

Esta Semana Santa volví para Tafí, aunque esta vez, para hacer una travesía, y caminar. Y caminé. Mucho. Realmente fue un excelente trekking, con un par de experiencias distintas que lo hicieron más duro (pero a su vez, divertido!) de lo que originalmente pensaba:  Caminar en algunos tramos con el barro hasta los tobillos, y tener que vadear un río armando grupos, para que no nos arrastre tan fácil la corriente.

La travesía básicamente consistía en unir Tafí del Valle con San Miguel de Tucumán, pasando por el Valle de la Ciénaga, un puesto de montaña en las cercanías de Anfama, y terminando en El Siambón. Es un circuito de trekking clásico en la zona. Lo especial es que la temporada de lluvias terminó hace muy poco, y este año llovió más de lo normal, con lo cual había mucho barro, y los ríos (especialmente el Río Grande) estaban muy correntosos. O, como nos dijo un vaqueano que cruzamos en el camino "el río está bastantito".

La primer noche la pasamos en el hostel Nómade, en Tafí, donde tuve la oportunidad de compartir algunas horas con los chicos que tan bien me habían recibido los últimos días de mis vacaciones.

Al día siguiente, un transfer nos acercó a la senda que sube hasta La Ciénaga… y arrancamos con el trekking. Estaba entre nublado y lluvioso, lo cual no vino tan mal, ya que caminar por el barro nos bajó bastante el ritmo de marcha, y hacerlo al rayo del sol, creo que hubiera sido peor. Entre otras cosas, me di el gusto de caminar por esas laderas verdes, VERDISIMAS, que ya había visto en mi paso anterior por Tafí, y me habían dejado con las ganas.

Ladera verde
Mulas porteando nuestro equipo
Llegando a La Ciénaga

A la tarde llegamos a la escuelita de La Ciénaga, y acampamos a un costado del río. Merienda, fogón, más tarde la cena. A la noche refrescó bastante, pero como contrapartida, el cielo se abrió completamente, así que me pude dar el gusto de mirar esos cielos estrellados que solo se ven cuando uno está en medio de la nada. Y varias estrellas fugaces.

Campamento en La Ciénaga
Fogón

Al otro día, La Ciénaga nos despertó con un día espléndido. Arrancamos la caminata hacia la casa de Pastor, cerca de Anfama. Pastor es el vaqueano que hizo el porteo del equipo de campamento, comida y carpas, y esa noche nos esperaba para acampar en su campo… y con corderito. El trekking estuvo muy bueno, paisajes alucinantes…

Luna sobre el cerro
Senderos del Aconquija - 2
Foto grupal
Senderos del Aconquija - 6

…hasta que el barro empezó a ser más espeso, y más, y más… al punto que ya no hubo forma de esquivarlo. A la tarde, terminamos caminando enterrándonos en el barro hasta los tobillos. Eso nos retrasó mucho, y terminamos llegando a lo de Pastor de noche. En retrospectiva, la experiencia fue interesante y divertida. Y por que negarlo, el corderito que nos esperaba, un excelente incentivo ;)

Rumbo a la casa de Pastor
Embarrado

El armado del campamento se complicó un poco, estábamos cansados, mojados, embarrados, no había luz, teníamos hambre… pero lo superamos. Admiro las pilas de ambos Pablos (los guías) para llegar cansados, quizás no tanto como nosotros, pero cansados al fin, y sacar andando el campamento. Y también resalto la hospitalidad de Pastor y su familia, para calentar agua, para preparar nuestra cena, y hasta para ofrecernos un poco de folklore en vivo, interpretado (voz y guitarra) por uno de sus hijos.

Al otro día nos despertamos temprano, ya que Pablo & Pablo preveían que los primeros kms. de marcha también serían con mucho barro, y ya ahí no teníamos margen con los tiempos: Había que llegar o llegar a Tucumán, porque el micro a Bs. As. no nos iba a esperar, obvio. Y más allá del barro, nos esperaba el Río Grande, el cual íbamos a tener que vadear como mínimo 9 veces. Lo bueno de despertarse temprano fue el paisaje: Cuando abrí la carpa, y vi los cerros iluminados de rojo, desapareció todo vestigio de fiaca o fastidio por tener que despertarse temprano. Espectacular. Ojalá tuviera una vista así desde la ventana de mi depto. Es imposible no arrancar el día con otro espíritu.

Vista desde la carpa
Colores del amanecer
Caballo solitario
Senda recorrida el día anterior

Finalmente, el barro no fue tanto. El día estaba espléndido una vez más, aunque menos caluroso (por suerte!). Pero el río estaba bastantito, así que los vadeos fueron más complicados de lo esperado. Fuimos cruzando en grupos, para minimizar el riesgo de que alguno se caiga. Muy divertido, pero cada cruce nos sacaba tiempo… tiempo que tuvimos que recuperar apurando la marcha en los tramos llanos. Encima después de mediodía empezó a nublarse, con ganas de tormenta… y lo último que necesitábamos era más agua (y barro). De paso: Gracias Pablos por insistir con que vadeara con las botas de trekking y no con sandalias. El que sabe, sabe. :)

Vadeando el Río Grande
Vadeando el Río Grande - 3

Y finalmente llegamos. En el micro que nos llevó al hostel de Tucumán devoramos unas riquísimas empanadas. Y logramos llegar al hostel con tiempo de ducharnos y reacomodar nuestro equipaje (en gran parte mojado y embarrado) antes de ir a la terminal.

En resumen: Una travesía buenísima, un grupo excelente, y unas cuantas experiencias nuevas.

Más fotos, aquí

 

Travesía de las dos cumbres

Decidido. Confirmado. El próximo finde largo me voy de mini-trekking a Córdoba, hacer la "Travesía de las dos cumbres", en el valle de Calamuchita. Suena bien. Hielo Azul nos cuenta:

"Para el último fin de semana largo del año, planeamos una nueva y fascinante travesía uniendo las cumbres de los cerros Totora y la Ventana, con cascadas y ríos subterráneos."